Amor en Emergencias

Capítulo 21

(Mi peor pesadilla)

“La muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida” – André Malraux

Emma

Me duelen demasiado los pies. Apenas abro la puerta de la casa de mi novio, voy directo al baño. Necesito una ducha con urgencia. Hace once días que falleció el doctor Jorge.

Intento disipar los recuerdos.

Dejo que el agua caiga por mi cuerpo. Me cubro la piel con el jabón y después me enjuago. Estar todo el día en zona UCI me pone fatal. Esta ha sido mi rutina al volver a casa: meterme a la regadera y luego tomarme la temperatura.

Cuando salgo del baño, me encuentro a Gael en la cocina con una taza de té de manzanilla. Tiene ojeras y la nariz congestionada.

—¿Sigues igual? —cuestiono.

Él asiente y me pasa la taza. Doy un sorbito y luego habla:

—Esto me pasa por ir a la casa de Sebastián.

—Me estás preocupando, Gael. Ya llevas cuatro días así.

Comienza a toser de forma angustiante. Hace una mueca en su rostro que me permite identificar que algo no va bien.

—¿Te duele?

—Solo me cuesta respirar un poco —dice.

Esto ya no me está gustando; según él es gripe, pero yo creo que es covid.

—Mañana te llevaré al hospital. No te veo bien.

—No, ya se me pasará.

Ruedo los ojos, frustrada.

—No te hagas el fuerte.

Coloco mi mano sobre su frente para sentir su temperatura. Como lo pensé, tiene fiebre porque quema demasiado. Voy por mi termómetro; confirmo mis sospechas. Sus ojos están enrojecidos, su piel pálida y le duele la garganta.

Le doy un paracetamol para bajarle la fiebre; luego lo ayudo a llegar hacia la habitación. Lo meto a la cama y lo arropo con las cobijas.

Tose de manera desesperada como si le dificultara respirar. Después de un rato logra dormirse. El cansancio me gana y también me duermo. Creo que es de madrugada cuando me despierto por la tos de Gael; se encuentra sentado en la cama intentando respirar. Le froto la espalda, pero su malestar sigue.

Lo veo fatal. Creo que esto sobrepasa a una gripe. Así que me cambio de ropa, tomo mi bolso, me pongo mi mascarilla y salgo a la calle en busca de un taxi. El chofer y yo lo metemos en el auto; apenas puede caminar.

Agradezco la ayuda del chofer, porque en ningún momento se rehúsa a ayudarnos. El camino hacia el hospital es tortuoso. No puede respirar, necesita un balón de oxígeno. A lo lejos veo al hospital del papá de Isa y empiezo a calmarme.

Unas enfermeras nos reciben. Lo colocamos en una camilla y en una habitación le colocan el oxígeno. Estoy tan desesperada porque aún no ha abierto los ojos. Me piden que espere en el pasillo. Es la primera vez que experimento esta sensación de perder a alguien por este virus.

Las horas van pasando, ya casi va amaneciendo. Las enfermeras me piden que me vaya, pero me rehúso Si Gael sigue en ese estado y no reacciona, le colocarán la entubación.

¿Qué le diré a sus padres si algo le ocurre?

—Emma —escucho una voz conocida llamarme, me volteo y veo a Isa.

Se encuentra cansada; seguramente vino corriendo. Yo aún sigo llorando.

—¿Cómo está Gael? —pregunta.

—Aún no despierta. No sé si vaya a lograrlo.

—Claro que sí —me anima.

Me limpio las lágrimas. Me acompaña hasta el baño para poder lavarme la cara. Todo el ambiente huele a lejía Hay jabón líquido.

—Tienes que realizarte un descarte —dice Isa.

Por un momento quiero negarme, pero no estoy en posición para eso. Tengo que ser responsable; podría contagiar a más gente.

—Está bien.

Mi amiga comienza a marcar su celular, después de decirle que Sebastián también está contagiado. Se aleja para conversar un rato y luego regresa.

—Vamos —dice—. Te llevaré a hacer la prueba.

La verdad, no he sentido ningún síntoma, pero eso no quiere decir que no tenga el virus. Me llevan hacia una carpa dentro del hospital; me doblo la casaca mostrando el brazo. Luego me amarran una liga alrededor del brazo y proceden a colocarme la aguja y a sacarme la muestra.

Tengo que esperar por los resultados.

Isa me permite ver a Gael. Me coloco a su lado. Y comienzo a hablarle de todo lo que hemos pasado. No pierdo la esperanza de que me escuche. Todos los exámenes que le realizaron a él desde la madrugada dieron positivo a COVID-19. No quiero imaginar cómo se encuentran sus pulmones. He visto las consecuencias de este mal.



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En el texto hay: romance, pandemia mundial, doctora y psicólogo

Editado: 22.08.2026

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