Amor en juego

Capítulo 13 Elegir quedarse

El reencuentro no fue inmediato.

Y eso fue lo que lo hizo real.

Pasaron días después de esa confesión. Días sin mensajes largos, sin promesas, sin declaraciones grandiosas. Solo pequeños gestos: un “¿llegaste bien?”, un “estoy escribiendo”, un “hoy me costó, pero no huí”.

Y eso significaba más que cualquier discurso.

Nos vimos de nuevo una semana después, en casa. La misma casa que había sido escenario de silencios, de discusiones contenidas, de despedidas incompletas.

Caleb entró despacio, como si temiera romper algo.

—Si querés que me vaya, decímelo —dijo.

Negué con la cabeza.

—Quedate.

Nos sentamos en el sillón. No nos tocamos al principio. Había respeto. Cuidado. Una conciencia nueva de que el amor no es urgencia, sino presencia.

—Fui a terapia —dijo de repente.

Lo miré sorprendida.

—No porque me lo pidieras —aclaró—. Porque entendí que no quiero seguir viviendo como si todo lo bueno tuviera fecha de vencimiento.

Sonreí, con los ojos llenos de lágrimas.

—Eso es quedarse —susurré.

Me miró.

—Tengo miedo —admitió—. Miedo de volver a fallar. De lastimarte. De perderte.

Me acerqué y apoyé mi frente contra la suya.

—Yo también tengo miedo —respondí—. Pero quedarme con miedo sigue siendo quedarme.

Sus brazos me rodearon con cuidado, como si yo fuera algo frágil y valioso a la vez.

El beso fue lento. Diferente. No fue desesperado ni urgente. Fue consciente. Un sí dicho sin palabras.

Esa noche, lo vi abrir su computadora.

—Quiero mostrarte algo —dijo.

Era el final del juego. Lo había cambiado otra vez.

El protagonista se quedaba. No porque todo fuera perfecto, sino porque entendía que huir no lo salvaba. Elegía amar aun sabiendo que podía doler.

—Nunca escribí algo así —dijo—. Me da terror.

—Entonces vale la pena —respondí.

Se giró hacia mí.

—No quiero que seas mi salvación —dijo—. Quiero que seas mi elección.

Sonreí.

—Eso es todo lo que necesito.

Nos abrazamos, entendiendo algo esencial:

el amor no borra el pasado,

pero puede dejar de permitirle decidir el final.

Y por primera vez, Caleb

no imaginó una tragedia.

Imaginó un futuro.

Y no salió corriendo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.