Amor de Emergencia.

Epilogo.

—¿Estás lista doctora Baker? —Pregunta mi esposo mientras camina a mi lado con esa sonrisa burlona tan característica suya que aunque hubo veces que esa sonrisa me sacó de quicio ahora puedo decir que es una de las cosas que más amo de él.

Hoy es mi primer día como médica oficial del área de emergencias del Hospital Todson. Los días de rotaciones ya son cosas del pasado... al terminar mi especialidad y luego de que la universidad aprobara todo finalmente soy una mujer libre con un contrato profesional en este hospital.

Miro el cartel de entrada mientras respiro hondo.

—Estoy lista —Respondo soltando el aire, estoy nerviosa porque ahora se siente oficial pero no tengo miedo.

—Qué rápido creciste... —Peter se lleva una mano al corazón con fingida emoción—. Ya no podré llamarte “pasante número dos”... Lo voy a extrañar.

—¿Solo eso vas a extrañar? —Arqueo una ceja y me detengo para mirarlo.

—Bueno, también voy a extrañar mandarte a buscar expedientes, hacerte cargar bandejas, pasarte mis pacientes... —Enumeró en voz baja como si realmente lo lamentara—. ¡Eras muy eficiente, pasante dos!

—Insisto, deberíamos revisar ese contrato de matrimonio —Le lanzo una mala mirada mientras me cruzo de brazos con una media sonrisa—. Algo me dice que hay una cláusula de abuso laboral escondida ahí.

Él se inclina para besarme la mejilla y me susurra al oído:

—Creo que la emoción de tener a mi esposa trabajando conmigo me tiene de buen humor —Canturrea—. Si me necesitas ya sabes donde estoy.

—Qué generoso de tu parte —Respondo pero no puedo evitar reírme.

Abre la puerta y el caos nos recibe, nada más iniciando mi turno tengo a dos futbolistas que se lastimaron a la hora de jugar. La pierna de una esta doblada pero el dolor no le impide maldecir al otro jugador que está en la otra punta.

—¿Cuál prefieres? —Peter me susurra divertido.

—El que no grita.

—Trato —Chocamos los puños y vamos a por los expedientes.

Finalmente la hora de trabajar juntos de nuevo ha vuelto.

Luego de pasar mi primera hora como médica oficial revisando papeles, recorriendo urgencias y saludando a algunos compañeros que ya conocía sentí la necesidad de visitar a alguien especial.

Leia.

La pequeña había sido trasladada semanas atrás desde Millstone a Todosn Central para realizarse la cirugía cardíaca que necesitaba con urgencia.

Tomé el ascensor hacia el piso de cardio pediatría con la ilusión de verla ya operada, quizás sentada en su cama rodeada de peluches o coloreando alguna figura con los dedos manchados de témpera pero apenas entré al pasillo noté algo raro... su nombre no figuraba en la pizarra de pacientes.

Me acerqué a la estación de enfermería y pregunté con una sonrisa.

—Hola, ¿Leia sigue en la habitación 306?

Una de las enfermeras con gesto amable pero confuso revisó unos papeles.

—¿Leia? Ah, sí. La niña fue trasladada esta madrugada.

—¿Trasladada? ¿A dónde? —Pregunté, tratando de mantener la voz estable aunque por dentro sentí un ligero tirón de preocupación.

—Volvió a Millstone, al parecer sus padres firmaron el alta médica anticipada y decidieron continuar el tratamiento allá.

Me quedé quieta tratando de procesar la información ¿Alta anticipada? ¿Por qué?

—¿Y la cirugía? —Pregunté en voz más baja.

La enfermera negó suavemente con la cabeza.

—No se llegó a realizar —Suspira—. No tengo muchos detalles solo que la ambulancia la recogió esta madrugada.

Totalmente confundida sentí que me falto el aire ¿Qué paso? Esa cirugía era urgente? Leía puede correr peligro si no se realiza esa operación.

Bajé la mirada por un segundo sintiendo cómo la emoción de mi primer día se mezclaba con esa sensación de impotencia que a veces viene de la mano con esta profesión pero no podía quedarme quieta.

Leia no era una hoja más en un expediente.

No tenía sentido por más que lo pensara la única persona que estuvo con ella día y noche, desde su ingreso hasta las evaluaciones prequirúrgicas, fue su abuela sus padres nunca figuraron en la historia entonces porque ahora la llevarían de vuelta a Millstone.

Me llevé una mano a la frente. Habíamos peleado tanto para conseguirle esa cirugía.

Recorrimos pasillos, hicimos informes, presionamos con contactos Peter incluso habló con un viejo colega suyo del comité de ética médica para acelerar los trámites. No podía haber terminado así con una partida en silencio y un “alta firmada” en una carpeta como única explicación.

Esto no tenía ningún sentido.

Algo debió pasar.

Busqué mi celular en el bolsillo del guardapolvo y sin dudarlo marqué el número del doctor Rhoades.

—¿Adhara? —Respondió su voz al segundo timbre—. ¿Todo bien en tu primer día?

—No... bueno sí pero… no —Respondí caminando de un lado a otro conteniendo mi frustración—. Fui a ver a Leia y me dijeron que fue trasladada a Millstone esta madrugada ¿Cómo que la dieron de alta? ¡La cirugía no se realizó!

Hubo unos segundos de silencio del otro lado.

—Sí… me llegó la notificación esta mañana también me sorprendió —Por su tono de voz noto que la situación no le hace ninguna gracia—. Según consta en el sistema, la madre firmó la salida por decisión familiar dijeron que prefieren tratarla en un hospital más cercano a su hogar.

—¡Pero el tratamiento no es el mismo allá! —Exclamé bajando la voz al ver que una enfermera me miraba desde lejos—. Doctor Rhoades, algo no cuadra, su abuela estuvo en todo el proceso y nunca mencionó intención de trasladarla ¿Y si el hospital tuvo algo que ver? ¿Si hubo una presión externa…?

—Adhara... la abuela de Leia falleció ayer.

Aquello me dejo helada por completo.

—¿Cómo?

—Los padres de Leía debieron hacer el cambio porque no podrían ir hasta allá a cuidarla —Tengo una entrevista con ellos pero ni siquiera han llegado todavía —Alguien le habla desde el otro lado—. Adhara creo que acaban de llegar... hablaré con ellos pero no te preocupes nosotros nos encargaremos de Leia.



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En el texto hay: doctora, emergencias

Editado: 05.08.2025

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