—¿Por qué esa cara? —Pregunta nervioso al ver mi reacción luego del obsequio. Verlo así es raro, siempre anda juguetón por lo cual este regalo debe ser algo importante.
Estamos en Los Ángeles... para ser más especifica estamos en la terraza de un restaurante, el cielo está teñido de un naranja rosáceo precioso, la vista del paisaje es maravillosa... Peter me observaba como si yo fuera parte de ese paisaje, lo cual tendría sentido por el color de mi vestido y cabello.
Seis de marzo, es el día de mi cumpleaños y Peter insistió en que debíamos de venir a cenar a este lugar... bueno, en realidad es un poco más complejo que eso. Las últimas dos semanas verlo fue prácticamente imposible y no exagero para nada llego a tal punto que la sala de descanso del hospital se había convertido en su nueva habitación.
Era demasiado raro todo, nunca había tenido tanta carga laboral. Hasta creí que lo estaban explotando laboralmente pero resulta que estuvo matándose de trabajo solo para conseguir días libres y sacarme de vacaciones por dos días a Los Ángeles.
Solo apareció está mañana frente a la puerta de mi departamento con su maleta. Me conto el plan y aunque seguía medio dormida acepte sin preguntar mucho porque él estaba tan feliz y emocionado que no me anime a cuestionar nada, así que medio adormilada hice mi maleta y puse los dos únicos vestidos que tengo en la maleta porque no sabía muy bien el plan en ese entonces... debo de admitir que no esperaba que parte de su regalo fuera el vestido que llevo puesto, vuelvo a mirar la cajita que está sobre la mesa.
—¿Puedo abrirlo? —Peter asiente nervioso ¿Qué clase de regalo es para poner al doctor Scott así?
Desato la cinta y abro la caja con cuidado. Lo primero que veo no es una joya, ni un anillo, ni un reloj como cualquiera esperaría, es... un llavero.
Parpadeo sorprendida, el llavero tiene un estetoscopio y dos corazones... luego lo noto, una llave brillante y nueva sujeta al llavero.
—¿Una llave?
—Es de mi departamento —Dice encogiéndose de hombros como si no acabara de soltar una bomba—. Mi departamento propio debo aclarar, es el que tengo aquí en Los Ángeles.
Lo miro más confundida aún.
—¿Tienes un departamento en Los Ángeles?
Se ríe al escuchar mi pregunta.
—Soy de aquí ¿Recuerdas? —Arquea una ceja—. Si estoy trabajando en el Hospital Todson es porque la mayoría de doctores solo me reconocía por mi padre así que decidí ser reconocido por mi cuenta propia.
Asiento, volteo el llavero y lo levanto de la llave sin poder esconder mi cara de confusión, no entiendo a donde quiere llegar con esto.
—¿Y esto qué significa?
Peter respira profundo sube sus manos sobre la mesa y las entrelaza.
—Significa que quiero que sea nuestro hogar.
Dejo de respirar en ese preciso momento.
—Peter...
—No es una propuesta —Sonríe pero sus ojos no se apartan de los míos—. No aún... quiero que tengamos un lugar para nosotros dos en donde podamos venir a descansar luego de tanto trabajo duro... además sé que extrañas a tus amigos...
Miro la llave la cual parece más pesada luego de saber el significado de ésta. Sin poder evitarlo mis ojos se llenan de lagrimas y Peter rápidamente agarra mis manos que se encuentran temblorosas.
—Adhara... ¿Qué pasa? ¿Estoy yendo demasiado rápido?
Se levanta hasta llegar a mi lado y ponerse de cuclillas, niego con la cabeza pero soy incapaz de detener el llanto.
—¿Qué hice para merecer a alguien como tú? —Digo cuando está limpiando mis lágrimas con sus pulgares. Al escuchar mi pregunta se detiene y se acerca para besarme castamente.
Peter apoya su frente contra la mía sus dedos acarician mis mejillas mientras las lágrimas siguen cayendo como si mi cuerpo necesitara liberar toda esta emoción que no me cabe dentro.
—También me pregunto que clase de hechizo me pusiste... —Bromea y eso me hace reír.
Quiero decirle tantas cosas pero las palabras se agolpan en mi garganta, es tan difícil hilarlas, porque todo lo que quiero decir no parece hacerle justicia a los sentimientos que tengo dentro.
Él se pone de pie con suavidad, me ayuda a levantarme también y me abraza, todo mi cuerpo parece relajarse por lo que me aferro a él abrazándolo con fuerza.
—Feliz cumpleaños, doctora Baker —Murmura cerca de mi oído.
Sonrío.
—Gracias... doctor Scott —Me alejo un poco y soltando el aire también suelto lo que no pude soltar en este tiempo—. Nunca antes estuve enamorada... no, estoy mintiendo. La primera vez que mi corazón dio un vuelco fue cuando te conocí por primera vez —Confieso tímidamente—. y creo que solo quedo en pausa hasta que volvimos a coincidir. No soy buena expresándome pero lo que quiero decir es que si esto no es amor... no sé que otra cosa podría ser.
La seriedad en su rostro me preocupa, me molesta no ser buena con las palabras y que tal vez el mensaje se haya perdido entre tanto por decir.
—Shh... —Pone una mano en mis labios—. Yo también te amo.
Mis ojos vuelven a empañarse y para que no me vea llorar me escondo en su pecho.
La música de la terraza cambia a una más alegre que tardo en reconocer, pero cuando observo el lugar dos camareros se acercan felices cantándome, uno trae una botella de vino y el otro un pastel blanco con fresas. Peter se ríe y se une al coro, me seco las lágrimas y justo cuando me inclino para apagar las velas pienso en mi deseo. Ni siquiera dudo en lo que pido, cuando vuelvo a abrir los ojos me encuentro con la mirada de Peter y sé que ese deseo se está cumpliendo ya desde hace mucho tiempo.
***
Llegamos al departamento al final de la noche. A pesar del cansancio del viaje y de la cena tengo los ojos más abiertos que nunca.
—No puedo creer que esta sea nuestra casa —Digo al entrar. Me doy la libertad de sacarme los tacones y dejarlos a un lado de la entrada.
Peter cierra la puerta detrás de mí con una sonrisa satisfecha. Deja su chaqueta en el perchero y se acerca a abrazarme por la espalda mientras yo giro lentamente en medio del living. Es un lugar amplio y luminoso, con estantes llenos de libros, una cocina abierta y un enorme ventanal con vista a las luces de Los Ángeles.