Capítulo 8
En el restaurante Rossi:
El grupo continuaba reunido en la mesa entre bromas y charlas cuando Raffaello hizo su entrada en compañía de su esposa, Alessia.
—Hola a todos.
—¿Cómo están? —saludó Alessia con amabilidad.
—Bien, gracias —respondieron varios al unísono.
—¿Cómo te sientes, Lucia? —preguntó Alessia, acercándose a ella con preocupación médica.
—Mejor, aunque todavía me siento un poco agitada —contestó Lucia.
—Recuerda que no puedes estar sola en tu condición —le recordó Alessia con firmeza.
—Ysabelle se quedará conmigo en el departamento.
Ysabelle se limitó a asentir con la cabeza, ya que tenía la boca llena masticando su comida.
En ese momento, Derek entró al restaurante y sonrió al distinguir a su hija.
—Hola a todos.
—Hola, suegro —saludó Christopher alegremente, dedicándole una sonrisa desenfadada.
Ysabelle comenzó a toser fuertemente tras atragantarse con la comida.
—¡Papá!
Christopher le dio unos golpecitos suaves en la espalda para ayudarla.
—Qué gusto verlo por aquí, señor Derek.
—¿Qué haces aquí, papá? —le preguntó Ysabelle en cuanto pudo recuperar el aire, mirándolo con cierta angustia.
—Vine a saludar a Lucia y a comer un pedazo de esos deliciosos pasteles —comentó Derek con tono risueño.
—Señor Derek, no estoy segura de sí aún queda pastel —dijo Lucia mirando hacia la barra.
—Nos queda de fresa y de chocolate —informó Stefano desde el mostrador.
—Quiero uno de fresa y una porción de pudín, por favor —pidió Derek entusiasmado.
—En seguida se lo traigo —respondió Stefano, dirigiéndose a la cocina.
Derek se acercó a la mesa y tomó en brazos a la pequeña Fania.
—Hola, hermosa.
Fania se le quedó mirando con expresión seria y distante.
—Bájame, no te conozco.
—Pequeña, es el papá de Ysabelle —le explicó Stefania con voz suave.
—No lo conozco —insistió la niña, cruzándose de brazos.
Derek la sentó con cuidado sobre las piernas de Lucia.
—Qué lástima... y pensar que de bebé te cargaba a cada rato.
—Eso te pasa por aparecerte después de dos años de ausencia —lo regañó su hija.
—¿Y cuántos años tienes ya, princesita? —le preguntó Derek a la pequeña.
—Tengo tres, pero en un mes cumplo cuatro —contestó Fania con entusiasmo.
—¡Está grandota y habla increíblemente bien! —comentó Derek, asombrado.
—Está creciendo rapidísimo y como siempre está rodeada de adultos, eso la ha ayudado mucho a desenvolverse —explicó Roberta sonriendo.
—Ya veo. Igual que Samuele, que está enorme —comentó Derek con evidente orgullo paterno.
—Me imagino que ya debe andar por los diez años —dedujo Alessia mirándolo.
—Tiene nueve apenas.
—Papá, ¿podrías no mencionar a ese niño? Me incomoda muchísimo —pidió Ysabelle con el rostro serio.
—Ysabelle, por favor, supéralo de una vez —intervino Roberta, molestándose con su amiga—. El niño no tiene la culpa de absolutamente nada.
—Sí, claro, sigan cayéndome encima todos. Mejor me voy —dijo Ysabelle, levantándose bruscamente de la silla.
—Ysabelle, no te pongas así... —habló Christopher, poniéndose de pie tras ella.
—Déjala. Siempre se pone de ese modo tan infantil cuando mencionamos a mi otro hijo —afirmó Derek con un poco de tristeza.
—Señor Derek, por favor, no toquemos más ese tema —insistió Tiziano con tacto.
Stefano regresó a la mesa con el pedido.
—Aquí tiene su orden.
—Excelente. Me muero por probar este pastel y el pudín —dijo Derek, cambiando el ambiente.
—Lucia, vámonos ya —exigió Ysabelle, mirando fijamente a su amiga.
—Pero... —Lucia miró indecisa al resto de las chicas.
—Déjala irse sola si quiere. Yo te llevo más tarde a tu departamento —se ofreció Arnaldo.
—Está bien. Christopher, nos vamos —ordenó Ysabelle con firmeza.
—Sí, vámonos.
Ysabelle y Christopher salieron juntos a toda prisa del restaurante.
—Oye, Fania, me contaron por ahí que andas pidiendo un hermanito —comentó Lucia con ternura, desviando la atención hacia la niña.
—Ya no quiero un hermanito, ahora quiero un primito —aclaró la niña mirándola con ojitos tiernos—. Tía... ¿cuándo me vas a dar un primito?
Lucia se puso visiblemente nerviosa.
—Ja, ja... bueno...
—Fania, tu tía Lucia no tiene novio. Deberías pedírselo a Alessia y a Raffaello —dijo Stefania, mirándolos con picardía.
Raffaello se apenó al instante.
—Stefania, por favor...
Alessia también se sonrojó.
—Roberta también debería ir encargando uno.
Roberta se cruzó de brazos, molesta.
—¡¿Yo por qué?!
—Chicas, ustedes siempre están con la misma excusa. Stefania se casó muy joven y tuvo a Fania al poco tiempo; tú, Roberta, llevas dos años de casada, y tú, Alessia, tres. ¿Qué están esperando para tener un bebé? —las regañó Lucia con humor.
—Será más adelante —afirmó Alessia sonriendo.
—Si yo estuviera casada, les aseguro que no me tardaría nada —confesó Lucia con convicción.
—Hermano, toma nota —soltó Uma mirando a Arnaldo.
—Hermanita... —murmuró él, mirándola como si quisiera matarla.
—Tía Lucia, yo misma te voy a buscar un espocho —declaró Fania con total determinación.
Lucia no pudo evitar sonreír.
—¿En serio?
—Stefania, aprende un poco de tu hija —bromeó Roberta.
—Esta niña salió igualita al padre —aclaró Stefania con una risita.
—Lucia, deberías casarte con alguno de mis sobrinos —sugirió Derek mirándola divertido.
—¿Son guapos? —preguntó ella entre risas.
—Si son guapos no lo sé, pero lo malo es que el mayor apenas tiene veinte años y los demás son unos niños.
—Tampoco quiero criar a un muchacho —bromeó Lucia.
Todos en la mesa estallaron en una sonora carcajada.
…
En el auto de Ysabelle:
—Ysabelle, por favor cálmate —pidió Christopher al notar la velocidad con la que ella aceleraba por la avenida.