Amor Dulce y Salvaje

A TU LADO

Los trámites para sacar a Dominga del hospital llevaron un par de horas. El dolor de Alma al ver a su amiga muerta quedó grabado en el corazón de Joseph y eso lo hizo sentirse como un cobarde; sus  primeras intenciones al estar cerca de la chica eran verdaderamente egoistas, pero las cosas estaban cambiando y él sabía que estaba siendo presa de un cambio drástico de emociones. Esa mujer dulce y salvaje al mismo tiempo estaba peligrosamente adueñandose de su corazón y de sus pensamientos. 

Alma regresaba de firmar el contrato con la funeraria, le había pedido a Joseph  que se quedara junto al cuerpo de Dominga y él no había puesto ninguna oposición; le ayudaría en todo lo que fuera posible. -¿Todo bien?- dijo, al ver el rostro cansado de Alma. Ella asintió. -Ellos se encargarán de todo; ahora debemos ir a la hacienda y preparar su llegada- El asintió; caminaron juntos hacía el auto -espera- dijo Joseph, -compraré algo para comer-. Ella negó con la cabeza, no tenía apetito. -vámonos Joseph, sólo necesito llegar a casa-. dijo con la mirada cansada. -Lo sé, pero también necesitas alimentarte y no pretendo irme de acá sino lo haces-. La tomó de la mano y ella quitó el brazo en señal de negativa; -¿no quieres hacer caso ahhh?-. Ella lo negó -no tengo hambre Joseph-. -entonces te llevaré a la fuerza- y la tomó de la cintura, la levantó hasta el nivel de su rostro. -esta bien- dijo. -caminemos entonces- - así me gusta gata!!!- dijo, ganándose una mirada de descontento de la chica. La tomó de la mano y caminaron juntos hacía un pequeña cafetería que se encontraba al otro lado de la calle, ella lo miraba y no podía creer en sus propias reacciones ante las palabras y la forma de actuar de Joseph con respecto a ella; se sentía extraña, Joseph la tenía tomada de una forma protectora;  pero el sentimiento era agradable, a pesar de lo doloroso de la situación que estaba viviendo. 

Con café en mano y unos panes con frijol salieron de la cafetería, subieron al auto, Alma se acomodó en el asiento del copiloto, bebió de su café y mordisqueó el pan -está delicioso- dijo, Joseph sonrió. -Disfrútalo-. Ella asintió e inmediatamente sintió la mano de Joseph colocada posesivamente sobre su pierna izquierda. Ella miró por el espejo, se sentía tímida, a pesar de los momentos tan privados que habían vivido, rememoró los momentos en que sus manos jugaban sobre el cuerpo del hombre de mirada intensa que iba sentado a su lado, como sus dedos disfrutaron la suavidad de su cabello claro y su boca sintió los exigentes besos de aquél. -¿Joseph?- -¿con respecto a lo de anoche?- Él la observó con mirada seductora - ¿De veras quieres hablar de ello?- Alma instintivamente trago sáliva, no fue necesario responder, porque Joseph estaba pendiente del camino, frenó al observar los árboles caídos sobre la carretera; pruducto de la fuerte tormenta de la noche anterior,  ya habían dejado atrás la carretera principal y habían iniciado una calle de terracería hacía la aldea, -mierda- dijo Alma y se bajó del vehículo; caminó hacía los campesinos que trabajaban arduamente para quitar los árboles del camino. Joseph descendió del auto y caminó directamente a ellos. -puedo ayudar- dijo, regresó al vehículo y tomó unos lazos, díles que los amarren a los árboles y yo los halaré con el pick up.  Alma les habló en idioma q´eqchi y ellos sin vacilar hicieron lo que ella es indicaba. Joseph se puso en movimiento y en unos cuantos minutos el camino estaba despejado. -"B´antiox"-dijeron los hombres. Alma asintió y sonrió. -"Inwan"- y corrió hacía el auto; debían seguir el camino. -¿Que les dijiste?- preguntó Joseph. -Ellos dieron las gracias y yo me despedí-. El asintió.  -¿sabes que lo que nos espera no será sencillo?- él la observó con duda y ella un poco confusa continuó. -Anoche deben haberse inundado muchas casas y parte de mi propiedad, debo ir y ayudar...-  Se arrepintió de la frase "nos espera", instintivamente lo había hecho parte ya de sus problemas, pero luego se había retractado; eso lo había notado inmediatamente Joseph. -yo te ayudaré, estoy contigo- dijo Joseph tocándole el rostro con ternura. Ella tragó saliva, estaba muy confundida, su corazón latía de prisa, no sabía si sentirse feliz o temerle profundamente a lo que estaba sucediendo entre los dos. 




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