Amor en Emergencias

Capítulo 25

(Entre la vida y la muerte)

Emma

—¿Esto es normal? —pregunta Vilma.

—¿Qué cosa? —cuestiono.

Mis ojos están puestos en el monitor.

—El paciente se está moviendo —dice de forma apresurada—. Está moviendo sus dedos.

Giro la cabeza rápidamente; por poco me disloco el cuello. Grande es mi sorpresa, porque tiene razón: el paciente mueve sus dedos.

UCI, la llaman el punto entre la vida y la muerte.

¿Esto es real?

—Está reaccionando —digo.

Marcelo se encuentra con la sonda en sus manos.

El paciente aún se encuentra conectado al respirador artificial.

Abre los ojos lentamente; el señor parece desorientado. Está perdido en el tiempo; sus ojos se entreabren y cierran; debe ser por las luces intensas. Su cuerpo se siente pesado.

—Tranquilo, señor —trato de calmarlo—. Todo está bien, acaba de despertar.

Sus párpados están pesados; dolor, confusión y tristeza veo en sus ojos.

La vida después de la muerte.

Observo su mano; creo que él, al igual que yo, no se dio cuenta de que puede moverla.

—Oh, esto —le muestro el cablecito que está conectado a su mano—. Tranquilo, lo peor ya ha terminado.

Niega con la cabeza y de sus ojos comienzan a brotar lágrimas.

—Ya está a salvo, señor —lo reconforta la enfermera.

—Vamos a quitar la intubación.

Me aseguro de que el paciente se encuentre respirando de manera estable; le pido que respire profundo y luego exhale. Succionamos las secreciones, desinflamos el manguito del tubo y se lo retira despacio.

Los enfermeros me ayudan en todo momento.

Es un milagro que el señor se encuentre con vida. Las oraciones del padre hace un rato funcionaron.

Dios, funcionaron.

El pecho del paciente sube y baja. Empieza a mover la otra mano.

Aún parece confundido.

—Le voy a pedir que mueva su mano respondiéndome las preguntas. Cuando responda sí, va a cerrar la mano; sin embargo, si responde no, mantiene la palma cerrada.

Él asiente.

—¿Recuerda cómo se llama?

Los tres trabajadores de la salud observamos su respuesta. Despacio va cerrando su mano en un puño.

Vilma deja escapar un suspiro contenido.

—¿Sabe por qué se encuentra aquí?

Esperamos un momento, mueve los dedos, pero no los cierra.

Es normal que un paciente que ha despertado de UCI no sepa dónde y por qué se encuentra ahí. Ira recordando poco a poco.

—¿Tiene familia?

Suavemente va juntando sus dedos hasta cerrarlos.

—Necesito que no se mueva; usted estuvo en cuidados intensivos debido al covid-19. Llegó hace un mes aquí. Estamos orgullosos de que usted haya vencido a la muerte.

Sus ojitos negros intentan procesar lo que le acabo de decir. Hay miedo en su mirada.

—Sus familiares van a estar muy contentos cuando sepan que ya despertó —dice mi compañero.

—Diles a los de administración que se pongan en contacto con sus familiares.

—Está bien —pronuncia, antes de abandonar la habitación.

—Señor, usted es un valiente —la enfermera Vilma le toma la mano al paciente—. Ahora debe recuperarse.

—Lo hizo —le digo, sonriendo.

—Es un valiente —murmura ella, apoyándose contra la pared y mirándome.

Salvar a alguien me hace feliz más que un montón de diplomas.

Nuestra pequeña celebración se ve interrumpida por el rechinar de la puerta. Ahí está Verónica de pie frente a nosotros. Nos echa una mirada curiosa.

—Es verdad —susurra—. El señor Wily está despierto.

Aspira, y luego hace una pausa.

—¿Él está bien? ¿Le presenta algún trauma?

Sacudo mi cabeza.

—No, él está bien —la calmo.

Sus ojos se encuentran con los del señor. Él parece recordarla, intenta moverse, pero lo detenemos.

—¿Te conoce? —pregunto.

—Sí, fui la que le atendió cuando lo ingresaron.

Me cuenta cómo sus familiares tuvieron que despedirse, cómo ella y otros médicos pensaron que no despertaría.

Nos comenta que intentaron despertarlo dos veces, pero en ninguna logró reaccionar. Ellos ya habían perdido las esperanzas; incluso su familia dejó de llamar como en los primeros días.

Paso por delante de ellas, empujando a través de la pesada mesita de medicamento. Me acerco al monitor a observar que los números sean los correctos y que el aire fluya normal en los demás pacientes.

—Realízale una tomografía —la escucho hablar detrás de mí.

—Lo haré en un momento.

—Yo iré por el especialista —se ofrece Vilma y asiento.

Todas las personas con esta enfermedad podrían haber tenido más posibilidades, pero es increíble que con un historial de fibrosis pulmonar haya salido de la UCI.

—Es un verdadero milagro —dice Verónica.

Claro que sí. Los milagros existen. La vida humana es un milagro.

❀❀❀

Hola, ya estamos por finalizar la historia. Gracias a las personas que me están apoyando.



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En el texto hay: romance, pandemia mundial, doctora y psicólogo

Editado: 22.08.2026

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