Amor en el agua

Retorno

Después de ese día Miguel desapareció nadie lo encontraba. Recibieron una noticia que posiblemente se había internado en una clínica para recibir la rehabilitación y someterse a una cirugía. En ese tiempo de ausencia, Rachel se enfrentó a la familia.

-¿Por qué ahora? ¡Nunca vinieron a visitarla! No tienen derecho a nada - espeta enfurecida.

-Venimos a reclamar nuestros derechos. - enfatiza una mujer que conoce solo por nombre como su tía. - tu no tienes nada que hacer aquí, eres una estafadora, engatusaste a Julia para que dejara todo a tu nombre. Aprovechaste su enfermedad, eres de la peor calaña.

-¡Cállese! ¿Con qué moral usted viene a reclamar una moneda de Julia? Si nunca estuvo en los últimos momentos difíciles. No fueron a su entierro. ¡No respetan su memoria! - vocifera - prefiero donar esta fortuna a que ustedes pongan un dedo encima a lo que Julia construyó durante toda su vida. - los abogados detienen la disputa.

-Se enviará el documento a que se verifique sí, la sra. Julia Bianco lo escribió, de no ser así se impondrá una demanda por falsificación y allanamiento. - aclara el Abogado de Rachel. - Nos veremos la semana entrante. - se levantan dejando a la otra parte en discusión y murmullos.

-Eres mejor que el otro Abogado - afirma Rachel.

-Soy el mejor del país, solo espere, cuando los resultados estén listos, pagarán por la humillación que le han hecho a la memoria de la gran sra. Julia Bianco. Ella fue una gran mujer. - dijo antes de alejarse.

Por otro lado Rachel se ocupó de encontrar a Miguel, preguntando a sus antiguos compañeros.

-Vaya, vaya - dicen a sus espaldas - quién diría que la vieja amargada regresaría - Iris se encontraba brillante y sonriente.

-No dejas de ser insoportable - ambas se unen en un abrazo fuerte - te extrañe.

-Obvio - ríe - además sé donde puedes encontrar a tu amor ¿Me citaste aquí por eso? ¿Me equivoco? - una pícara sonrisa se plasma en sus labios.

-Lo admito - suspira - estoy buscándolo - un sonrojo se esparce por sus mejillas.

Chasquea la lengua. - Sigues siendo igual de orgullosa - murmura - en fin ustedes se entenderán - agarra pluma y papel anotando la dirección - Espero que esta vez no huyas o lo dejes ir - logra decir cuando Rachel se marcha. - Porque esta vez no te perdonaré, si lo lastimas de nuevo - llama al bartender - una doble, sabes como me gusta - sonríe.

-¿Qué te ocurre ahora? - entrega el trago.

-Tragando una pena de amor - toma fondo blanco - acepto mi derrota - este le sirve otro trago.

-Las penas se olvidan bailando - sonríe llamando a un reemplazo - vamos - la invita, ella acepta.

Rachel llega a la casa de campo que está a un par de kilómetros de la ciudad. Baja del coche y corre, entrando a la casa sin tocar hallándola vacía, no pierde tiempo y empieza a buscarlo en los alrededores. Dando con él justo en la laguna.

-Miguel - dice yendo hasta él - ¿Por qué te fuiste sin avisar?

Él se mantiene en silencio.

-Miguel.

-No quiero saber que te vas, no quiero saber que no estarás - declara - es mejor que no vuelvas. - finaliza con esa mirada que la hiela.

-No me iré - queda a su altura - voy a quedarme - lo toma de la mano - seré tu respaldo y lamento cada segundo haberme ido sin despedirme - una lagrima corre por su mejilla - estoy aquí para quedarme a tu lado - asegura.

-No quiero tu lastima - se da media vuelta en su silla de ruedas.

-¿Acaso no lo entiendes? - le grita.

Él no se detiene. Ella sola, mirando la laguna, toma una decisión.

Desde el día siguiente Rachel presionaba a Miguel para ir a terapia. Él se negaba y así pasó un mes. En los días siguientes ella dejaba comida sobre su mesa con una nota que él jamás leía. Una tarde él aceptó ir con una condición.

-Si te vas a arrepentir, es el momento, no quiero tu lastima - asegura.

-No me voy a arrepentir. - lo mira muy decidida.

Después de eso todas las semanas juntos iban a la terapia. Pasaron unos meses donde Miguel sufrió una fuerte depresión e impotencia por no sentir y levantarse de esa silla.

Era de tarde, Miguel anduvo en la silla de ruedas por horas hasta llegar a un acantilado, sus manos sudaban, su corazón latía tan fuerte que casi podía sentirlo salir de su pecho. Entonces se preguntó :¿A dónde fue aquel muchacho lleno de vitalidad? Llenó de sueños…

De la nada apareció Rachel corriendo lanzándose hacia él.

-Ni pienses en dejarme - vocifera roja - no aguantaría una partida más - llora - si te vas a lanzar, voy contigo - lo mira a duras penas - una vida sin ti no la quiero - él con sus manos le tapa la boca.

-Eres ruidosa - le lanza una mirada de fastidio - no pensaba hacerlo, solo necesitaba aire - retira sus manos - aunque es tentador si vas conmigo tal vez así, podamos decidir quién es el número uno - sonríe.

-No juegues con eso Miguel - riñe roja - vine corriendo al darme cuenta que no estabas, me asuste, después de que tu… - hace silencio.

-Podré caerme pero sabré levantarme - la mira con sinceridad. - agradezco tu preocupación pero no es necesario que hagas tanto por un desconocido.

-Ahora perdiste la cordura - ríe sin ganas - me importas mucho por eso estoy aquí.

-Estas confundida - asegura. - es mejor que vuelvas por donde te marchaste y no te preocupes sé cual es el camino - sonríe - no me busques más o pondré una denuncia - amenaza.

Y sin importar nada Rachel se avalancha encima.

-En verdad eres un idiota - lo besa con hambre, deseo. Al principio este no respondía por la sorpresa, después los dos se besaron con frenesí. - No vuelvas a alejarme de ti idiota - pegan sus frentes.

-Y no vuelvas a llamarme idiota, sra. Enojona - atrapa sus labios antes que pueda emitir palabra.

Oficialmente eran algo más que amigos.

Vanessa estaba en el hospital dando a luz y todos estaban ansiosos.




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