Amor en Emergencias

Capítulo 5

(Boda cancelada)

Emma

Me encuentro cenando un rico chilcano de pescado. La famosa cancha acompaña la delicia que nuestro mar peruano nos brinda. La gastronomía de Perú es la mejor.

—Mañana es el gran día —dice mi madre.

—Me siento nerviosa.

El televisor se encuentra encendido frente a nosotras. El noticiero que se encuentra en emisión corta y sale en la pantalla “Mensaje a la nación”.

—¿Ahora qué quiere ese presidente? —se queja mi madre.

Subo el volumen para escuchar al mandatario.

Queridos compatriotas, me dirijo a ustedes en una circunstancia difícil. Hemos aprobado en el Consejo de Ministros un decreto supremo que declara el estado de emergencia nacional, que tendrá una vigencia de 15 días calendario.

Implica el aislamiento social obligatorio de nuestra población; se dispone el cierre total de las fronteras. Queda suspendido el transporte internacional de pasajeros por medio terrestre, aéreo, marítimo y fluvial.

Veo a mi madre que poco a poco comienza a desvanecerse. Voy hacia ella para sostenerla antes que caiga en el pavimento.

—Mamá, ¿estás bien? —la sostengo.

No reacciona.

Voy por el botiquín, saco la botella de alcohol. Lo unto en alcohol y le hago oler. Frotó sus manos. Su respiración está un poco desorbitada. Es la primera vez que siento miedo, miedo por perderla.

El silencio se apodera de la sala. Los segundos se vuelven interminables; cierro los ojos por un instante. Cuando los vuelvo a abrir, mi mamá poco a poco vuelve a reaccionar. Doy un respiro profundo.

—Mamá…

Aún no puede pronunciar palabra.

Mido su presión mientras ella recupera el aliento.

—¿Cómo te sientes?

—Un poco mejor —responde.

Sirvo agua en un vaso y se lo doy para que beba. Coge el vaso despacio y da un trago. Su pulso late normal.

—¿Qué fue eso? —pregunta.

Sé que se refiere a lo que acaba de comunicar el presidente.

—Tranquila —paso mi mano por su hombro—. Es solo para prevenir. Solo serán quince días.

—¿Y si eso no sucede? —jadea por la angustia—. Ya viste lo que pasó en esos otros países.

Tomó su mano para darle confort.

—Ya no hablemos de eso, ¿quieres? Mejor vete a descansar.

Ella niega.

—¿Y tu boda?

Sonrió, aunque esa sonrisa no llega a mis labios.

—Hablaré con Gael.

Nadie vuelve a mencionar nada. Le doy una pastilla para que pueda descansar. Subo a mi habitación para marcarle a mi novio, pero al ver mi celular encuentro cinco llamadas perdidas. Le marco y contesta al instante.

El corazón se me encoge al escuchar su voz.

—Hola —pronunció.

—Hola, bonita, ¿viste las noticias?

—Sí… lo lamento. Tendremos que cancelar la boda.

—Sí.

No puedo articular otra palabra. Me siento muy triste, llevaba mucho tiempo esperando mi boda. Tendremos que cancelar todo: invitados, orquesta, la comida, decoración, entre otras cosas. Una breve imagen llega a mi mente: yo de pie ante el altar vestida de blanco.

—¿Estás bien?

—Sí-ii —tartamudeo.

No puedo creerlo.

—Tendremos que esperar quince días —murmura—. Nada va a impedir que seas mi esposa.

Se me escapan algunas lágrimas mientras asiento, sin que él me esté viendo. Imagino su cabello castaño y sus ojos almendrados dándome una sonrisa de consuelo.

—Vamos a estar bien —dice muy firme.

—Confío en ti, Gael.

Me muerdo el labio para evitar que un sollozo salga de mi boca. Respiro lentamente, tratando de tranquilizarme. No es el fin del mundo.

—Iré a trabajar mañana —cambio el tema.

Escucho un suspiro a través del teléfono.

—¿Te llamaron?

—No, pero quiero ayudar —pongo un mechón de cabello detrás de mi oreja—. Estaré más tranquila si estoy haciendo algo que me gusta.

Él no dice nada por varios segundos.

—Si eso te hace feliz. Yo también estaré feliz.

—Gracias. Salúdame con tus padres y lamento mucho lo de la boda.

—Les daré tu saludo. Dale mis disculpas a tu madre.

—Te quiero —digo—. Te extraño mucho.

—Yo igual —ríe—. Haré lo posible para ir a verte.

—Okey, cuídate mucho —me despido.

—Tú también —me copia—. Te amo.

Doy por terminada la llamada. Tiro mi móvil sobre la cama. Recojo las cajas que se encuentran en el suelo y comienzo a ordenar mi habitación.

Subo al tercer piso de mi casa, que como todos es la azotea donde ponemos a secar la ropa. Desde lo alto veo las calles decoradas con los focos de electricidad en plena oscuridad.

Respiro hondo mientras destapo una lata de guaraná y me la llevo a la boca. El líquido pasa por mi garganta provocándome un pequeño temblor.

Presiento que las bulliciosas calles pronto estarán sumidas en el silencio. Seguramente mi madre se encuentra ya dormida. Me pregunto si después de esta crisis sanitaria habrá un poco de empatía por los animales y la naturaleza o seguiremos siendo egoístas y poco humanos.

En mi vida siempre he intentado ser buena persona. Dar al que lo necesita y velar en mi trabajo por la justicia. Quiero de ahora en adelante despertarme por la mañana y dar gracias a Dios por seguir vivos, por poder respirar y amar a quien esté a nuestro lado.

Después de un rato, bajo a mi habitación. Camino en silencio para no despertar a mamá, me quito las sandalias y avanzo descalza, pero decido ir primero por un vaso de agua. Me sirvo un poco en un vaso de vidrio y luego me voy a la cama.

Me tapo con las colchas y me envuelvo como pollito. El día de mañana inicia algo que jamás esperaríamos que sucediera en el mundo.

☘☘☘

Corto mi pan para ponerle la mermelada, mientras Pedro Suárez Vertiz suena en la radio. Estoy hecho un nudo de tristeza porque se supone que el día de hoy se realizaría mi boda.

Me acuerdo cuando Gael me pidió matrimonio; fue en un paseo a la bahía de Chimbote, Isla Blanca Estaban todos nuestros amigos. Él se puso de rodillas en la arena y sacó de su bolsillo una cajita de color rojo con el anillo dentro. Yo estaba supernerviosa porque no me esperaba tal propuesta, pero al verlo ahí, sentí que él era el hombre correcto. No hubo dudas, simplemente nosotros, y sí acepté.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.