Amor de verdad

Capítulo # 12

Capítulo 12

Horas después, en el departamento Monti:

Arnaldo dormía plácidamente en el sofá-cama de la sala. Mientras tanto, Lucia, que ya se había dado un baño reconfortante, estaba completamente vestida y lista para salir. Se acercó a él a paso lento.

—Arnaldo, despierta.

Arnaldo abrió los ojos poco a poco y parpadeó para adaptarse a la luz.

—Hola...

Lucia le sonrió con dulzura.

—El desayuno quedó listo en la mesa. Solo quería despertarte para avisarte que debo salir.

Arnaldo se incorporó de inmediato, frotándose el rostro.

—¿A dónde vas tan temprano? —preguntó, sorprendido.

Lucia dio una vuelta sobre sí misma para mostrarle su atuendo.

—Me mandaron a llamar de la empresa de mi padre; debo asistir a una reunión de junta muy importante.

Arnaldo la observó detenidamente, notando el impecable traje de ejecutiva que llevaba puesto.

—Pareces toda una mujer de negocios —comentó con tono serio.

Lucia sonrió, complacida.

—Gracias.

—¿Y te vas a ir sola en tu estado? —inquirió él con marcada preocupación.

—No, el chofer de la compañía ya viene en camino a buscarme —informó con una leve sonrisa.

—Está bien.

—Tengo que irme ya. Quédate en tu casa, Arnaldo —comunicó ella, encaminándose hacia la puerta principal.

—De acuerdo, muchas gracias —susurró él.

Lucia abandonó el departamento para encontrarse abajo con el chofer.

…

En la casa Greco:

Ysabelle continuaba dormida plácidamente en su cama. Rocco, su gato, se subió al colchón y comenzó a lamerle la cara con cariño, pero ella ni se inmutó. Al ver que no reaccionaba, el felino insistió hasta que le dio un pequeño mordisco en la punta de la nariz.

Ysabelle se despertó de golpe, asustada.

—¡Ay! ¿Qué pasa?

—Miau...

Ysabelle consultó el reloj de su mesita de noche.

—Apenas son las ocho de la mañana, Rocco... Tengo muchísimo sueño —protestó, tomándolo entre sus brazos para acurrucarlo—. Duérmete con mami, ¿sí?

Rocco empezó a forcejear e inquietarse cada vez más para liberarse del abrazo.

—Miau, miau...

—Está bien, tú ganas —dijo ella, resignada, mientras se levantaba de las cobijas.

—Miau.

—Déjame lavarme la cara primero y ya te atiendo como te mereces —suspiró profundamente.

—Miau.

—¡Qué gato tan consentido y malcriado! —comentó divertida mientras caminaba al cuarto de baño.

…

En la casa Moretti:

Tiziano disfrutaba plácidamente de su plato en el comedor.

—Muchas gracias por preparar el desayuno, Stefano —habló agradecido.

Stefano continuó comiendo sin levantar la mirada.

—De todos modos, hoy me tocaba cocinar a mí —dijo, dejando escapar una risita.

—Eso sería lo justo —comentó Christopher, apareciendo en el comedor y tomando asiento en la mesa.

—Christopher, ¿estás molesto por algo? —le preguntó Tiziano al notar su rostro serio.

—Sí. Estoy molesto porque ayer Stefano se llevó mi automóvil sin pedirme permiso —respondió Christopher con tono tajante.

—Hermanito, estabas ocupado y no quería interrumpirte —se excusó Stefano rápidamente.

—Ese cuento no te lo cree nadie —reclamó Christopher, visiblemente contrariado.

—Por favor, no empiecen a pelear desde temprano —pidió Tiziano intermediando.

—De no haber sido porque tengo la motocicleta, no me quiero ni imaginar cómo habría sido mi día de ayer —agregó Christopher con fastidio.

—¿Y al final cómo te fue en tu cita? —preguntó Tiziano para cambiar de tema.

—Muy bien —contestó él, dejando ver una sonrisa instantánea.

—Parece que pronto tendremos cuñada formal —comentó Stefano, risueño.

—Eso es una excelente noticia —asintió Tiziano.

Christopher frunció el entrecejo al ver que volvían a acorralarlo.

—Chicos, ¿podemos comer en paz, por favor?

—Está bien, enojón —bromeó Tiziano.

—Amargado... —murmuró Stefano entre dientes

Christopher fijó la mirada en Tiziano.

—¿Y tú qué insistes?

—¿Qué de qué? —dijo él, extrañado.

—Eres un metido —soltó Christopher.

—¡Oye! —reclamó Tiziano, fingiendo indignación.

Stefano dio unos golpecitos sobre la mesa, divertido.

—¡Pelea, pelea!

—Tú siempre apoyando lo malo —dijo Christopher, mirándolo con mala cara.

—Peleonero de primera —se quejó Tiziano.

Stefano estalló en risas. Christopher lo observó detenidamente antes de preguntar:

—¿Y ustedes qué piensan hacer hoy?

—Yo voy a dar una caminata por el parque un rato —respondió Tiziano.

—Yo voy a ir al restaurante a ayudar a mi novia —comentó Stefano, levantándose de la silla.

—Yo veré qué hago... Toma —dijo Christopher, sacando del bolsillo la llave de su motocicleta y lanzándosela a Stefano.

Stefano la atrapó en el aire con destreza.

—¡Por esto eres definitivamente mi hermano preferido! —exclamó, dándole un abrazo efusivo.

—En cuanto tenga un tiempo libre me pongo a reparar la tuya —le anunció Christopher.

A Stefano le brillaron los ojos de la emoción.

—¡Hermano, eres el mejor!

Tiziano sonrió con ironía.

—La verdad es que no sé qué haríamos sin ti.

—Pues nada, par de vagos —soltó Christopher soltando una carcajada.

—Ya vas a empezar con el sermón —se quejó Stefano.

—Soy el menor de los tres y aun así siempre me toca cuidarlos a ustedes —aclaró Christopher, cruzándose de brazos.

—En eso tiene toda la razón, Stefano —afirmó Tiziano.

Stefano los miró a ambos con indignación.

—Oigan, ¿por qué me miran solo a mí?

Christopher y Tiziano exclamaron al unísono:

—¡Porque eres el más infantil!

Stefano adoptó una dramática carita de niño regañado.

—Eso no se vale...

—Terminemos de desayunar —propuso Christopher.

—Yo ya terminé —anunció Stefano, caminando hacia la salida.

Tiziano se inclinó hacia Christopher y le susurró:




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