Amor en guerra

Capitulo 2

Kael

El silencio nunca es real en la guerra.

Siempre hay algo. Un grito ahogado en la distancia. El crujir de la madera. El eco de disparos que ya no sabes si están ocurriendo… o si se han quedado atrapados en tu cabeza.

Apoyo las manos en la mesa, inclinándome ligeramente hacia adelante. El mapa sigue ahí, igual que hace horas. Como si el tiempo no avanzara para nadie más.

Pero para mí sí.

Siempre avanza.

—Kael —la voz de mi padre rompe el silencio, firme y autoritaria—. Eldoria no caerá por la fuerza solamente. Tenemos que movernos con inteligencia.

Asiento, manteniendo la mirada sobre el mapa extendido sobre la mesa.

—Si logramos que algunos de sus líderes se vuelvan contra su propia ciudad, podremos entrar sin derramar demasiada sangre —digo, señalando un pequeño camino cerca de la frontera norte—. Allí hay familias que odian a la corona. Podrían ser persuadidas si saben aprovecharlo.

Mi padre se inclina sobre el mapa, sus dedos siguiendo rutas y puertas traseras.

—Correcto —responde—. Pero no basta con comprar su lealtad. Necesitamos saber quién dentro de Eldoria les está apoyando de verdad. Ese periodista que publica artículos defendiendo a su ciudad… —su mirada se clava en mí—. Debemos descubrir quién es y cortar la influencia antes de actuar.

Asiento.

— Descubriremos quién es la persona que escribe esos artículos— digo con firmeza—.

—Sí —responde mi padre —. Cuando averigüemos quién es, lo ejecutaremos y empezaremos a movernos.

Se inclina sobre el mapa, señalando varias rutas y puntos estratégicos.

—Estos caminos —dice, golpeando suavemente la mesa— serán nuestras rutas de entrada si logramos que los líderes cambien de bando. Los guardias se retirarán, las puertas estarán abiertas, y nosotros podremos tomar la ciudad sin enfrentarnos a sus soldados

—Y si alguno se resiste —agregó—, los eliminamos sin alertar a los demás. Nadie sabrá que estuvimos allí hasta que Eldoria ya no tenga oportunidad de atacar.

El asiente, complacido.

—Exactamente. Pero primero necesitamos información concreta. Debemos identificar al periodista, rastrear a sus contactos, ver quién lo financia. Todo. Cada detalle puede ser usado a nuestro favor.

Miro el mapa otra vez, repasando mentalmente los puntos débiles de la ciudad.

—Mañana enviaremos mensajes discretos—continúo—. Si Eldoria cae desde dentro, nuestra entrada será limpia y rápida.

— Bien, entonces tú serás el que se encargue de ese periodista— dijo mi padre mirándome—.

Asiento

Mi padre también asiente y salgo del despacho

El pasillo queda en silencio cuando la puerta del despacho se cierra a mi espalda. Un silencio denso, casi solemne.

Camino despacio hasta llegar al vestíbulo donde veo a mi madre salir

Se detiene al verme.

—Kael —dice con suavidad.

Inclinó levemente la cabeza, en señal de respeto.

—Madre.

Hay un breve silencio y sus ojos se detienen en los míos, analizándome.

— ¿Pasó algo? —pregunta mi madre preocupada—.

— No pasa nada madre, solo ha sido un día largo y pesado —respondo tratando de no preocuparla —.

— Cariño, no deberías exigirte tanto— dijo mi madre suspirando—, No quiero perder a otro hijo por esta maldita guerra.

Un nudo se forma en mi garganta

— No pasará — digo con firmeza—.

Mi madre me observa en silencio tras mis palabras.

No parece convencida.

Nunca lo está cuando intento tranquilizarla con certezas que, en el fondo, ni yo mismo puedo garantizar.

Sus dedos rozan mi mejilla con suavidad

—Eso mismo dijo tu hermano…

El aire se vuelve más pesado.

No respondo.

No puedo.

Aparte la mirada por un instante, pero ella no me lo permite. Su mano se posa bajo mi barbilla y me obliga a mirarla de nuevo.

—No quiero volver a enterrar a un hijo, Kael.

Su voz no tiembla… pero está al borde de hacerlo.

Respiro hondo.

— No pasará —repito, esta vez más bajo, pero igual de firme—. No voy a cometer los mismos errores. No permitiré que vuelvas a pasar por eso.

Mi madre sonríe.

Pero no es una sonrisa tranquila… es una que nace del miedo y del amor al mismo tiempo. Las lágrimas resbalan por sus mejillas sin que intente detenerlas.

—Está bien, cariño… —susurra, llevando su mano a la mía—. Pero ten mucho cuidado.

Aprieto sus dedos con suavidad.

—Siempre lo tengo.

Ella niega levemente, como si supiera que eso no es del todo cierto.

— No… tú solo sabes sobrevivir —dice con una tristeza serena—.

Aprieto ligeramente la mandíbula.

Suavemente, retiro mi mano de la suya.

Desvío la mirada.

—¿Dónde está el comandante Cedric? —preguntó al fin, con un tono más frío, más controlado… cambiando el rumbo de la conversación sin pedir permiso—.

Mi madre lo nota.

Sus ojos se detienen en mí con una mezcla de resignación y preocupación.

Pero no insiste.

—En la casa de su familia… donde están los Eldorianos —responde finalmente, con voz baja—.

Asiento despacio, procesando cada detalle.

La casa de su familia.

—No me fío de él —murmuro, más para mí que para ella.

Mi madre no responde de inmediato.

Mi madre guarda silencio unos segundos. Los suficientes para que la tensión vuelva a instalarse entre nosotros.

Cuando habla de nuevo, su voz apenas es un susurro.

—Kael… no conviertas esto en algo personal.

Alzo la mirada.

—¿Y si ya lo es?

Mi madre se queda inmóvil ante mi respuesta.

Doy un paso hacia ella con firmeza

—Cedric está jugando a dos bandos —continúo, con calma contenida—. Protege a esa familia… y al mismo tiempo ataca a su pais, no me creo nada de lo que ese comandante nos diga.

—Kael, hijo mío… su propia patria lo traicionó por la espalda, casi lo matan en esa guerra —susurra mi madre, con un hilo de voz cargado de pesar—.




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