Amor en Emergencias

Capítulo 13

(Sombras del destino)

“No existe distinción social; todos somos iguales. Todos somos humanos.”

17 de abril del 2020

El sonido estridente de mi celular hace que abra los ojos rápidamente. Intento encontrar el aparato por todos lados. Hasta que finalmente lo hallo debajo de la cama.

La luz de la pantalla del móvil me ciega por un momento. Es el número de emergencias del hospital.

—Hola, ¿sí? —respondo.

—Doctora, le necesitamos en urgencias —dice alguien a través de la línea—. Es urgente que venga al hospital.

—Está bien —digo, somnolienta, antes de colgar.

Lucho contra las ganas de quedarme dentro de las cobijas.

—¿Qué pasó? —pregunta mi novio.

—Es una emergencia —digo.

Me pongo las pantuflas de oso panda y salgo de la habitación algo adormilada. Doy un bostezo y me froto los ojos. Me cambio el pijama por la ropa blanca de doctora. Elijo las zapatillas más cómodas y cojo mi bolso y salgo de la casa.

Miro la hora en mi celular; son las 5:30 am de la mañana.

No hay muchos taxis a esta hora. Pasan como diez minutos y por fin encuentro un auto que se pone en marcha hacia el hospital.

Dentro del auto me doy cuenta de que olvidé peinarme por la prisa. En pocos minutos llegamos al hospital. Pago mi pasaje y después bajo del taxi; la brisa fría del mar choca contra mi mejilla. Mi cabello se revuelve contra mi cara porque tengo que apartarlo para poder caminar.

Seguridad me saluda y me deja pasar. En el camino me encuentro con algunas enfermeras. Me alejo de ellas y comienzo a trotar por un callejón que conduce a la zona covid. La llovizna comienza a caer. Siempre he creído que esa suave garúa moja más que una tempestad.

Avanzo y veo a Javier junto a más doctoras en la puerta de la zona covid.

—Al fin llegas —gruñe el doctor Javier.

No hago caso a su altanería y me fijo en Vilma y otra doctora.

—Tamara, tú estarás en la intervención —habla Javier—. Laura y Vilma también.

La joven doctora Tamara intenta decir algo, pero es interrumpida por una enfermera.

—¿Y usted, doctor? ¿No va a ingresar con nosotros?

—No —dice tajante.

La enfermera aprieta su mandíbula y sus puños a su costado.

—No quiero menospreciar a la doctora Tamara, pero ella está embarazada. Lo necesitamos a usted, doctor.

Al escuchar que la doctora está embarazada, no dudo en ofrecerme ingresar en su lugar.

—Puedo ingresar yo —digo.

Javier me da una mirada de rabia. Y doy paso hacia atrás.

—Ya les órdenes. Así que obedezcan.

Me volteo para enfrentarme a Javier.

—No somos tus esclavos —digo molesta—. Ella está embarazada.

—Emma. Te recuerdo que tú ya estuviste en turno, así que no te metas.

—¿A quién van a intervenir? —le pregunto a Vilma.

—Al doctor Jorge —dice ella.

—Entonces voy yo —digo.

Esta vez Javier no hace nada para detenerme. Acomodo mi cubrebocas y luego me cubro con el mameluco y el protector facial. Las enfermeras hacen lo mismo.

Adentro de UCI los monitores suenan fuerte. Camino hasta llegar a la habitación del doctor. Vilma me ofrece la hoja de papel donde se encuentra el historial clínico del doctor Jorge.

—Está muy grave —digo, viendo lo evidente—. Necesitamos hacer la cirugía.

Las enfermeras asienten. Muchas de ellas guardan un gran respeto por el doctor. Tomo la mano del paciente, que se encuentra un poco grisácea debido a las horas en cama. Solicito que traigan una camilla.

Colocamos al doctor en la camilla y luego procedemos a realizar el pequeño corte en el cuello. A esto se le llama traqueotomía. La infección del covid-19 se presenta en los pacientes como una neumonía que se vuelve un síndrome respiratorio agudo. Por lo que se necesita realizar una intubación orotraqueal y ventilación mecánica invasiva.

Este procedimiento es sumamente contagioso, ya que exponemos las glándulas salivales y mucosas.

—Yo haré la traqueotomía —dice Javier.

No es momento para objetar, así que me retiro de la sala.

Me retiro los guantes y el protector facial y luego me lavo las manos con agua y jabón. La mayoría de las muertes por este virus son principalmente el aumento de inflamación en los pulmones, también la microangiopatía trombótica sistémica.

Jorge es un médico muy destacado en el hospital; aunque a veces su comportamiento da mucho que hablar de él, aun así, nadie se merece morir. Recuerdo que tuvimos juntos muchas cirugías y también charlas preventivas de diversas enfermedades.

Al cerrar los ojos, lo veo inmóvil en la camilla, su cara y manos hinchadas. Algo irreconocible. El monitor marcaba las ondas algo lentas, como las olas del mar acariciando la orilla de la playa.

Aún siento la sensación de su piel cuando le tomé de la mano. Estaba duro y frío como un témpano de hielo.

—No se rinda, doctor Jorge —digo en voz alta como si lo tuviera en frente.

Javier es un médico cirujano intensivo. Sabe perfectamente cómo realizar la operación. No es necesario que le recuerde lo que tiene que hacer. Sé que es muy pronto que se haya realizado la traqueotomía. Normalmente se hace de las tres a siete semanas de intubación.

Siento un nudo en la garganta por la espera. Siempre me he caracterizado como una persona que mantiene la calma. Todo saldrá bien, me dice mi inconsciente.

Los minutos pasan y las puertas no se abren.

Parece como si el tiempo se hubiera paralizado.

Las demás enfermeras se mueven de un lado a otro con fármacos en las manos, otras con historias clínicas y medicamentos.

Finalmente, mi angustia se da por terminada. Las puertas del quirófano, o mejor dicho de la sala, se abren y veo salir a Javier apresurado. Voy hacia él buscando una respuesta, pero me evade.

Entonces voy hacia la enfermera Vilma, que viene detrás. Ella está cubierta por una mascarilla, un delantal y su característico uniforme turquesa.



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En el texto hay: romance, pandemia mundial, doctora y psicólogo

Editado: 31.07.2026

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