Amor Comprado(bella Swan/edward Cullen)

CAPÍTULO 13: El Despertar Del Guerrero.

El juzgado de distrito de Seattle era un edificio imponente que olía a cera para madera y a sentencias irrevocables. Bella entró en la sala con el corazón galopando. Estaba sola. A su izquierda, la fiscalía —liderada por un hombre de mirada gélida que recibía sobres de la abuela Elizabeth— sonreía con suficiencia. Charlie, sentado en el banquillo, buscó con la mirada a Edward. Al ver que solo estaba su hija, sus hombros se hundieron.

—Señoría —comenzó el fiscal—, dado que el garante de la fianza, el señor Cullen, no se ha presentado para validar los documentos de arraigo, solicitamos la revocación inmediata de la libertad del señor Swan y su traslado de vuelta al centro penitenciario.

—¡Es un error! —gritó Bella, poniéndose de pie—. Hubo una emergencia médica... Él vendrá.

—El tribunal no vive de esperas, señorita Swan —sentenció el juez, golpeando el mazo—. Si en diez minutos no hay una firma, el acusado regresa a prisión.

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### El Hospital: La Máscara Caída

Mientras tanto, en el Hospital General, Edward observaba a Victoria desde una silla. Ella estaba conectada a un monitor de signos vitales, fingiendo una debilidad extrema. Una enfermera entró para llevarse la ropa de la paciente y, al mover el bolso de Victoria, este cayó al suelo, esparciendo su contenido.

Edward se agachó para ayudar. Entre los cosméticos y el teléfono, encontró un pequeño frasco de plástico. No era el que estaba vacío en el baño. Era un frasco lleno de pastillas de azúcar, pintadas para parecer barbitúricos. Junto a ellas, una nota escrita con la caligrafía inconfundible de su abuela: *"Asegúrate de que no llegue al juzgado. El resto está hecho"*.

El mundo de Edward se detuvo. Miró a Victoria. Ella, al notar el silencio, abrió los ojos y vio el frasco en la mano de Edward.

—Edward, puedo explicarlo... —comenzó ella, incorporándose con una agilidad impropia de alguien que acaba de intentar suicidarse.

—No digas nada —dijo Edward. Su voz no era de rabia, era de una decepción tan profunda que resultaba aterradora—. Me hiciste creer que habías muerto una vez, y te lloré cinco años. Ahora desearía que esa mentira hubiera sido cierta.

—¡Lo hice por nosotros! —chilló ella—. Tu abuela prometió que si te alejaba de esa muerta de hambre, nos dejaría ser felices.

—Tú no sabes lo que es la felicidad, Victoria. Solo sabes lo que es el precio —Edward se puso de pie, sus ojos verdes encendidos en un fuego frío—. Se acabó. No vuelvas a acercarte a mí, ni a mi esposa. Porque si lo haces, me olvidaré de que alguna vez te amé y me encargaré de que termines en una celda real.

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### La Carrera Contra el Mazo

Edward salió del hospital corriendo. El tráfico de Seattle era un caos, pero él manejó su deportivo como si no hubiera un mañana, saltándose semáforos y subiéndose a las aceras. Mientras conducía, llamó a Emmett.

—¡Emmett! Bloquea la salida trasera del juzgado. No dejes que se lleven a Charlie Swan. ¡Voy para allá!

En la sala del tribunal, el juez levantó el mazo por tercera vez.

—No habiendo más que discutir, ordeno el traslado de...

Las puertas dobles de la sala se abrieron de par en par con un estruendo. Edward Cullen entró, jadeando, con la camisa desabrochada y el rostro empapado en sudor. Se veía desastroso, pero nunca se había visto tan poderoso.

—¡Detenga ese mazo, señoría! —rugió Edward.

Caminó por el pasillo central, ignorando los murmullos de la prensa. Se detuvo frente a la mesa del juez y estampó los documentos con una fuerza que hizo temblar el estrado.

—Aquí está la validación. Aquí están los fondos. Y aquí —dijo, señalando al fiscal— está la prueba de que este hombre ha recibido sobornos de la familia Masen para alterar este caso.

Bella sintió que las piernas le fallaban. Se apoyó en el respaldo del asiento, mirando a Edward. Él se giró hacia ella. No había rastro del borracho, ni del arrogante, ni del hombre que se dejaba manipular. Había un hombre que acababa de elegir su presente sobre su pasado.

—Llegué, Isabella —susurró él, acercándose a ella mientras los oficiales empezaban a escoltar al fiscal fuera de la sala por la denuncia de Edward.

Bella no pudo contenerse. Se lanzó a sus brazos frente a todo el tribunal, frente a las cámaras y frente a su padre. Esta vez, el beso que se dieron no fue por un contrato, ni por una cámara, ni por la abuela. Fue el primer beso que sabía a victoria... y a algo mucho más peligroso que el



#106 en Fanfic

En el texto hay: fantasia, romance, intrigas

Editado: 26.02.2026

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