Amor de Hada

Capítulo 14: Confía en mi

El resto de las clases transcurrieron con normalidad, como no tuvimos que volver a cambiar de aula, no llegué tarde a nada más. 

Cuando llegamos a casa Erick corrió escaleras arriba detrás de Luciano, y yo, como pequeña alma chismosa no pude quedarme atrás y corrí en silencio  hasta que llegue a la puerta de la habitación de Lu y me acerqué para escuchar. 

—¿Quién golpeo a Mia? —Erick bramó.

—Ya lo resolví, no volverán a tocarle un pelo.

—Ese grupito estúpido que tienes con esas reglas estúpidas que impones ¿Qué quieres ganar con eso? —gritó. 

—No es estúpido Erick, no para mi. Pero el próximo que lastime a Mia, se las vera conmigo y con ese "estúpido grupito" 

Supongo que se refieren a esos chicos que me intimidaron. 

Hubo un momento de silencio y luego se oyó un sonoro y seco golpe. 

Abrí la puerta del cuarto sin pudor y vi a Luciano en el piso. 

—¡¿Estas loco Erick!? —grité.

Él se encontraba acariciando sus nudillos, supongo que el también sufrió algo de daño. 

—Él se lo merece. 

—Nadie se merece ser golpeado, y menos por tu hermano. —lo miré molesta —Ven —tomé las manos de Luciano y lo ayudé a incorporarse. —¿Te encuentras bien?

Él asintió.

—Ya vete — le ordené a Erick. 

Este se dio la vuelta molesto y se fue pisando fuerte. 

—No te preocupes Mia, estoy bien. —Sonrió —Papá va a matarlo cuando se de cuenta. 

—¿En serio? —pregunté extrañada, no se veía tan estricto. 

—Si, creo que eres la única a quien no le tocaría un cabello. 

—¿Les ha pegado? —cuestioné sorprendida. 

Él asintió —Si, pero no debes preocuparte, a ti no te golpearía jamás. 

Apreté mis manos nerviosa y exhale el aire retenido. 

Me acerqué a él y lo tomé de la barbilla para ver aquella mejilla hinchada. 

—¿Puedo confiar en ti? —susurré. 

—¿Eh? ¿Por qué no podrías confiar en mi?

Mostrarle mis habilidades a un niño era algo sencillo ya que ellos son de corazón puro. Los niños son en los que mas puedes confiar.

—Voy a curarte, pero tienes que cerrar los ojos y no preguntar nada luego. 

Él me miró confundido. 

—¿Me curarás? —sonrió de lado confundido. 

—Si, no quiero que nadie los golpee —susurré.

Luciano no terminaba de creer en mis palabras, pero al verme nerviosa asintió. 

—Esta bien —susurró y cerró sus ojos. 

Coloqué la palma de mi mano sobre su herida y abrió los ojos. 

—Estas muy cerca Mia —susurró. 

—Shh, solo déjame curarte. Cierra los ojos. 

Él hizo lo que le pedí y yo retomé lo mio.

Mi mano fue envuelta por aquel polvillo y poco a poco la mejilla de Lu se iba curando. 

Luego de unos segundos retiré mi mano y me aseguré que este curado por completo. 

—Listo —murmuré. 

Él colocó su mano sobre la mejilla antes dañada y me miró confundido. 

—No puedes preguntar nada, lo prometiste. 

Él asintió —Me gusta mucho tu perfume —dijo, para luego regalarme una sonrisa. 

Nerviosa me fui del cuarto y me detuve frente a la puerta de Erick. 

Toque un par de veces y esperé. 

—No estoy —gritó. 

Con un poco de trampa abrí —Si no estás ¿para que respondes? —reí divertida. 

—¿Viniste a molestarme?

—Vine a ver tu mano, déjame curarte. 

—No es nada, si me quejara de este pequeño golpe me daría vergüenza ser parte de esta familia.

Él se encontraba acostado de lado sobre la cama. 

Me acerqué y me senté a su lado. 

—¿Qué haces? —se volteo para verme. 

—Dale, dame tu mano —ordené. 

Me miró molesto y accedió.

—Solo te dejo por que no quiero que nuestro padre nos rete.

Tomé su mano y acaricie sus nudillos. 

Erick me miraba en silencio. 

—Puedes sentarte frente a mi —susurré. 

Sin decir nada se incorporó y se acomodo.

Tomé nuevamente su mano. 

—Hazlo rápido, me pone nervioso que me estés tocando. 

—¿Nervioso? —reí.

—¿Sabes que soy un Hombre verdad? estas en mi habitación, en mi cama y la puerta está cerrada. Si quisiera podría aprovecharme de ti. 

—Se que no lo harás —reí —Después de todo eres mi fiel caballero Radra. 

Él mordió su labio inferior y suspiró. 

—Por ese mismo motivo me cuesta contenerme —susurró. 

Un polvillo azul rodeo su mano y poco a poco sanó. 

Él inspeccionó su mano y me miró fijamente a los ojos. 

Mi fiel caballero estaba alterando a mi corazón...




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