Amor de Verano

EPISODIO 3: Rumbo al verano

Emma

Al día siguiente me despierto antes de que suene la alarma.

Supongo que, después de todo, sí estoy emocionada por las vacaciones.

Me arreglo con más cuidado del habitual. No demasiado, claro. Tampoco quiero que parezca que me importa causar una buena impresión.

Aunque probablemente debería dejar de mentirme a mí misma.

Después de desayunar, termino de revisar mi equipaje y bajo las escaleras arrastrando la maleta.

Papá ya me está esperando.

—¿Lista?

—Lista.

—Te llevo a casa de los Harold.

No me opongo.

La verdad es que prefiero que me lleve a tener que arrastrar esta maleta por media ciudad.

Subimos al auto y, durante los primeros minutos, todo transcurre con normalidad.

Hasta que papá empieza con su discurso.

—Emma, quiero que seas prudente.

—Sí, papá.

—No aceptes bebidas de desconocidos.

—Sí, papá.

—No te vayas con nadie que no conozcas.

—Sí, papá.

—Y nada de hacer locuras.

Lo miro de reojo.

—¿Qué clase de locuras?

—Tú sabes perfectamente a qué me refiero.

Sonrío.

—Prometo que no haré nada que pueda avergonzarte.

—No estoy hablando de avergonzarme.

—¿Entonces?

—Estoy hablando de que regreses a casa exactamente como te vas.

—Papá...

—Solo prométemelo.

Suspiro.

—Te lo prometo.

Él asiente satisfecho.

—Bien.

Después de unos segundos añade:

—Y no bebas demasiado.

—Papá.

—¿Qué?

—Voy de vacaciones.

—Precisamente.

No puedo evitar reír.

Cuando finalmente llegamos a casa de los Harold, papá se estaciona frente a la enorme casa.

—Diviértete.

Me inclino para darle un beso en la mejilla.

—Lo haré.

—Llámame cuando lleguen.

—Sí.

Abro la puerta y bajo.

—Te quiero.

—Yo también.

Cierro la puerta y observo cómo el auto se aleja.

Respiro profundamente.

Bien.

Ahora sí.

Empieza el verano.

Arrastro mi maleta por el camino hasta la entrada de la casa.

Pero antes de que pueda tocar el timbre, la puerta principal se abre.

Y aparece él.

Mateo.

Sale arrastrando dos maletas y se detiene al verme.

Durante un segundo nos quedamos mirándonos.

Mi corazón empieza a latir demasiado rápido.

Genial.

Justo lo que necesitaba.

—Decidiste venir después de todo —dice.

Toma una de las maletas y la mete en el maletero de su auto.

—Sí.

Mi voz suena más baja de lo que me gustaría.

Mateo cierra el maletero y vuelve a mirarme.

—Nos divertiremos mucho.

Me guiña un ojo.

Mi cuerpo entero parece recordar de golpe por qué este chico ha sido mi crush durante tantos años.

Siento calor en las mejillas.

—Seguramente.

—¿Seguramente?

Sonríe.

—Sí. Seguramente.

Estoy a punto de decir algo más cuando escucho una voz desde el interior de la casa.

—¡EMMA!

Su chillido casi rompe mis timpanos.

Steisy sale disparada por la puerta y se abalanza sobre mí.

—¡Viniste!

Su abrazo es tan fuerte que casi terminamos las dos en el suelo.

—Tu amenaza fue muy convincente —digo, con una expresión de indignación.

Steisy se separa y sonríe orgullosa.

—Soy muy convincente.

—Eres una chantajista.

—También.

Me toma del brazo.

—Vamos. Nuestro auto está acá.

Empieza a arrastrarme hacia el otro lado del camino.

Mateo nos observa.

—¿No se iban con nosotros?

Steisy se gira.

—No queremos incomodar a los tortolitos.

Mateo frunce el ceño.

—¿Qué tortolitos?

Una voz femenina llega desde el auto.

—No lo hacen, ¿verdad, amor?

Me quedo inmóvil.

La conozco.

La he visto en las fotos que postea Mateo en sus historias de Ig.

Pero escucharla decirle amor a Mateo hace que algo dentro de mí se apriete.

Ella baja del auto con una sonrisa perfecta.

Rubia.

Alta.

Delgada.

Exactamente el tipo de chica que siempre le han gustado.

Mateo sonríe al verla.

—Claro que no.

Ella se acerca y toma su brazo.

Steisy me mira de reojo.

Yo sonrío.

Una sonrisa completamente falsa.

—Bueno —digo—. Parece que el verano empieza genial.

Steisy me aprieta el brazo.

—Ni se te ocurra.

—¿Qué?

—Volver a enamorarte de él.

La miro.

—No estoy enamorada de él.

Steisy arquea una ceja.

—Emma.

—Estoy curada.

—Claro.

—Completamente.

—Entonces será fácil demostrarlo.

—¿Cómo?

Steisy sonríe.

—Encontrando a alguien mejor.

Miro hacia el auto.

Luego hacia Mateo.

Y finalmente hacia ella.

—Acepto el reto.




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