Amor En Combate

CAPÍTULO 1

Scarlett

Las fiestas organizadas por los alumnos de Blackwood Academy siempre terminaban igual.

Alcohol escondido en vasos rojos. Música demasiado fuerte. Luces azules atravesando la oscuridad. Y adolescentes ricos fingiendo que tenían la vida resuelta.

Odiaba las fiestas.

Especialmente estas.

El aire dentro de la casa estaba cargado de perfume caro, humo dulce y calor humano. Alguien chocó conmigo al pasar y ni siquiera reaccioné. Seguí observando el segundo piso mientras giraba el anillo plateado de mi dedo.

Luca llevaba veinte minutos desaparecido.

Veinte.

No era normal. Ni siquiera para él.

—Estás a punto de romper ese pobre anillo —comentó Chloe a mi lado mientras bebía un refresco.

Giré el rostro hacia ella.

—No estoy paranoica.

Ella arqueó una ceja.

—Scarlett, llevas diez minutos mirando la escalera como una francotiradora.

—Qué exagerada.

Solté una pequeña risa.

Chloe era la única persona capaz de hacerme reír incluso cuando estaba irritada.

A diferencia de mí, ella parecía disfrutar la fiesta. Llevaba una falda negra brillante y una chaqueta de cuero roja que resaltaba entre las luces neón de la sala.

Yo seguía usando la ropa del entrenamiento: leggings oscuros, sudadera gris y una coleta alta.

No había tenido tiempo de cambiarme después de pasar tres horas entrenando.

O quizá simplemente no me importaba verme bonita esa noche.

La música cambió a una canción más lenta y varias parejas comenzaron a reunirse cerca de la pista improvisada.

Volví a buscar a Luca entre la multitud.

Nada.

Bien. Ya me harté.

Una sensación incómoda empezó a crecer en mi pecho.

Algo estaba mal.

—Voy a buscarlo —murmuré.

Chloe suspiró como si ya supiera cómo iba a terminar aquello.

—Si encuentras un cadáver, avísame primero para irme antes de que llegue la policía.

Le lancé una última mirada antes de avanzar entre la multitud.

Subí las escaleras intentando ignorar el escándalo que venía del piso inferior. El segundo piso estaba mucho más oscuro y tranquilo.

Risas. Susurros. Música lejana.

Seguí caminando por el pasillo hasta escuchar una voz familiar.

Y me detuve.

Madison Cole.

Entrecerré los ojos.

¿Qué hacía ella aquí arriba?

La última vez que hablé con Madison casi me lanzó una bebida encima después de perder contra mí en un torneo benéfico.

Di unos pasos más hacia la habitación del fondo.

Entonces escuché la voz de Luca.

Mi estómago se contrajo.

—Relájate —decía él entre risas—. Scarlett nunca sospecha nada.

El mundo pareció detenerse.

Avancé más.

La puerta estaba entreabierta.

Y ahí estaban.

Luca tenía una mano en la cintura de Madison mientras ella lo besaba con una familiaridad que me revolvió el estómago.

Mi cerebro tardó varios segundos en procesarlo.

Porque una parte de mí todavía esperaba que aquello fuera una broma. Un mal chiste.

Pero no.

Era real.

Dolorosamente real.

Sentí algo helado atravesarme el pecho.

Madison fue la primera en notarme. Sus labios se separaron de los de Luca y el color abandonó su rostro.

—Scarlett…

Luca se volvió de golpe.

Y el muy idiota todavía tuvo el descaro de parecer sorprendido.

—¿Qué demonios…? —murmuré.

Mi voz salió mucho más tranquila de lo que me sentía.

Luca soltó a Madison de inmediato.

—No es lo que parece.

Qué frase tan estúpida.

Miré a ambos durante unos segundos.

Luego me reí.

No una risa divertida.

Una de esas que salen cuando estás demasiado furiosa para responder de otra forma.

—Claro —dije—. Porque normalmente tú saludas a las personas metiéndoles la lengua en la garganta.

Madison evitó mirarme.

Cobarde.

Luca dio un paso hacia mí.

—Scarlett, escúchame.

Retrocedí antes de que pudiera tocarme.

—Ni se te ocurra ponerme un dedo encima.

Y eso sí pareció descolocarlo.

Porque Luca Moretti siempre estaba acostumbrado a tener el control: las peleas, los torneos, las personas.

Pero yo acababa de quitárselo.

Pasó una mano por su cabello oscuro, frustrado.

—No quería que te enteraras así.

—Qué considerado de tu parte.

Madison agarró su bolso apresurada.

—Yo… voy abajo.

Vi cómo salía de la habitación sin detenerla.

Ni siquiera valía la pena detenerla.

Cuando la puerta se cerró, Luca volvió a mirarme.

—Scarlett.

—¿Cuánto tiempo?

No respondió.

—¿Cuánto tiempo? —repetí, marcando cada palabra.

—Un mes.

Sentí un vacío horrible en el estómago.

Un mes.

Un mes viéndome la cara de idiota, riéndose de mí a mis espaldas mientras se acostaba con otra.

Qué idiota fui.

—No significó nada —soltó de inmediato.

Lo miré fijamente.

—Acabas de cometer el peor error de tu vida.

Y entonces me fui.

Porque si me quedaba un segundo más, terminaría golpeándolo.

Bajé las escaleras con rapidez, intentando estabilizar mi respiración.

La música seguía sonando. La gente seguía bailando. El mundo seguía avanzando, ajeno al desastre que acababa de ocurrir.

Qué irritante.

Atravesé la sala a empujones.

Necesitaba aire.

Necesitaba salir de ahí.

Pero justo cuando llegué cerca de la entrada principal, alguien chocó conmigo.

—Mira por dónde cami…

Me detuve al reconocerlo.

Ryder Knight.

Perfecto. Justo lo que necesitaba.

Llevaba una camiseta negra ajustada, jeans oscuros y varios moretones recientes en los nudillos. Tenía el cabello desordenado, como siempre, y esa expresión arrogante que me daba ganas de empujarlo por unas escaleras.

Sus ojos recorrieron mi rostro.

—Vaya —dijo con calma—. ¿La princesa de Ascend también viene a fiestas?




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