El edificio de las Empresas Cullen parecía una fortaleza de cristal bajo el cielo nublado. Edward caminaba a zancadas por el pasillo del piso ejecutivo, con la mandíbula tensa. Bella apenas podía seguirle el ritmo; sus manos sudaban y el corazón le golpeaba las costillas como un animal enjaulado.
Al abrir las puertas dobles de la sala de juntas, el aire se sintió gélido. **Elizabeth Masen** presidía la mesa con una sonrisa de victoria. Y a su lado, sentado con una postura rígida y el rostro marcado por la amargura, estaba él.
—**Jacob** —susurró Bella, deteniéndose en seco.
Jacob Black se puso de pie de inmediato. Ya no era el chico alegre que Bella recordaba de la reserva. Tenía ojeras profundas y una mirada cargada de resentimiento. Al ver a Edward, sus puños se apretaron.
—Bella, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó Jacob, ignorando por completo la presencia de Edward—. Esta mujer me buscó. Me dijo que te habías vendido a este tipo para salvar a Charlie. Vine a sacarte de este manicomio.
### El Choque de Dos Mundos
Edward dio un paso al frente, colocando una mano posesiva en la cintura de Bella. Sintió cómo ella temblaba bajo su toque.
—Señor Black, supongo —dijo Edward con una voz que destilaba un desprecio aristocrático—. Lamento que haya hecho un viaje tan largo para nada. Mi esposa no necesita ser "sacada" de ningún sitio. Está exactamente donde quiere estar.
—¿Tu esposa? —Jacob soltó una carcajada amarga—. Ella te odia, Cullen. Odia a la gente como tú. Bella, diles la verdad. Dile que me amabas a mí hasta que la desesperación te obligó a esto.
Elizabeth Masen intervino, su voz suave como el veneno.
—Ves, querido nieto... El joven Jacob ha sido muy ilustrativo. Me ha contado cómo Isabella juró que nunca se casaría por dinero, cómo despreciaba la opulencia. Es curioso que, de repente, haya cambiado de opinión justo cuando la fianza de su padre era impagable.
Bella sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Miró a Jacob, sintiendo una mezcla de lástima y furia.
—Jacob, lo que hubo entre nosotros terminó hace mucho tiempo. No me conoces, ya no.
—Te conozco lo suficiente para saber que hay un secreto que no le has contado a tu "maridito" —dijo Jacob, dando un paso hacia ellos—. ¿Le contaste, Bella? ¿Le contaste por qué Charlie atacó a aquel hombre de verdad? ¿Le dijiste que no fue solo defensa propia, sino que tú ya estabas planeando huir conmigo esa misma noche con dinero que no era nuestro?
### La Grieta en la Armadura
El silencio que siguió fue atronador. Edward sintió una punzada de duda que lo quemó por dentro. Miró de reojo a Bella. Ella estaba pálida, con los labios temblando.
—¿De qué está hablando, Isabella? —preguntó Edward en un susurro apenas audible.
—¡Es mentira! —exclamó Bella, pero sus ojos la traicionaban—. Es... es una media verdad, Edward. Estábamos desesperados, pero yo nunca...
—Suficiente —interrumpió Elizabeth, levantándose con elegancia—. Me parece que este matrimonio es nulo por fraude y ocultamiento de información. Edward, si no firmas la anulación ahora mismo, llevaré esta información a la policía. No solo Charlie volverá a la cárcel, sino que tu preciosa Isabella lo acompañará por complicidad en robo.
Edward miró a su abuela, luego a Jacob, que lo miraba con aire de triunfo, y finalmente a Bella. Ella lo miraba con súplica, con la verdad desnuda en sus ojos: lo había usado, sí, pero el peligro era real.
En un movimiento que nadie esperaba, Edward tomó la carpeta de la anulación y, en lugar de firmarla, la rasgó por la mitad frente a los ojos de su abuela.
—No me importa su pasado —declaró Edward, su voz resonando con una fuerza nueva—. Lo que ella hizo antes de conocerme no me incumbe. Pero lo que haga de ahora en adelante como mi esposa, sí. Sal de mi edificio, Black. Y tú, abuela... busca un abogado mejor. Porque Isabella no se va a ninguna parte.
### El Precio de la Mentira
Cuando finalmente regresaron a la mansión, Edward no se sirvió un trago. Se paró frente al ventanal, de espaldas a Bella.
—¿Es cierto? —preguntó él, con una frialdad que la asustó más que sus gritos—. ¿Había dinero? ¿Planeabas huir?
—Estábamos muriendo de hambre, Edward. Mi padre solo quería que yo tuviera una vida mejor. El dinero era de un préstamo usurero, no era un robo... pero Jacob lo hizo parecer así para vengarse de que lo dejé.
Edward se giró. Sus ojos verdes estaban llenos de una decepción profunda.
—Me pediste que no te mintiera, Isabella. Me llamaste borracho y mentiroso. Y resulta que tú eres la que guarda los secretos más oscuros.
—¡Lo hice por sobrevivir! —gritó ella, acercándose a él—. Como tú haces con tu herencia.
Edward la tomó por los brazos, atrayéndola hacia él. La rabia y la atracción se mezclaron en el aire, volviéndose casi palpables.
—Ahora estamos empatados, "esposa". Ambos somos pecadores en una casa de cristal. Pero recuerda esto: si vuelves a ocultarme algo, te entregaré yo mismo a mi abuela.
El primer roce de odio real se instaló entre ellos, pero bajo ese odio, la llama de una pasión prohibida empezaba a arder con más fuerza que nunca.
El edificio de las Empresas Cullen parecía una fortaleza de cristal bajo el cielo nublado. Edward caminaba a zancadas por el pasillo del piso ejecutivo, con la mandíbula tensa. Bella apenas podía seguirle el ritmo; sus manos sudaban y el corazón le golpeaba las costillas como un animal enjaulado.
Al abrir las puertas dobles de la sala de juntas, el aire se sintió gélido. **Elizabeth Masen** presidía la mesa con una sonrisa de victoria. Y a su lado, sentado con una postura rígida y el rostro marcado por la amargura, estaba él.
—**Jacob** —susurró Bella, deteniéndose en seco.
Jacob Black se puso de pie de inmediato. Ya no era el chico alegre que Bella recordaba de la reserva. Tenía ojeras profundas y una mirada cargada de resentimiento. Al ver a Edward, sus puños se apretaron.