KAEL
Abro los ojos de golpe, sintiendo como la luz me quema
Todo es blanco.
Parpadeo varias veces, desorientado, intentando enfocar algo de donde sea que estuviese, pero lo único que veo es un techo liso y frío. Un pitido constante rompe el silencio y entonces me percato de que estoy en una habitación.
Intento moverme, pero un dolor agudo me atraviesa el costado y me obliga a quedarme quieto. El aire se me escapa en un jadeo seco.
Y entonces lo recuerdo; El humo, los disparos, la sangre…
La puerta se abre de un leve chirrido, giró la cabeza con esfuerzo, sintiendo cómo todo me da vueltas, y entonces veo a una enfermera entrar.
—…Has despertado.
Su voz es suave
Durante un segundo pienso que sigo soñando. Su silueta se recorta contra la luz del pasillo, el cabello ligeramente desordenado, el rostro tenso… como si llevara horas sin descansar.
—No te muevas —añade rápidamente al ver que intento incorporarme—. Tienes suerte de estar vivo.
Trago saliva, la garganta seca.
—¿Dónde… estoy…?
—En el hospital —responde, acercándose a la cama—. Llegaste hace dos noches.
¿Dos… noches?
Frunzo el ceño mirandola.
—Te trajo mi padre al hospital, tuvisteis una emboscada ¿recuerdas? Perdiste mucha sangre,si no hubieran llegado a tiempo… —niega con la cabeza—. No habrías aguantado.
La observo mejor y entonces me percato. Ella es Haelyn, hija del comandante Cedric y hermana de Dahlia.
—Haelyn… —mi voz sale rasgada.
Ella asiente levemente.
—Vaya momento para reconocernos.
Trago saliva, notando la garganta seca.
—Mis padres… —murmuro—. ¿Saben que estoy aquí?
Haelyn no responde de inmediato. Su mirada vacila un segundo.
—Sí —dice al final—. Mi padre se encargó de avisar en cuanto llegaste
Exhalo despacio, sin darme cuenta de que estaba conteniendo el aire.
—¿Han venido…?
—Han estado aquí —responde—. No se han movido prácticamente desde que ingresaste.
El silencio se instala entre nosotros, solo roto por el pitido constante de la máquina.
—Descansa —dice ella al cabo de unos segundos—. Tu cuerpo aún está—
La puerta se abre de golpe y veo a mi madre entrar echa un mar de lágrimas
—Cariño… —su voz se rompe al llegar a mi lado.
Siento sus manos en mi cara, temblorosas, como si necesitara asegurarse de que soy real.
—Estás despierto… estás despierto…
No sé qué decir
No puedo
—Pensé que… —su respiración se entrecorta—. Pensé que te perdía.
Trago saliva, notando un nudo en la garganta.
—Madre…
Es lo único que consigo decir.
Ella deja escapar una risa ahogada entre lágrimas, inclinándose para apoyarse contra mí con cuidado, como si tuviera miedo de hacerme daño.
Detrás de ella, Haelyn se aparta en silencio, dándonos espacio.
Los días siguientes pasan casi sin que me dé cuenta.
Estuve 3 días en el hospital hasta que finalmente me dieron de alta pero tuve que quedarme en cama casi una semana entera.
Mi madre durante esa semana no se separó de mi ni un momento, despertaba y lo primero que veía era a ella.
A veces se quedaba en la silla dormida, otras veces la pillaba mirándome con lágrimas en los ojos.
Me sentía mal.
No soportaba ver asi a mi madre, no soportaba que yo fuera el responsable de aquellas lágrimas, no soportaba tener que haberla hecho pasar por lo mismo que pasó hace años con la muerte de mi hermano.
Me incorporo despacio en la cama, apoyándome con cuidado mientras el dolor del costado protesta
No quiero seguir aquí tumbado
—-Iré al hospital, hoy es la revisión
Mi madre me ayuda a incorporarme
—Está bien hijo, iré contigo—dijo preparándose para salir de la habitación—.
Le agarro del brazo con firmeza, evitando que salga
—Iré yo solo madre, algunos soldados me acompañaran
Mi madre me mira con preocupación, pero antes de que vuelva a hablar la interrumpo
—-Estaré bien—digo con firmeza.
Mi madre finalmente asiente y me ayuda sujetándome hasta llegar al coche,donde me esperaba uno de los soldados
El coche avanza por las calles hasta que, tras unos minutos que se sienten eternos, se detiene frente al hospital.
Al entrar al hospital me dirijo hacia la sala de urgencias, pero al doblar hacia la derecha chocó contra una enfermera, alzó la mirada y veo a Dahlia. No la veía desde que tuve el accidente.
—-Comandante, está buscando algo?—-preguntó ella casi con burla—-.
La miré de arriba a bajo durante unos momentos en silencio
—-Necesito que cambies la venda de la herida— respondí con la misma burla—.
Ella se queda unos momentos en silencio, como si estuviera pensando en si ayudarme.
—- Llamaré a mi madre, ella podrá hacerlo
Trata de irse pero le detengo el paso
—-Prefiero que tu me cambies la venda—- sugiero aunque suena más como una orden—- No eres enfermera?, estoy seguro que puedes manejar esto, como manejas muchas otras cosas—continuó—.
Dahlia me mira con molestia pero finalmente asiente.
—-Esta bien, pase por aqui, yo ire a por la venda, no tardare— dijo señalando la puerta de la sala—.
Asiento con una sonrisa satisfecha y entró a la sala.
Me siento en la camilla mientras me desabrocho la camisa, al quitarla roza contra mi herida haciendo que suelte un jadeo de dolor. La herida está mucho mejor que hace 1 semana, incluso podría decir que está cicatrizando pero aun el dolor es casi insoportable.
Escucho la puerta abrirse y entra Dahlia con una bandera llena de vendas y desinfectantes, al verme con el torso descubierto se queda unos minutos en silencio mirando hacia donde tengo la herida.
Sonrió al verla.
—-Te impresionan mis heridas? O te impresiono yo, enfermera?—- pregunto con un deje de burla
Dahlia se queda en silencio unos minutos más, hasta que se acerca ami dejando la bandeja a un lado