—Mmm, creo que si le agrego un poco de rojo estará más bonito —La madre observa a su pequeño niño de un año y seis meses jugar con sus juguetes y sonríe—. ¿Qué opinas Arthur? ¿Le agrego tela roja para formar corazones?
El pequeño observa a su madre y sonríe, ella feliz se levanta de su asiento para besuquear al niño y se dirige a la cocina donde había dejado una caja con los retazos de tela encima de la alacena. Sube a una silla, ésta parece tambalear mientras ella se estira para agarrar la caja, cuando por fin la tiene en sus manos pierde el equilibrio y la caja cae al suelo pero afortunadamente fue lo suficientemente rápida para sostenerse del mueble y no caer al piso.
Hace unos días se había golpeado la muñeca así que al sostenerse vuelve a lastimar el area y jadea.
—No me puede salir nada bien —Dice con los dientes apretados tratando de reprimir el dolor—. Mejor junto lo que se ha caído y luego me pongo algo de hielo para que no se hinche la muñeca —Pensó.
Justo en el momento que se agacha escucha un llanto desgarrador por parte de su bebé y se levanta a toda prisa, corre a la sala y ve al pequeño llorar descontroladamente con las manitas cubriéndose la cara. La madre preocupada lo levanta del piso pero no ve nada raro en él, ningún rasguño o golpe, preocupada porque aunque hace de todo para calmarlo y el llanto sigue sin cesar agarra su bolso y va directo a la sala de emergencias.