Amor En Combate

PRÓLOGO

El estadio vibraba de euforia antes del golpe final.

Scarlett estaba a unos metros de mí, con la respiración pesada y el uniforme de combate marcado por el esfuerzo. El público seguía ahí, pero ya no importaba.

Solo ella.

Solo yo.

—No digas nada —murmuró

Su voz no tenía la firmeza de siempre

Di un paso hacia el centro del tatami.

Scarlett no se movió.

Eso fue suficiente para entender que ya no estábamos peleando solo por un título.

—Esto no debería estar pasando —dijo, casi sin aire.

Solté una risa baja.

—Y aun así aquí estamos.

Sus ojos subieron hacia mí.

Había visto esa mirada mil veces en combate.

Pero nunca así.

Nunca sin defensa.

El árbitro ya no existía para nosotros.

El público tampoco.

Solo el espacio entre los dos.

—No puedo permitirme perder esto —dijo.

—¿El combate?

Silencio.

Los dos sabíamos que esa no era la respuesta.

Scarlett apretó los puños.

—Tú lo estás arruinando todo —susurró.

—No —respondí—. Esto ya estaba roto desde antes.

Un segundo.

Dos.

Y entonces dio un paso hacia mí.

Quedando demasiado cerca.

Podía apreciar cada pequeño detalle de su hermoso rostro: las pequeñas gotas de sudor en su frente, sus ojos color miel y sus dulces labios, que se veían tan provocativos. No podía apartar la mirada de ella, y tampoco quería hacerlo

El público seguía gritando a lo lejos, pero sonaban como si estuvieran bajo el agua.

—No entiendes lo que esto significa —dijo.

—Créeme —respondí—. Lo entiendo mejor de lo que crees.

Su respiración se cortó

Por primera vez en todo el torneo, Scarlett no parecía controlarlo todo.

Parecía… humana.

—Te odio por esto —murmuró.

No le di espacio para pensarlo más.

La tomé del rostro.

Y la besé, mis labios tocaron los suyos con un hambre y una pasión indescriptible.

El estadio explotó con exclamaciones de sorpresa al instante.

Pero no les puse atención.

Scarlett tardó un segundo.

Pero luego respondió con la misma intensidad que yo, o incluso con mayor.

Como si todo lo que había intentado negar durante meses se rompiera de golpe.

Cuando nos separamos, el mundo volvió a existir.

Gritos.

Luces.

Confusión.

Pero ninguno de los dos se movió.

Scarlett respiró hondo, sin apartar la mirada.

—Esto va a arruinarlo todo —dijo.

No era miedo.

Era certeza.

La observé un instante.

—Entonces que arda.

Y por primera vez en el torneo…

ya no éramos enemigos.

Éramos el error que nadie iba a poder ignorar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.