Amor Dulce y Salvaje

TRISTES NOTICIAS

La llegada de Dominga a la hacienda trajo mucha tristeza a todos a su alrededor, los sollozos de Florcita al saber que no volvería a escuchar la voz de su madre rompian el corazón de cualquiera que la escuchara, especialmente el corazón de Alma. En el sepelio Alma cargaba en brazos a Florcita dormida de tanto llorar, Juanita se había quedado con el bebé en la hacienda, era muy pequeño y no querían arriesgar su salud. -te prometo mi querida amiga que haré lo imposible por cumplir la promesa que te hice; tus hijos serán amados, protegidos y felices- Dijo Alma depositando un poco de tierra sobre la tumba de la dulce Dominga-, caminaba de regresó a la hacienda con Joseph a su lado, aún con la niña en sus brazos, -quisiera caminar sola a casa-, dijo, mirando a Joseph con un gesto de súplica; él asintió, lo comprendía, se alejó lentamente por el lado opuesto.  

Al regresar a la hacienda, Alma se dirigió a la habitación de Juanita, quería ver al niño; cuando se acercó a la puerta pudo observar que todo estaba diferente. -Mi niña, lo mejor será que los niños duerman ahora conmigo- dijo; ganándose una triste sonrisa de aceptación de Alma. -Gracias Juanita; Dominga te lo estará agradeciendo ahora desde donde se encuentre-. Se acercó al niño y lo observó dormido, era como un ángel pensó. -Los adoptaré-, con la mirada fija ahora en los dos niños dormidos, -¿Estás segura?-, -sin ninguna duda, ahora Flor y este bebé son mis hijos- Dominga asintió, no preguntó más, sabía que era lo mejor para los niños. Conversó con Dominga por un rato, era una nueva etapa en su vida y había muchas preguntas, muchos sentimientos y no había nadie mejor que Juanita, que era como una madre para ella, para comprender sus inquietudes...su madre era una buena mujer, pero no comprendería todo lo que sucedía y por supuesto los deseos de Alma de darles el amor de una madre a esos dos angelitos.

Por la tarde, Alma sintió la necesidad de ir a su lugar favorito, habían transcurrido varías horas y no había visto a Joseph; no quiso preguntar si lo habian visto, sabía que no tenía derecho a cuestionar o a pretender que siempre estuviera junto a ella e incluso sabía que debía estar preparada porque en cualquier momento él retornaría a su vida y a aquel trabajo que los volveria de nuevo contendientes. 

Estaba a unos cuantos metros de la poza, su lugar favorito cuando escuchó atentamente el ruido que provenía del lugar, caminó despacio y se paró de repente, frente a ella, con el torzo desnudo estaba Joseph, "magnifico" con su espalda ancha, su piel color oro y sus cabellos claros; Alma caminó sin querer hacer ruido, quería observarlo más de cerca, parecía tan acostumbrado al lugar, muy cómodo frente a esa maravillosa creación de la naturaleza; -acercate gata- dijo Joseph, -como supiste que era yo-, cuestionó ella cuando estuvo a uno cuantos metros, Joseph aún estaba de espaldas, mirando hacía la catarata; -parece que ya estoy acostumbrado a tu olor y a tus pasos- dijo, ganando un sonrojo de Alma, -¿como puedes sentir mi olor, con el olor de la naturaleza a tierra...plantas?- él giró y estuvo frente a ella, observándola direcamente a los ojos. -porque tu olor es exactamente igual, hueles a flor, a musgo, a plantas, a tierra.. a  naturaleza.- dijo, mirandola con un brillo especial en los ojos. -estás loco- dijo ella sonriendo. -Por tí, lo acepto- dijo, sin querer acercarse más, ya que no podría contener su deseo de besarla y tocarla, sabía que ella estaba de duelo y no quería parecer poco comprensivo, sin embargo, su sorpresa fue con cuando ella coloqué sus brazos alrededor de su cuello, lo besó en silencio, con los ojos cerrados, lento....profundo. 

