La estación giraba lentamente alrededor de la Tierra.
Todo parecía en calma…
hasta que dejó de estarlo.
Una alarma silenciosa parpadeó en rojo.
Sin sonido.
Sin advertencia.
Solo luz.
Elías fue el primero en notarlo.
Revisó el panel.
Su expresión cambió de inmediato.
Grave.
Muy grave.
Tomó la libreta y escribió rápido, casi con presión sobre el papel.
Se impulsó hacia Luna y le mostró la hoja sin rodeos:
“Fuga de oxígeno en el módulo secundario.”
Luna abrió los ojos.
Miró hacia el pasillo oscuro que conectaba con esa sección.
Luego volvió a él.
Sin dudar, tomó el marcador.
“¿Cuánto tiempo?”
Elías respondió de inmediato:
“2 horas. Tal vez menos.”
El silencio volvió.
Pero esta vez…
pesaba más.
Luna se impulsó hacia el módulo dañado.
Elías la detuvo sujetando su brazo.
Ella se giró, molesta.
Él escribió rápido, casi encima de la hoja anterior:
“Es peligroso.”
Luna no dudó en responder.
“Morir aquí también lo es.”
Se soltó.
Y avanzó.
Elías apretó la libreta.
Frustrado.
Pero fue tras ella.
El módulo secundario estaba parcialmente oscuro.
Fragmentos flotaban.
Un pequeño agujero en la pared expulsaba aire en forma de una corriente invisible… pero mortal.
Luna se acercó.
Sacó un parche de emergencia.
Intentó colocarlo.
Pero la fuerza del aire la desestabilizó.
Chocó contra la pared.
Elías reaccionó rápido.
Se impulsó hacia ella y la sujetó antes de que se golpeara otra vez.
Por un segundo…
quedaron muy cerca.
Demasiado cerca.
Sus cascos casi se tocaron.
Sus miradas se cruzaron.
Sin palabras.
Sin notas.
Solo respiraciones dentro de sus trajes.
Elías sacó la libreta con una mano, sin soltarla.
Escribió torpemente por la posición:
“Yo sostengo. Tú sellas.”
Luna lo leyó.
Asintió.
Esta vez… confiando.
Trabajaron juntos.
Coordinados.
Él estabilizándola.
Ella colocando el parche.
Segundo a segundo.
Hasta que—
El flujo de aire se detuvo.
Silencio otra vez.
Pero distinto.
Más tranquilo.
Luna soltó el parche lentamente.
Luego lo miró.
Sacó la libreta.
Escribió con calma.
Más suave que antes.
“Buen trabajo… compañero.”
Elías leyó.
Y por primera vez…
una pequeña sonrisa apareció.
Muy leve.
Casi invisible.
Tomó el marcador.
Pensó unos segundos.
Y respondió:
“No estuvo mal… piloto.”
Ambos regresaron al módulo principal.
Más cansados.
Pero vivos.
Antes de separarse, Luna lanzó un último papel.
Elías lo atrapó.
Lo abrió.
Y esta vez… tardó más en reaccionar.
“Creo que hacemos buen equipo.”
Elías levantó la mirada.
Ella ya no estaba mirándolo.
Flotaba hacia otro lado.
Como si no esperara respuesta.
Pero él…
guardó ese papel también.