Advertencia: Este capítulo aborda temas sensibles como el abuso sexual. Se recomienda discreción.
—Enfermero Ben, a sus órdenes —Gisselle lo empuja de forma juguetona.
—No me digas que ya te flechaste con la doctora Baker —bromea y sonrío.
El pobre se sonroja, es su primer año aquí como enfermero. Es joven así que intento no bromear con él sobre eso porque le queda mucho por aprender y a mí igual, no quiero ningún tipo de malentendidos en esta sala.
—¡No! Solo estoy diciendo que voy a hacer bien mi trabajo... el doctor Scott me dice a cada rato que debo hacerlo mejor.
Pobrecito ahora voy entendiendo que la mayoría le tiene miedo o lo detesta. Yo creo que no estoy en ninguno de los dos puntos estoy tratando de averiguar si lo odio o lo respeto. Cuando pienso responder la puerta de la sala de emergencias se abre de golpe y una mujer entra, me pongo recta al verla pero me apresuro en ir hacia ella checándola y me preocupo por su apariencia de inmediato.
—Ayúdeme —la mujer frente a mí comienza a llorar—. Mi jefe... él... —No puede continuar la frase. Me apresuro a sostenerla porque parece que está a punto de desmayarse—. Yo le dije que no, se lo dije muchas veces.
Con el corazón partido en la mitad, no hago nada más que asentir y mantenerme serena ya que poder ayudarla y hacer que se sienta segura ahora es mi prioridad.
—Entiendo, está segura ahora, ¿Si? —Ella parece no escucharme está llorando tanto que le cuesta respirar. Eso me preocupa y observo a Ben—. Llame al doctor Scott...
—¡No! —chilla empujándome. Me toma desprevenida, así que termino golpeándome la espalda contra el mostrador. Arrugo el rostro el dolor me recorre toda la espalda y la jefa de enfermeras hace un gesto para ayudarme pero niego—. Un hombre no.
Asiento en su dirección.
—De acuerdo, voy a atenderla yo. Soy la doctora Baker ¿Puede acompañarme?
Ella se limpia las lágrimas del rostro mueve la cabeza de arriba hacia abajo de forma robótica. La guío hasta un lugar más privado le señalo la camilla y ella se sienta haciendo una mueca de dolor. Primero le doy un vistazo tiene un corte en el labio y la camisa desabotonada deja al descubierto las marcas rojizas que pudieron ser por estrangulamiento.
Le ofrezco un vaso de agua y le doy espacio para que se calme antes de empezar a preguntarle con delicadez, le explico cada paso del proceso y la importancia de preservar cualquier evidencia. Ella me explica lo sucedido era tarde y sus compañeras ya se habían marchado de la oficina. Su jefe le pidió unos documentos a última hora y ella no vio ninguna razón oculta, solo imprimirlos. No lo esperaba siempre se mostró atento no se pasaba de la raya y sus compañeras nunca se habían quejado de él. Un hombre de unos 38 años, casado y con hijos. Me repetía una y otra vez que ella no esperaba nada pero que él la amenazó con echarla y mis puños se aprietan a mi costado.
Trato sus heridas. Quiere hacer una denuncia por lo que sigo el protocolo realizando el examen forense por asalto sexual con el kit correspondiente. Me aseguro de que la cadena de custodia se mantenga en todo momento. Informo a la policía y en todo momento solo somos la enfermera Gisselle y yo quienes interactuamos con ella, respetando su espacio y sus tiempos.
—Veo que fue un caso de abuso —termino de escribir y volteo a ver a Lily. Ella suspira—. Ya cumpliste con tu trabajo, Adha. No dejes que tus sentimientos se involucren.
—¿Qué sentimientos? —pregunto observándola.
Ella niega y sigue su camino. En eso llega la psicóloga clínica y le explico lo sucedido. Tardó más de lo esperado pero agradezco que haya venido rápido aunque su departamento esté al otro lado del hospital. La psicóloga se encarga de brindarle apoyo emocional y acompañamiento durante todo el proceso legal asegurándose de que comprenda sus derechos y las opciones que tiene.
Después de asegurarme de que la paciente esté descansando vuelvo a la mesa de recepción con una mano en mi espalda baja. La jefa de enfermeras me observa me señala la puerta y frunzo el ceño.
—¿Comiste algo? Estás muy pálida... ve y descansa un rato.
Al ver cuántas horas han pasadome sorprendo. El tiempo se ha ido volando pero no podía estar tranquila hasta ver que la mujer se encontrara descansando.
—Gracias —digo y ella niega con la cabeza.
—Vamos, ve ahora y luego regresas con energía los viernes suelen ser mucho más pesados.
Salgo de la sala de emergencias y voy directo al patio buscando un banco libre, ya es tarde así que no me es difícil encontrar uno vacío. Cuando me siento el dolor de espalda me hace gemir. Había olvidado el golpe... ahora tendré un moretón.
—Oí que tuviste una paciente que fue agredida sexualmente.
Giro hacia la voz del doctor Scott, que camina en mi dirección. Quiero sentarme erguida, pero mi espalda me duele demasiado así que solo fijo la vista al frente.
—Me sorprende que lo haya escuchado. No lo vi por el área de emergencias.
Aunque no lo llamé, esperaba que en algún momento me buscara o me diera algún tipo de indicación. Es el segundo caso de abuso que presencio pero soy consciente de que este tipo de situaciones son lamentablemente frecuentes así que prefiero recibir unas palabras de su parte para saber cómo afrontarlo mejor la próxima vez.
—Y tampoco a ningún hombre —se sienta a mi lado pero en la otra punta del banco—. Escuché el pedido de la paciente. Estaba atendiendo a alguien cuando llegó así que me quedé detrás de una de las cortinas.
Mi cuerpo gira involuntariamente hacia él, y me trago el dolor para poder verlo mejor.
—¿Pero a qué se refiere con "ningún hombre"?
Él no me mira, tiene la vista fija en un punto al frente.
—En estos casos, intentamos hacer todo lo posible para ayudar al paciente. Si no había personal tendría que haber hecho el examen yo y eso habría sido demasiado para ella pero no habría otra opción —sé que él sabe de lo que habla, tiene mucha más experiencia que yo pero aun así frunzo los labios—. Estás preparada para casos así pero una parte de ti sigue siendo una pasante, ¿o me equivoco?