Joseph ya no pudo resistir más su deseo, tomó a Alma por la cintura y lentamente la recostó sobre las hojas, bajo un árbol frondoso que escondia ese lugar especial; la desnudó sin prisa y la acarició como llevaba horas deseando hacerlo de nuevo, Alma imitó sus movimientos y ambos se dejaron hacer... con la suave música del agua y de los pájaros que sobrevolaban el lugar...-me encantas gata- decía Joseph con los ojos llenos de deseo...- mi gata salvaje y dulce- repetía con los ojos cerrados, cuando pasaba sus dedos sobre el cuello de ella; la acarició...la excitó y luego se introdujo en ella, como ambos lo deseaban;  sus movimientos al principio eran lentos, pero luego se volvieron tan salvajes como el lugar que los cobijaba.....

Alma miraba el cielo, que ya no era tan azul como unas horas antes, parecía que llovería. -¿Que piensas?- dijo Joseph, que se distraía acariciando con el dedo índice el vientre de Alma; ambos recostados aún  bajo el árbol, -pensaba en Dominga y en los niños-. dijo. -¿Piensas entregarlos a sus familiares?, preguntó. -no-, dijo Alma aún mirando distraídamente al cielo. -Entonces, ¿piensas entregarlos al Estado?-, -no-, contestó de nuevo. -¿No quieres contarme que harás?- dijo, con una cierta nostalgia en la voz, ella continuó en la misma posición. - los adoptaré-. dijo finalmente. Fue grande la sorpresa de Joseph. -estas segura- dijo rápidamente, -es una responsabilidad para toda la vida, un reto grande....- calló, tratando de asimilar la noticia -lo sé y me arriesgaré-. dijo Alma muy segura. Después de un largo  silencio Alma intentó ponerse de pie, debían regresar a casa. Joseph imitó a Alma, pero antes que ella emprendería el paso de regreso, la tomó del brazo obligándola a mirarlo. -Alma, quiero adoptar a los niños junto a tí-. Ella abrió los ojos como platos, le parecía que no había escuchado correctamente. -Escúchame Alma, dijo él, comprendiendo su sorpresa. Puede sonar una completa locura y entiendo que nos conocemos  hace tan poco tiempo, pero los niños necesitan una madre y un padre y yo puedo ser el padre que necesitan-. Alma continuaba sin creer lo que escuchaba y Joseph continuaba tomándola del brazo, con su mirada fija, en espera de una respuesta. -No sabes lo que dices!!!- dijo finalmente y se soltó del brazo. Joseph la tomó de nuevo. -Escúchame, tú sabes lo importante es tener a ambos padres a tu lado, los niños lo merecen, piensalo-. Ella guardó silencio y eso molestó mucho a Joseph. -¿Piensas que no podría ser un buen padre para los pequeños, piensas que juntos no podríamos hacerlos felices?- dijo, aumentando el tono de voz y sonando cada vez mas molesto. Ella finalmente lo miró con rostro decidido. -¿Que capricho es éste?-, -no sabes de lo que hablas, éste es un lazo que te une para siempre; tú "estás de paso" te irás de aquí y simplemente te olvidarás de todo ésto, pero los niños, ellos sí necesitaran de algo que perdure...tú no se los puedes dar- y luego se giró para emprender de nuevo el camino. Él grito. -Esto no es un capricho, yo estoy contigo y quiero estar también con los niños porque yo.... - pero las palabras se las llevó el viento, Alma había corrido para alejarse de allí y no continuar con la discusión. Durante el resto del camino Alma sintió escalosfrios, tenía miedo, miedo al futuro, al sentimiento que estaba creciendo en ella; ha escuchar a Joseph y creer en lo que decía; a olvidarse completamente que había un verdadero motivo para alejarse de él y que ella tenía que tener el valor de acabar con todo aquello. 




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