Capítulo 9 - Me recuerdas?
El movimiento de la ambulancia me mantiene consciente en el camino al Hospital, no estoy herida pero ahora que la adrenalina abandono mi cuerpo el cansancio es latente. Me duelen los músculos y siento que el frío llega hasta calar mis huesos. Pero nada de eso es tan molesto o bueno mejor dicho incomodo como la mirada del Doctor Scott.
No ha apartado su mirada desde que nos subimos, me observa con el ceño fruncido como si estuviera esperando que me desplome en cualquier momento. Por el rabillo del ojo lo observo, está completamente empapado y aunque tiene una toalla en la espalda es difícil no fijarse en como la camisa blanca se adhiere a su cuerpo...
—Estoy bien —Murmuro con la voz ronca luego de unos segundos pero no parece que mi respuesta lo convenza.
—Se nota —El sarcasmo tiñe su voz mientras se cruza los brazos. Luego con un suspiro más relajado añade—. Fuiste increíble ahí afuera, Adhara.
El calor sube a mis mejillas pero antes de que pueda responder el paramédico interrumpe para informar que ya vamos a llegar. El doctor Scott me manda directo a la sala de emergencias y los doctores de guardia del dia se encargan de la familia. La jefa de enfermeras se asusta al verme y me indica a que vaya a ducharme y cambiarme de ropa, le hago caso y voy directo a buscar las cosas de mi casillero. Luego de por fin estar con una ropa seca y más calentita vuelvo a la sala de emergencias donde veo al doctor Scott ya cambiado.
Al verme me hace una seña hacia una de las camillas libres y me siento mientras cierra las cortinas detrás de él. Trago saliva, estar en un lugar reducido los dos juntos por algún motivo me pone nerviosa, no dice mucho, me revisa como si fuese cualquier paciente lo cual me hace relajar el cuerpo. Lo observo en todo momento siguiendo sus movimientos que son bastante naturales debido a que es parte de su rutina, una vez que termina se aleja.
La luz blanca y fría del hospital me hace parpadear varias veces mientras me froto las sienes. Me pone una manta sobre los hombros y me sorprendo por el gesto pero no soy capaz ni de decir un gracias.
El silencio es tan grande que me muerdo los labios por el nerviosismo, levanto la mirada y continua observándome con el ceño fruncido.
—No me mires as.
—¿Así cómo? —No respondo—. Sigo preguntándome que pasaba por tu cabeza para arriesgarte de esa manera.
—¿Y qué querías que hiciera? ¿Dejarlas ahí?
—Por supuesto que no —Responde al instante—, pero hay maneras más seguras de hacerlo.
—Bueno, pero al final lo logramos, ¿no?
Él me observa en silencio por un momento y luego suelta un suspiro resignado.
—Sí... lo logramos —Por alguna razón no parece muy animado ¿Me estoy perdiendo de algo?
Un médico estira la cortina para entrar por lo que la conversación se ve interrumpida.
—Buenas noticias la madre y la niña están estables. Solo quedaron en observación por precaución pero estarán bien.
Exhalo un suspiro de alivio y asiento sonriente.
—¿Y ella? —Pregunta el doctor observando a Scott.
—Su presión está estable, no tiene heridas, pero... —Me observa con una ceja arqueada—. Diría que en unas horas empezará a sentir los efectos de haber estado empapada y congelándose durante tanto tiempo.
—No me enfermo tan fácil —Respondo a la defensiva.
El médico sonríe con un deje de diversión al vernos.
—Ajá. No está de más que tome algo caliente y descanse.
Cuando el doctor se marcha, me giro hacia Scott con la intención de soltar algún comentario sarcástico pero me detengo al notar que sigue observándome con esa intensidad molesta.
—¿Qué?
—Nada —murmura pero después de una pausa vuelve a hablar—. No vuelvas a hacer algo así.
Un escalofrío recorre mi espalda al sentir la preocupación en su voz. Bajo la cabeza para responder pero al hacer ese movimiento, lo siento venir, y antes de que pueda evitarlo un estornudo fuerte escapa de mis labios.
—¿Decías?
Gimo de frustración acurrucándome más en la manta. Genial, Adhara.
—Cállate —Digo olvidando por completo que es mi superior.
Él suelta una carcajada y yo solo puedo pensar en que este resfriado será un infierno.
...
El día empezó con mi teléfono vibrando sin parar bajo la almohada pero ni siquiera tuve fuerzas para buscarlo. Lo dejé morir lentamente en el olvido mientras me revolvía entre las sábanas soltando quejidos y envuelta en un sudor frío que me hacía temblar a pesar de sentir que mi piel arder.
Intento levantarme y grave error apenas cuando puse los pies en el suelo mi visión se oscureció por completo y tuve que sostenerme de la pared para no caer de bruces al suelo. Siento las piernas temblorosas, la cabeza pesada y un martilleo constante tras mis ojos.
No sé cómo pero logro arrastrarme hasta la cocina para calentar un poco de agua. Tengo hambre pero algo de té no estaría mal, caliento la estufa de agua pero al final me quedo apoyada contra la encimera respirando con dificultad mientras una tos seca y rasposa me sacude el pecho.
Cuando el agua empezó a hervir ya no me importaba y me rendí regresando a la cama sin siquiera apagar la cocina.
No sé cuánto tiempo pasó. Todo lo que recuerdo es que en algún punto me acurruqué en mi manta temblando y sin poder dormir porque cada vez que cerraba los ojos la sensación de fiebre me hacía sentir como si estuviera flotando en otra mundo.
Fue entonces cuando escuché los golpes en la puerta.
Al principio pensé que los estaba imaginando o que tal vez era algún vecino tocando otra puerta pero no paraban y comenzaba a molestarme.
Me obligué a abrir los ojos y me removí entre las sábanas tratando de recordar si había pedido algo o si esperaba a alguien.
Otro golpe, más fuerte esta vez.
—Adhara —Escuché una voz grave al otro lado de la puerta.