Amor En Combate

CAPÍTULO 3

Scarlett

Blackwood Academy no era una escuela común.

Era una institución de élite donde convivían dos mundos que rara vez se separaban: el rendimiento académico y el alto nivel deportivo.

Aquí, las calificaciones importaban… pero el desempeño en combate definía reputaciones más rápido que cualquier examen.

Ascend Dojo y Venom Strike era la prueba de eso.

Los pasillos del edificio principal estaban llenos de movimiento constante: estudiantes con uniformes impecables, carpetas bajo el brazo y otros con bolsas deportivas rumbo a los entrenamientos.

Todo en Blackwood estaba medido.

Jerarquías. Disciplina. Rendimiento.

Y el Torneo Interacademias, donde todo eso se ponía a prueba.

Caminaba junto a Chloe hacia el área deportiva.

—No han dejado de hablar de la fiesta —murmuró ella.

—Que hablen.

—Scarlett…

Nos detuvimos frente al acceso del complejo de entrenamiento.

El aire aquí siempre era distinto.

Más denso.

Más serio.

Se escuchaban impactos controlados desde el interior, como golpes medidos sobre sacos de entrenamiento.

—Está bien, no me interesa—dije.— Ahora solo quiero entrenar y enfocarme en lo mío.

Chloe asintió.

—Te espero afuera entonces.

—No hace falta.

Dudó un segundo. Sabía que se preocupaba por mí, pero yo estaba bien. Lo ocurrido el sábado ya no me importaba… o al menos eso quería creer.

—Está bien… te veo después.

Se alejó por el pasillo exterior, perdiéndose entre estudiantes que se dirigían a sus respectivas clases.

Respiré hondo.

Y sin pensarlo dos veces, entré.

El Ascend Dojo estaba en plena sesión.

El espacio era amplio, con tatamis perfectamente alineados, espejos laterales y marcas en el suelo que guiaban la distancia de combate.

El sonido de golpes precisos llenaba la sala, junto con respiraciones medidas y órdenes firmes.

En el centro estaba el sensei Kuroda, un hombre de postura recta, mirada afilada y voz que no necesitaba elevarse para imponer respeto.

—Mantengan la guardia alta —ordenó con calma—. El error no está en el golpe, está en el tiempo de reacción.

Cada palabra era obedecida al instante.

A su lado, Luca dirigía la práctica como capitán del dojo.

Porque ahora, además de ser mi exnovio… también era mi capitán de dojo.

—Otra vez —dijo Luca a un grupo—. Quiero precisión, no velocidad.

Se movía entre los estudiantes corrigiendo posturas, ajustando codos, indicando el ángulo correcto del gyaku-zuki o la estabilidad del kiba-dachi.

Luca me miró desde el centro del tatami.

—Scarlett, inicia la combinación base.

Asentí, aunque lo único que quería era mandarlo a la mierda, pero no podía desobedecer la orden de mi capitán.

Me até las vendas en las manos, ajustando la presión en los nudillos hasta sentir firmeza total.

Entré al área de combate.

El saco de entrenamiento colgaba frente a mí, suspendido por cadenas metálicas que crujían apenas con el movimiento del aire.

Inhalé profundo, acomodando la postura.

Pie delantero firme, rodillas semiflexionadas, guardia alta.

Primer movimiento.

Roté la cadera y extendí el brazo con precisión, lanzando un gyaku-zuki, un golpe directo al centro del saco.

El impacto resonó seco en todo el dojo.

Sin detenerme, di un pequeño desplazamiento lateral para ajustar la distancia.

Elevé la rodilla delantera y extendí la pierna en un mae geri, golpeando con la planta del pie.

El saco se desplazó hacia atrás y regresó lentamente.

Volví a la postura base.

Mi respiración se mantuvo constante.

—Más precisión en la entrada de cadera —indicó Luca desde el centro del tatami.

No respondí.

Solo repetí el movimiento, afinando el ángulo del golpe.

El sonido del saco volvió a llenar el espacio.

En Blackwood Academy, cada técnica era evaluada. Cada movimiento tenía peso dentro del ranking del Torneo Interacademias.

El silencio del dojo se mantuvo… hasta que las puertas se abrieron.

El ambiente cambió de inmediato.

Ryder Knight.

Venom Strike.

No caminó como nosotros.

No adoptó postura de respeto ni reconocimiento del espacio.

Entró como si el lugar le perteneciera.

Detrás de él, Mason avanzaba relajado, como si todo fuera un espectáculo.

Los murmullos se encendieron.

—Está fuera de su zona…

—Eso va contra el reglamento…

—¿Qué hace aquí?

Luca dio un paso adelante.

—Estás fuera de tu área de entrenamiento.

Ryder apenas lo miro.

—No lo parece.

Siguió caminando.

No se detuvo en el borde del tatami.

Lo cruzó.

Como si no existiera límite alguno.

Se colocó frente al saco de golpeo.

Y atacó.

No hubo preparación técnica.

No hubo kata.

Su primer impacto fue un golpe seco, directo, lanzado desde el torso con fuerza bruta.

El saco se sacudió violentamente.

Otro golpe.

Y otro.

Su estilo no buscaba estética.

Buscaba impacto.

Ryder no construía combinaciones largas.

Usaba explosiones cortas: puño, giro, rodilla, impacto.

Movimientos rápidos, casi impredecibles.

—Estás rompiendo la estructura del golpe —dije.

Él giró ligeramente la cabeza hacia mí.

—No vine a seguirla.

—Si entrenas aquí, respetas el sistema de Ascend.—Luca avanzó otro paso.

Ryder dejó escapar una pequeña risa.

—El sistema solo sirve cuando alguien no puede adaptarse.

El dojo se tensó.

Incluso el sensei observaba sin intervenir, evaluando cada movimiento como si analizara dos estilos opuestos del mismo arte.

Ryder volvió al saco.

Esta vez sus golpes fueron más medidos, pero igual de intensos.

Un giro corto de cadera, impacto directo.

Un paso adelante, golpe al centro.

Un cambio de ángulo, rodilla ascendente.




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