Capítulo 11
En el restaurante:
—¡Ja, ja, ja! Sí que me he reído esta noche —habló Ysabelle con tono risueño y los ojos brillantes.
—Lo mismo digo. Tienes una sonrisa realmente hermosa —expresó Christopher, mirándola fijamente.
Ysabelle sintió que las mejillas le ardían.
—Gracias...
—¿Qué más te gustaría hacer? —le preguntó él.
—Me encantaría comer un helado —comentó Ysabelle, entusiasmada.
—Podemos ir a una heladería que queda muy cerca de aquí —le propuso sonriendo.
—¡Sí, me parece perfecto!
—¿Qué te ha parecido la velada hasta ahora? —inquirió él.
—Muy linda... aunque todavía falta —aclaró Ysabelle, dedicándole una mirada llena de picardía.
Christopher se apenó sutilmente.
—Eres una mujer extremadamente sexy.
Ysabelle soltó una clara carcajada.
—Más o menos...
En ese momento, Terry se acercó a la mesa llevando al bebé en brazos.
—Mira quién vino a saludarte, padrino.
Christopher se levantó y tomó al pequeño con absoluto cuidado.
—Hola, Michael.
Ysabelle observó con ternura al niño.
—Está precioso. Se parece mucho a usted, aunque sacó los ojos y el cabello de su madre.
—Es verdad —coincidió Christopher sonriendo, mientras el pequeño Michael soltaba una risita juguetona en sus brazos.
—Pronto será el bautizo —informó Terry.
—¿Y ya saben quién será la madrina? —preguntó Christopher.
—Aún no; Aria está sumamente dudosa con esa elección.
—Podrían poner a varios hombres de padrinos, no tiene nada de malo. Por ejemplo, mi sobrina tiene cuatro madrinas y tres padrinos —les comentó Ysabelle.
Terry y Christopher la miraron atónitos.
—¡¿Tantos?!
—Sí. Cuando nació la pequeña Fania, todos nos la pasábamos discutiendo sobre quiénes serían los padrinos, hasta que su padre tomó la decisión de incluirlos a todos —explicó ella risueña.
—Pensándolo bien, no es para nada una mala idea —dijo Terry, entusiasmado.
Christopher le devolvió el niño a su amigo.
—Me parece que este campeón tiene hambre.
Terry lo tomó de nuevo en sus brazos.
—Eso parece.
En ese instante, Aria se unió al grupo.
—¿Cómo se está portando el príncipe de la casa?
—Muy bien —respondió Christopher, dedicándole una sonrisa a su amiga.
—Toma, amor —dijo Terry entregándole al bebé.
Aria sonrió con ternura.
—Mi vida, debes de tener hambre...
—Sí, ya le toca comer —afirmó su esposo mirándola.
—Vamos a alimentarte, mi amor —le habló Aria al pequeño.
—Los dejo para que sigan disfrutando —se despidió Terry, alejándose junto a su esposa.
—Forman una familia muy hermosa —comentó Ysabelle.
Christopher asintió con la cabeza.
—Sí, la verdad es que sí.
—Bueno, Christopher, ya terminamos la cena, así que es hora del postre —dijo ella, esbozando una sonrisa persuasiva.
Él la miró divertido.
—¿Y a qué lugar te gustaría ir? —le preguntó de nuevo.
—A cuatro cuadras de mi casa hay una heladería excelente —le indicó ella.
—Está bien, vamos para allá.
Ysabelle y Christopher se despidieron de Aria y Terry, agradeciéndoles por la impecable atención, y se retiraron del establecimiento rumbo a la heladería.
Al subirse a la motocicleta, Ysabelle lo sujetó por la cintura con firmeza.
—¡Christopher, estás acelerando mucho!
Él redujo la velocidad de inmediato.
—Listo.
—Así está mejor —dijo Ysabelle, recostando cómodamente la cabeza sobre su espalda.
Christopher sonrió al observarla por el espejo retrovisor, contemplando lo relajada que se veía apoyada en él durante el trayecto.
…
En el departamento Monti:
—Arnaldo, muchas gracias por cuidarme. Si tienes cosas que hacer, puedes irte —lo miró Lucia con voz pausada, evitando que él sintiera su compañía como un compromiso.
—No me voy a ir.
—De verdad, gracias, pero no quiero ser una molestia —habló ella con tono serio.
—No eres ninguna molestia para mí —le aclaró él con extrema suavidad.
—Está bien, te lo agradezco —respondió ella, dedicándole una mirada sincera.
—Yo dormiré en el sofá de la sala —le comunicó él.
—De acuerdo.
Arnaldo la observó fijamente por unos segundos y fijó la mirada en sus piernas al notar lo corta que le quedaba la prenda.
—Oye... —habló él, notablemente nervioso.
Lucia se giró hacia él.
—Dime.
—¿No... no tienes frío? —comentó él, desviando la vista con incomodidad.
Lucia lo miró con extrañeza.
—¿Frío?
Arnaldo se rascó la nuca, ruborizado.
—Sí... lo digo por la ropa que llevas puesta.
Lucia comprendió de inmediato y se apenó.
—Lo siento, es mi pijama habitual para dormir.
—Es una pijama... sumamente tentadora —soltó él con cierta tosquedad defensiva.
Lucia sintió el rostro arder.
—Voy a cambiarme —anunció, retirándose a toda prisa hacia el dormitorio.
—¡Soy un estúpido! —murmuró Arnaldo entre dientes, molesto consigo mismo.
En la habitación, Lucia buscó apresuradamente un pantalón largo en su armario.
—Tengo que ponerme algo más recatado —se dijo a sí misma mientras abría las gavetas—. Aquí está —sacó una prenda holgada y se la colocó rápidamente—. Listo.
Arnaldo dio un par de toques suaves a la puerta.
—Lucia...
Ella abrió de inmediato.
—Sí, dime.
—Perdóname por lo de hace un momento —comentó él, apenado.
—Tranquilo, de todos modos quería ponerme algo más cómodo —respondió ella saliendo al pasillo.
—En serio, discúlpame por mi...
Lucia lo interrumpió con una sonrisa dulce.
—Tranquilo, de verdad quería cambiarme.
—Está bien —asintió él, más relajado.
…
En la heladería:
Ysabelle disfrutaba gustosamente de su postre.
—¡Esto está riquísimo!
Christopher probó una cucharada del suyo.
—Sí, está excelente.
—Christopher, di «ah».