Amor en guerra

Capitulo 3

DAHLIA

Odio a mi padre.

No debería hacerlo, a pesar de todo lo que nos hizo es mi padre, pero no puedo evitarlo.

Odio cada vez que viene a nuestra casa para intentar arreglar las cosas o ganarse de nuevo nuestra confianza y más odio cuando mi hermana se deja manipular asi, sin mas por el.

— Papa se acaba de ir — dijo Haelyn entrando—.

Suspiro de alivio, sin levantar la vista del papel mientras escribo

— Ya era hora de que se fuera

Mi hermana se sienta al lado mio

— Hermana no seas así con nuestro padre —dijo replicando—.

Me volteo hacia ella enfadada

— Y como quieres que sea? Él nos traicionó. Traicionó a su familia y a su patria —digo entre dientes—.

— No seas tan rencorosa, es nuestro padre respetalo aunque sea un poco —dijo fulminandome con la mirada—.

Aprieto la pluma con fuerza que casi cruje entre mis dedos. La tinta se derrama un poco sobre el papel, pero no me importa.

—¿Respetarlo? —repito, alzando la voz—. ¿Después de todo lo que ha hecho? ¿Después de abandonarnos cuando más lo necesitábamos?

Haelyn se levanta de golpe, la silla chirría contra el suelo.

—¡No nos abandonó! —responde, furiosa—. Hizo lo que creyó correcto.

Me levanto también, enfrentándola. La rabia me quema por dentro.

—Y eso es lo correcto? Abandonarnos cuando más lo necesitábamos? —escupo—. Siempre lo defiendes como si fuera un héroe.

Haelyn niega con la cabeza, frustrada.

—Tú siempre lo ves como un villano porque es más fácil aferrarte al rencor que intentar entender lo que pasó de verdad.

Suelto una risa seca, sin humor.

—¿Entender qué? ¿Que eligió otra cosa antes que a nosotras?

—¡No lo sabes! —me corta, dando un paso hacia mí—. No sabes lo que tuvo que sacrificar. No sabes lo que le costó irse.

—Pues claro que no lo sé —respondo, alzando aún más la voz—. ¡Porque nunca se quedó para explicarlo!

El aire entre nosotras se vuelve denso.

—Eres injusta —dijo Haelyn, clavándome la mirada—. Estás tan cegada por el odio que no ves nada más.

—Y tú estás tan desesperada por seguir queriéndolo que te inventas razones para perdonarlo.

Sus labios tiemblan, pero no retrocede.

Nos quedamos mirándonos, clavadas la una a la otra, como si ninguna estuviera dispuesta a ceder.

La puerta se abre de golpe.

—¿Qué está pasando? ¿A qué vienen esos gritos? —pregunta mi madre, entrando apresurada y mirándonos a ambas con preocupación—.

Ninguna responde al principio. El aire aún vibra con la discusión.

—Pregúntaselo a tu hija —dijo Haelyn con frialdad, sin apartar la mirada de mí—.

Antes de que pueda responder, se gira bruscamente y se marcha. Sus pasos resuenan por el pasillo hasta que cierra la puerta con fuerza.

Mi madre suspira, cansada, y vuelve la vista hacia mí.

—Dahlia… —dijo con preocupación y advertencia—. Quiero saber qué ha pasado. Ahora.

Aprieto los labios. Durante unos segundos, dudo… pero la rabia sigue demasiado presente como para callarme.

—¿Quieres saberlo? —respondo, cruzándome de brazos—. Perfecto. Ha empezado porque, como siempre, Haelyn ha salido a defender a papá.

Mi madre cierra los ojos un instante.

—No empieces otra vez con eso…

—No, escúchame tú ahora —la interrumpo—. Estoy cansada. Cansada de que todos finjáis que lo que hizo no fue para tanto. Se fue. Nos dejó. Y nadie dice nada.

—No es tan sencillo —responde, más seria—.

—¡Claro que lo es! —alzo la voz—. Eligió irse antes que quedarse con su familia. Traicionó a toda su Patria cuando más lo necesitábamos

—Basta —dijo mi madre con firmeza.

Parpadeo, sorprendida por el tono.

—No —continúo, incapaz de parar—. Y encima tengo que escuchar a Haelyn decirme que lo respete. ¿Respetarlo? ¿Después de todo?

—He dicho basta, Dahlia.

Pero ya no puedo detenerme.

—¿O qué pasa? ¿También vas a defenderlo tú? ¿Como siempre? Porque parece que aquí la única que ve la realidad soy yo.

El sonido de una bofetada rompe el aire.

Todo se queda en silencio.

Tardo un segundo en reaccionar. El ardor en mi mejilla llega después.

Mi madre me mira, respirando hondo, con la mano aún en el aire… como si ni ella misma se creyera lo que acaba de hacer.

—No vuelvas a hablar así —dice, con la voz temblando pero firme—. Ni de tu padre… ni de esta familia.

—Estás castigada —continúa—. Sin salir de casa durante una semana. Y no quiero verte discutiendo con tu hermana otra vez.

No digo nada simplemente me quedo en silencio con la mano en la mejilla y mirando al suelo.

Mi madre no dice nada más y sale de mi habitación cerrando con llave

Me quedo de pie unos segundos, sin moverme, mirando a la nada.

Luego avanzó hasta la cama y me siento en el borde.

Sigo sin decir nada.

Pero mis manos, apoyadas sobre mis rodilla tiemblan ligeramente.

Y aunque no sale ni una sola palabra de mis labios

mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas.

Después de varios minutos me limpio las lagrimas y me obligo a levantarme.

Me siento de nuevo en la silla y empiezo a escribir.

Mi mundo se puede desmoronar pero no puedo dejar de luchar por mi patria.

Con las manos temblando y los ojos rojos de llorar escribo.

“Hoy, mientras observo el mundo que nos rodea, no puedo dejar de pensar en nuestra tierra, herida pero orgullosa. No somos solo los errores de quienes nos gobiernan ni las sombras que buscan debilitarnos. Somos la fuerza de un pueblo que se levanta, que lucha, que se niega a rendirse. Cada calle, cada hogar, cada historia de sacrificio nos recuerda que nuestra patria es más que aquellos que la traicionan. Es nuestra sangre, nuestras raíces y nuestros sueños.”

Sollozo mientras escribo, pero no detengo mis manos.

“Quienes hoy abandonan sus deberes, quienes traicionan lo que deberían proteger, no pueden definirnos. Nosotros, los que seguimos creyendo en nuestra tierra, debemos ser su voz. Debemos recordar que la lealtad no es una palabra vacía, sino un acto de valor. No se mide por la ausencia de errores, sino por la fuerza con la que nos levantamos frente a ellos. Nuestra nación, aunque golpeada, no está perdida. Mientras haya quienes la defiendan con el corazón, seguirá viva.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.