Amor de verdad

Capítulo # 10

Capítulo 10

Christopher detuvo la motocicleta con extremo cuidado para asegurarse de que Ysabelle no perdiera el equilibrio al descender.

—Llegamos —anunció él con una amplia sonrisa.

—¿Qué es este sitio? —preguntó ella con curiosidad, observando la fachada; jamás lo había visto en su vida.

Christopher la tomó por la cintura para ayudarla a bajar.

—Es el restaurante de una gran amiga. Lo abrió hace relativamente poco —le informó.

Ysabelle lo miró de reojo con un chispazo de celos.

—¿Amiga o exnovia?

—Amiga, y está felizmente casada, celosa —le aclaró él, riéndose de su reacción.

Ysabelle sintió que las mejillas le ardían.

—No te burles.

Christopher se acercó un poco más y le retiró con ternura un mechón de cabello que le cubría la cara.

—Estás verdaderamente hermosa.

—Ya, no me digas eso... —susurró Ysabelle, aún más sonrojada.

Christopher sonrió complacido.

—Vamos adentro.

—Sí —respondió ella, dejando escapar un leve suspiro.

Tomados de la mano, Ysabelle y Christopher cruzaron la entrada del establecimiento.

—¡Hola, Christopher! —lo saludó una mujer pelirroja de cautivadores ojos azules, acercándose con una cálida sonrisa.

—Hola, Aria. Te presento a Ysabelle —dijo él, introduciendo a su acompañante.

—Es un enorme gusto conocerte, Ysabelle —habló ella con amabilidad y cortesía.

—El gusto es mío, Aria —respondió Ysabelle, observando lo bien arreglada que estaba.

—Llamaste justo a tiempo. Te reservé la mesa preferida, la que da hacia el balcón —le confesó la dueña.

—Muchísimas gracias, Ari.

—De nada —respondió ella, risueña.

En ese momento se aproximó un hombre alto, corpulento, de cabello rubio y penetrantes ojos verdes.

—Terry —dijo Aria, volviéndose hacia él con una sonrisa.

—¡Llegó Christopher! —comentó el hombre al verlo, esbozando un gesto de bienvenida.

—¿Cómo estás, Terry? —lo saludó Christopher con un apretón de manos.

—Muy bien, aquí estaba cuidando al pequeño —dijo él, mostrando con orgullo al bebé que llevaba en brazos.

—¿Cuántos meses tiene ya? —preguntó Christopher, curioso, llevaba un tiempo sin verlos.

—Apenas tres meses —respondió Aria con tono radiante.

—¡Vaya, cómo pasa el tiempo! Cuando lo vi por última vez apenas tenía unos días de nacido —confesó él, asombrado.

—Así es el tiempo de rápido —afirmó su amiga.

—Amor, acompaña a Christopher y a su novia a su mesa —le indicó Terry a su esposa.

—Sí, claro, vamos —dijo ella alegremente.

Aria los guio a través del salón. Al llegar a la mesa del balcón, Christopher jaló la silla para que Ysabelle se acomodara y luego tomó asiento frente a ella.

—En un momento les envío al mesero con el menú —comunicó la anfitriona.

—Gracias, Ari.

—Con permiso —dijo ella, retirándose.

—Apenas acaba de tener un bebé y se ve espectacular —comentó Ysabelle, asombrada de la figura de Aria.

—Sí. Vivieron juntos durante diez años y no lograban tener hijos, así que decidieron casarse. Su boda fue increíble y, apenas un mes después, Aria descubrió que estaba embarazada —contó él.

—¡Vaya! Pero se ven sumamente jóvenes —dijo Ysabelle, sorprendida.

—Tienen apenas veintiocho años —le informó.

—¿Me estás hablando en serio?

—Completamente. Se enamoraron a los quince años y se mudaron juntos a los dieciocho.

—Se nota a leguas que se aman muchísimo —murmuró Ysabelle con una sonrisa.

—Y bastante. Yo los conocí cuando llevaban unos cinco años viviendo juntos —añadió él, observando a la distancia a sus amigos platicar.

—Tienes bastante tiempo de conocerlos.

—Sí, ya son varios años —aclaró con humor.

Un mesero se acercó educadamente a la mesa.

—Buenas noches. Les dejo por aquí el menú.

—Gracias —dijeron Ysabelle y Christopher al unísono.

—Con permiso.

—¿Qué te apetece comer? —preguntó él.

—No estoy segura —respondió Ysabelle, revisando la carta—. Veo que la especialidad es mexicana.

—La comida mexicana de este lugar es sensacional.

—Nunca la he probado; por lo general solo como comida japonesa e italiana —confesó ella.

—Confía en mi elección —pidió él con complicidad.

—Está bien, confío en ti —asintió ella, encantada.

…

En el departamento Monti:

Uma continuaba en la habitación velando el sueño de Lucia cuando sonó el timbre de la puerta principal. Se levantó con cuidado para no hacer ruido y salió hacia la sala. Al abrir, se topó con una sorpresa.

—¿Hermano? —soltó Uma, asombrada.

—Vengo a ver cómo sigue Lucia —comunicó Arnaldo, mirando hacia el pasillo.

—Está profundamente dormida. Me viene de maravilla que llegaras; así aprovecho para ir a casa a darme un baño y regreso a cuidarla —mintió Uma con picardía para dejarlos a solas.

—Está bien, pero no te tardes mucho —le pidió él.

—Tranquilo.

Uma tomó su bolso a toda prisa y salió del departamento, dejando a su hermano solo.

Arnaldo dejó escapar un suspiro profundo.

—Ojalá que mientras esté aquí todo permanezca en calma... —murmuró para sí mismo.

Caminó a pasos silenciosos hacia la habitación y observó a Lucia plácidamente dormida. Se acercó a la cama, se inclinó y le depositó un tierno beso en la mejilla.

—Mi hermosa Lucia... —susurró.

Rodeó la cama, se descalzó y se recostó con suma cautela del otro lado del colchón para no despertarla.

…

Treinta minutos después, en el restaurante:

Ysabelle dio el último bocado a su plato y dejó los cubiertos a un lado.

—Estuvo sencillamente delicioso.

—Sabía que te iba a encantar —dijo Christopher, riendo al ver su satisfacción.

—De ahora en adelante será uno de mis menús favoritos —declaró ella.

—Ayer me quedé sorprendido de lo bien que cocinas —comentó Christopher con sinceridad.

Ysabelle sonrió.




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