Amor de Hada

Capítulo 1: Orfanato

Mi nombre es Mía, tengo quince años y vivo en un orfanato.

Poseo cualidades mágicas, las cuales no se de donde vienen y no puedo comprender. Al fin y al cabo, mi familia me abandonó y no conozco nada acerca de mis orígenes.

De lo único de lo que estoy segura es que me abandonaron y que tengo prohibido mostrar mis habilidades, claro, eso si quiero que la directora no me castigue de por vida.

En el orfanato la vida no era tan simple, usualmente nos agarramos a golpes, y los mayores nos solían obligar a ordenar sus cuartos.

Aquí les cuento un poco de mi historia...

Cuando tenía once, un niño nuevo entró al orfanato.

Aquel muchacho se llamaba Derek, él fue mi primer amor pero, ¿quién no se enamoraría de alguien que toma los golpes por ti? cuando los niños comenzaban a regalar golpes él estaba ahí para cubrirme. Cuando me di cuenta él significaba todo para mi.

Mi error fue contarle todos mis secretos, mostrarle mis habilidades y mis debilidades.

Un día, descubrí que solo me estaba utilizando.

El año pasado lo escuché hablando con Clarisa, una de las mas lindas del orfanato. Le comentaba que estaba conmigo por que hacía sus tareas, y servía como chivo expiatorio cuando se mandaba una macana. Él se acercó más a ella y la besó, en ese momento mi mundo se derrumbó, todas las reglas que rompí por Derek y solo gané la traición.

En aquél momento no pude hacer más que con un chasquido, sus pantalones se mojen. Fue infantil, lo se, pero estaba tan devastada que no quería pensar en nada y aquello fue lo primero que se me ocurrió.

Desde ese día Clarisa no puede verlo sin reírse de él.

Y ahí la historia de por qué no estoy preparada para tener un novio nuevamente. Tengo miedo a que me vuelvan a romper el corazón, no quiero volver a sufrir así.

El día anterior a mi cumpleaños, la directora, me dio una carta; ella dijo que estaba en mi moises cuando me dejaron frente al orfanato.

No me atreví a abrirla y simplemente me fui a dormir, esperando a comer un rico pastel al día siguiente.

Dos de Junio, Día del cumpleaños de Mia.

 

—¡Mía!, ¡Mía! Despierta una familia quiere verte —La directora me despertó.

—Ya voy, ya voy —susurré molesta.

—Te permito usar tu magia, ¡solo si te levantas en este instante!

—¿En serio? ¡ya, levantada! —sonreí

Ella rió —Solo procura que nadie te vea.

—Si mi capitana —coloqué mi mano en mi frente imitando el saludo militar.

Me escabullí al baño y con algo de magia trabé la puerta. Mi imaginación comenzó a trabajar y me decidía por un bello vestido celeste.

En camino al despacho de la directora me topé con Derek.

—¿A dónde te diriges tan hermosa? —se burló de mí.

—A donde no te pueda ver idiota —respondí con desprecio.

Me tironeó del brazo y me acorraló contra la pared.

—¿Siempre fuiste tan bella, o es solo por hoy?

—¿Siempre fuiste un imbécil o estas estudiando para ello?

—Me esta molestando el como me tratas —sonrió de lado con ironía —Sabes muy bien que conozco todo sobre ti y sé que estás acorralada. Yo que tu me tranquilizo.

En aquél momento no creí que Derek era una mala persona y le conté sobre mi único punto débil. Detrás, en mi nuca tenía el tatuaje de una media mariposa y cuando este era sofocado mi cuerpo se debilitaba y me hacia ¿normal? sin fuerza.

—Ya, déjame en paz —grité molesta.

—¿Y si no me da la gana? —respondido y apoyo su frente sobre la mía.

Nerviosa cerré los ojos y escuche como alguien se acercaba.

—No creo que sea de caballeros molestar a las señoritas —sonrió aquel extraño.

Abrí con temor los ojos y pude sentir la respiración irregular de Dereck.

—No te metas mocoso —quitó su frente de la mía.

—¿Mocoso? ¿disculpa? — rió.

—Lo que escuchaste, o ¿acaso eres sordo? —sonrió con desprecio.

—¿Acaso la bella señorita es tu novia?

—Por supuesto —me miró.

—Ya quisieras mentiroso —no dudé en defender mi integridad.

—Me parece que a ella no le gustas — aquél chico me miró y me dedicó una dulce sonrisa.

—Hace un año la tenia corriendo atrás de mí y no será diferente este año.

—Eres un idiota —golpeé su pecho y una lágrima recorrió mi mejilla.

—Creo que fue suficiente —aquel muchacho se acercó y con solo un movimiento lo apartó de mí.

—Gracias —susurré agachando la mirada.

—No te preocupes, me molesta cuando los hombres se aprovechan de las señoritas.

(Historia en corrección)




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