Amor Dulce y Salvaje

PRIMERA VISTA

-Te estoy hablando...- gritó Alma enfurecida. -¿Que hacías espiándome?-. A la mujer no le temblaba la mano, parecía estar acostumbrada a manipular un arma. Joseph se empezó a levantar lentamente. -Cálmese señorita- dijo, con un español un poco cruzado. -No fue mi intención espiarla, simplemente pasaba por aquí-; -Pues si pasaba por aquí, ¿porque se detuvo exactamente donde yo me encontraba?-. La pregunta era dificil de contestar, Joseph aún se encontraba con las manos levantadas. -señorita, creo que lo mejor es que me vaya-. Alma estaba furiosa, el tipo pensaba que simplemente podía espiarla e irse como que nada había pasado; por lo que pensó en darle una lección. -Mire amigo....no soy una mujer muy paciente, no continuaré perdiendo el tiempo con usted; por lo que haré un trato...contaré hasta 10 y espero que desaparezca de aquí...de lo contrario, no culpo por lo que pueda hacer si lo alcanzo!!!-. Joseph no podía creer lo que escuchaba, la hermosa mujer de piel morena y de ojos de hechizo le estaba haciendo el trato mas absurdo que había escuchado. Sonrió enseñando sus hoyuelos, mostrando un nuevo atractivo en ese rostro de ángel-Mire hermosa!!!-. Alma reaccionó instantáneamente a la frase de Joseph, aunque su sonrisa realmente la habia perturbado.  El tipo era un libertino, estaba siendo encañonado, encontrado infraganti observándola y aún estaba deseoso de tirarle piripos. -Mire amigo, no tengo paciencia-. Empezaré a contar y si desperdicia sus segundos, ese no es mi problema-. Sin embargo conforme hablaba iba lentamente retrocendiendo. Joseph pensó en tomar en serio el conteo de aquella loca, pero en un movimiento rápido miró hacía arriba y observó un panal de abejas que estaba precisamente sobre la cabeza de Alma. Ella levantó el arma y tiró un disparo al aire; instantaneamente las abejas empezaron a salir del panal. Joseph supo que tenía que salvarla, se abalanzó sin pensarlo más sobre ella y la cubrió con su cuerpo, inmediatamente las abejas empezaron a atacar el cuerpo de Joseph, que gritaba de dolor sin dejar de proteger con su cuerpo a la mujer; Alma luchaba por soltarse, el miedo la envolvió, escuchaba el sonido de las abejas, el hombre apretando su cuerpo contra el de él; e incluso sintió el dolor cuando algunas abejas atacarón las piernas desnudas de ella. Alma tomó valor, se olvidó del dolor y arrojó a Joseph, corrió hacia su toalla la que estaba mojada porque había caído a la orilla del rio; se abalanzó contra Joseph y lo cubrió con la enorme toalla; de repente aparecieron 3 peones de la casa, ella les gritó que ayudaran al hombre. Ellos hicieron lo necesario para sacar al hombre de allí. -patrona, ¿que hacemos con él?-. Ellos caminaban con el hombre 1 tomaba sus manos y el otro los pies. El tercero caminaba al lado de ella. -Fermín, ve en busca del doctor...- El hombre estaba confuso. -Ahora Fermín!!!- El miró a su patrona y reaccionó, corrió hacía el camino y se internó en él en busca del único médico del pueblo. -Vamos a casa de prisa-. Todos caminaron llevando al hombre que se quejaba de dolor. -llevénlo a la habitación de invitados, desnúdenlo-. 

Alma se sentía muy preocupada y culpable de lo que había sucedido, en su cabeza pasaba como una pelicula antigua, la imagen de aquel hombre, de ojos azules intensos y de sonrisa descarada. Sabía que su vida estaba en riesgo, las picaduras de esas abejas silvestres eran peligrosas; contaba los segundos por ver llegar al médico. 

La espera finalmente terminó; el médico estacionó su camioneta y descendió rápidamente; Alma lo esperaba en la entrada de la casa; lo abordó y le explicó lo sucedido, ambos caminaban de prisa hacía la habitación y entraron en ella. El hombre se encontraba con el cuerpo y rostro inflamados, con un color rosa intenso, estaba irreconocible; estaba cubierto con una sábana delgada, podía verse su cuerpo desnudo hacía la cintura, que denotaba un cuerpo atlético y que ahora estaba cubierto de picaduras de abejas, el hombre gemía de dolor...Alma sintió un duro golpe en el pecho, lamentaba lo sucedido y lamentaba haber provocado esa desagradable situación. 




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