Scarlett
Las fiestas organizadas por algún alumno de Blackwood Academy siempre terminaban igual.
Alcohol escondido en vasos rojos. Música demasiado fuerte. Luces azules atravesando la oscuridad. Y adolescentes ricos fingiendo que tenían la vida resuelta.
Yo odiaba las fiestas.
Especialmente esa.
El aire dentro de la casa estaba cargado de perfume caro, humo dulce y calor humano. Alguien chocó conmigo al pasar y ni siquiera reaccioné. Seguí observando el segundo piso mientras giraba el anillo plateado de mi dedo.
Luca llevaba veinte minutos desaparecido.
Veinte.
No era normal ni siquiera para él.
—Estás a punto de romper ese pobre anillo —comentó Chloe a mi lado mientras bebía refresco.
Desvié la mirada hacia ella.
—No estoy paranoica.
Ella arqueó una ceja.
—Scarlett, llevas diez minutos mirando la escalera como una francotiradora emocional.
—Qué exagerada.
—Te conozco desde los nueve años. Esa mirada tuya significa “voy a matar al primero que se me cruce”.
Solté una risa corta.
Chloe era la única persona capaz de hacerme reír incluso cuando estaba irritada.
A diferencia de mí, ella parecía disfrutar el ambiente. Llevaba una falda negra brillante y una chaqueta de cuero roja que resaltaba entre las luces neón de la sala.
Yo seguía usando la ropa del entrenamiento. Leggings oscuros, sudadera gris y una coleta alta.
No había tenido tiempo de cambiarme después de pasar tres horas entrenando para el campeonato regional.
O quizá simplemente no me importaba verme bonita esa noche.
La música cambió a una canción más lenta y varias parejas comenzaron a reunirse cerca de la pista improvisada
Busqué a Luca otra vez.
Nada.
Bien, ya me harté.
Sentía una sensación incómoda en mi pecho, era muy raro
—Voy a buscarlo —murmuré.
Chloe suspiró como si ya supiera cómo iba a terminar aquello.
—Si encuentras un cadáver, avísame primero para irme antes de que llegue la policía.
Le lancé una mirada seca antes de avanzar entre la multitud.
Subí las escaleras intentando ignorar el ruido ensordecedor de abajo. El segundo piso estaba mucho más oscuro y silencioso.
Las puertas de las habitaciones estaban entreabiertas.
Risas. Susurros. Música lejana
Seguí caminando por el pasillo hasta escuchar una voz familiar.
Y me detuve.
Madison Cole.
Fruncí el ceño.
¿Qué hacía ella ahí arriba?
La última vez que hablé con Madison casi me lanza una bebida encima después de perder contra mí en un torneo benéfico.
Avancé un poco más.
Entonces escuché la voz de Luca.
Mi estómago se tensó.
—Relájate —decía él entre risas—. Scarlett nunca sospecha nada.
El mundo pareció quedarse inmóvil.
Me acerqué lentamente hasta la habitación del fondo.
La puerta estaba entreabierta.
Y ahí estaban.
Luca tenía una mano en la cintura de Madison mientras ella lo besaba como si llevaran semanas haciéndolo.
Mi cerebro tardó varios segundos en reaccionar.
Porque una parte de mí esperaba que aquello fuera una broma. Un mal chiste.
Pero no.
Era real.
Dolorosamente real.
Sentí algo frío recorriéndome el pecho.
Madison fue la primera en notarme. Sus labios se separaron de los de Luca y una expresión incómoda apareció en su rostro.
—Scarlett…
Luca giró rápidamente.
Y el muy idiota todavía tuvo el descaro de parecer sorprendido.
—¿Qué demonios…? —murmuré.
Mi voz salió mucho más tranquila de lo que me sentía.
Luca soltó a Madison de inmediato.
—No es lo que parece.
Qué frase tan estúpida.
Miré a ambos durante unos segundos.
Luego me reí.
No una risa divertida
Una de esas que salen cuando estás demasiado molesta para reaccionar de otra manera.
—Claro —dije lentamente—. Porque normalmente tú saludas a las personas metiéndoles la lengua en la garganta.
Madison evitó mirarme.
Cobarde.
Luca dio un paso hacia mí.
—Scarlett, escúchame.
Retrocedí antes de que pudiera tocarme.
—Ni se te ocurra ponerme un dedo encima.
Y eso sí pareció descolocarlo.
Porque Luca Moretti estaba acostumbrado a controlar todo. Las peleas. Los torneos. Las personas.
Pero yo acababa de quitarle el control de la situación.
—Fue un error —insistió.
—¿Uno? —incliné la cabeza—. Entonces supongo que los mensajes que Chloe vio hace dos semanas también fueron un accidente.
Silencio.
Eso lo confirmó todo.
Sentí ganas de golpear algo
Preferiblemente su estúpida cara.
Luca pasó una mano por su cabello oscuro, frustrado.
—No quería que te enteraras así.
—Qué considerado de tu parte.
Madison tomó su bolso rápidamente.
—Yo… voy abajo.
La observé salir de la habitación sin detenerla.
Ni siquiera valía la pena.
Cuando la puerta se cerró, Luca volvió a mirarme.
Y por primera vez desde que lo conocía… lo vi nervioso.
—Scarlett.
—¿Cuánto tiempo?
Él guardó silencio unos segundos.
Error grave.
—¿Cuánto tiempo? —repetí, enfatizando cada palabra.
—Un mes.
Sentí un vacío horrible en el estómago.
Un mes. Un mes tomándome por idiota, riéndose de mi a mis espaldas mientras se acostaba con otra.
Increíble. Verdaderamente increíble.
—No significó nada —dijo rápido.
Lo miré fijamente.—Acabas de cometer el peor error de tu vida.
Y entonces me fui.
Porque si me quedaba un segundo más iba a terminar golpeándolo.
Bajé las escaleras demasiado rápido, intentando controlar mi respiración.
La música seguía sonando. La gente seguía bailando. El mundo seguía avanzando como si nada hubiera pasado.
Qué irritante.
Atravesé la sala por medio de empujones.