DAHLIA
Tengo que tener más cuidado.
Kael ya está sospechando sobre mí, tengo que hacer algo para que él no descubra que soy yo la que escribe los artículos. Han pasado dos días después de nuestro encuentro en el hospital y desde entonces no para de vigilarme.
Aprieto la pluma entre mis dedos y bajó la vista hacia las hojas extendidas sobre el escritorio. Las mismas palabras llevan escritas desde la mañana, no puedo escribir sin pensar en la amenaza de Kael.
Si me descubre, no solo caeré yo. Caerán todos.
Doblo con rapidez las páginas y las escondo dentro del cajón del escritorio
La puerta se abre sin previo aviso.
—Buenos días, hija—dijo mi madre nada más entrar—.
Levanto la mirada hacia ella, tratando de disimular una sonrisa
—-Buenos días, madre
Mi madre se detiene a mirarme con el ceño fruncido al ver mi sonrisa forzada
—-El desayuno ya esta listo, vamos, nos están esperando
Asiento y salgo detrás de ella
Bajamos las escaleras hacia la enorme mesa en la sala y me siento al lado de mi hermana.
—Buenos días —dice el padre de Kael, inclinando ligeramente la cabeza.
Mi madre responde con la misma formalidad, mientras yo solo les dedico una sonrisa forzada
—Buenos días
Me acomodo en la silla, incómoda evitando mirar a alguno. Todas las mañanas es lo mismo, solo silencios tensos e incómodos, no soporto estar más en esta casa
El padre de Kael, Draven carraspea y corta el silencio
—Esta noche tendremos invitados, organizaremos una celebración, y si ustedes lo desean, como familia del comandante Cedric, nos gustaría que asistieran.
Hizo una breve pausa, dejando que sus palabras se asentaran en la mesa como una invitación que también parecía una orden velada.
—Sería un honor contar con vuestra presencia.
Mi madre asiente valorando la propuesta antes de responder.
—Agradecemos la invitación —dijo con voz firme—. Asistiremos con gusto.
Mi hermana sonríe satisfecha, dándome un pequeño codazo
Dejo la taza con mas fuerza de la necesaria en la mesa
—¿Una invitación? Qué honor. ¿También habrá música mientras siguen registrando casas?
—Dahlia—mi madre me lanza una mirada de advertencia—-.
—No pienso ir
—Vas a ir —dijo mi padre con firmeza— Quieras o no.
Miro a mi padre molesta
—-No decidiras por mi, padre, no iré y no me obligaras a ir—-digo con decisión—-.
Me levanto de la mesa y me voy sin mirar atrás
Al salir, camino sin rumbo pasando por el mismo callejon que conozco perfectamente, asegurandome de que nadie me siga. Camino con decisión, girando por un camino estrecho y golpeo tres veces la puerta de madera.
Unos minutos despues, por fin uno de los chicos me abre
—Por fin. Pensábamos que Kael Blackthorn te había encerrado.
—Todavía no ha tenido esa suerte.
Cierro la puerta y me acerco a la mesa.
—¿Qué ocurre? Alguna noticia?—pregunto mirandolos—-.
Uno de ellos carraspea levantandose de la silla
—El viceprimer ministro de Kryndor llega esta noche.
Mi expresión se endurece.
—Por eso esta noche habra una celebracion?
Amir asiente apoyando las manos en la mesa
—-Viene de visita para asegurarse de que todo siga bien, pero no solo eso, tambien trae nuevas órdenes. Refuerzos, más registros… y probablemente una lista de nombres.
—¿Qué nombres?
—Los soldados de Eldoria—responde Liora en voz baja—. O los de cualquiera de nosotros que consideren una amenaza.
El aire se vuelve más pesado.
Bajo la mirada hacia el papel sin leerlo realmente.
—Así que vienen, brindan… y luego arrasan con todo.
—Básicamente —dice Amir.
El silencio cae sobre nosotros durante unos segundos.
Siento cómo la rabia crece en segundos
—Entonces habrá que darle la bienvenida como se merece.
Ambos levantan la vista al mismo tiempo.
—No me gusta ese tono —murmura Liora.
—Ni a mí —añade Amir—. Dahlia, ni se te ocurra.
Alzo la cabeza, mirándolos con firmeza.
—Estoy invitada.
—Precisamente por eso no puedes hacer nada —responde Amir—. Te estarán observando.
—Siempre me están observando.
—Esta vez es diferente —insiste—. Está Kael, y el ya sospecha de ti.
Su nombre cae como una advertencia.
Aprieto la mandíbula.
—-Me asegurare de que él no sospeche nada, tendré cuidado—digo con confianza—-.
—¿Y después qué? —pregunta Liora—. ¿Esperas salir de allí sin consecuencias?
La miro en silencio unos segundos.
—Se que habra consecuenciasm, pero si nadie habla, ellos ganaran —digo al final, más bajo, pero más firme—. Y no pienso darles eso también.
Amir suspira, pasándose una mano por el cabello.
Recojo la capucha y me la coloco de nuevo.
—-Nos vemos mañana
Digo y salgo cerrando la puerta.
El aire de la calle me golpea el rostro en cuanto regreso al exterior. Camino deprisa entre los callejones, con la cabeza llena de pensamientos que chocan entre sí. Cada paso hacia casa se siente más pesado que el anterior.
No debería ir.
Es una locura.
Kael me observará. El viceprimer ministro estará rodeado de guardias. Bastará un error para arruinarlo todo.
Y aun así… voy a ir.
Cuando entro en casa, veo como criados corren de un lado a otro, arreglando flores, puliendo bandejas de plata, encendiendo lámparas.
Subo directamente a mi habitación.
Cierro la puerta tras de mí y me dirijo hacia el armario, pero me quedo inmóvil unos segundos frente al armario, viendo todos los vestidos.
—Ridículo… —murmuro.
Mis dedos recorren las telas hasta detenerse en uno color rosa claro, sencillo pero elegante, con detalles bordados en las mangas. Lo saco y lo dejo sobre la cama.
Veo el vestido con el ceño fruncido y veo como la puerta se abre
—-No era que no ibas a ir?—pregunto Haelyn al ver el vestido—.