Amor en juego

Cap 2

El chico de la sonrisa peligrosa

La mañana en Valmont parecía sacada de una revista de lujo.

Los jardines perfectamente cuidados brillaban todavía húmedos por la lluvia de la noche anterior. Las enormes estructuras de piedra blanca daban a la academia un aire elegante y frío, como si aquel lugar hubiera sido construido para personas importantes… y para recordarles constantemente que lo eran.

Alessia Moreau observó el edificio principal desde el automóvil de Camille mientras jugueteaba nerviosamente con la manga de su abrigo.

—Deja de poner esa cara —dijo Camille Dubois estacionando—. Pareces una protagonista traumada entrando a una secta.

—¿Y si esto fue mala idea?

—Entonces nos iremos, compraremos helado y fingiremos que jamás existió Valmont.

Alessia soltó una pequeña risa.

Pero la ansiedad seguía ahí.

Porque todos alrededor parecían pertenecer a otro mundo.

Autos costosos.

Ropa de diseñador.

Perfumes caros.

Chicos riendo como si jamás hubieran tenido un problema real.

Alessia tomó aire antes de bajar.

En cuanto puso un pie fuera del auto sintió varias miradas encima.

No porque fuera especialmente llamativa.

Sino porque las personas como ella siempre destacaban en lugares así.

Demasiado simples.

Demasiado silenciosas.

Demasiado reales.

Camille caminó junto a ella mientras hablaba sin parar.

—Bien, reglas básicas para sobrevivir aquí. Uno: jamás confíes en las chicas del club ecuestre. Dos: si ves una pelea, grábala. Tres: no aceptes bebidas de desconocidos. Cuatro…

—¿Siempre hablas tanto?

—Sí.

Entraron finalmente al edificio principal. El interior era todavía más exagerado. Techos altos, lámparas enormes y estudiantes caminando con seguridad irritante.

Alessia sintió inmediatamente que no pertenecía allí.

Y odiaba sentirse así.

—Voy a buscar nuestros horarios —dijo Camille—. No te muevas.

Alessia asintió.

Se quedó sola cerca de una de las ventanas observando discretamente alrededor.

Entonces escuchó unas voces detrás de ella.

—¿Ya viste quién volvió?

—¿Valeria?

—No, idiota. Adrian.

Varias chicas se giraron inmediatamente hacia la entrada principal.

El ambiente cambió.

Literalmente cambió.

Como si alguien importante acabara de aparecer.

Alessia levantó apenas la mirada por curiosidad.

Y lo vio.

Adrian Leclerc entró al edificio rodeado de varios chicos. Alto, impecablemente vestido y con esa tranquilidad arrogante de alguien acostumbrado a que todos lo miraran.

Porque todos lo miraban.

Algunas chicas fingían no hacerlo.

Otras directamente no disimulaban.

Él caminaba lentamente mientras escuchaba a uno de sus amigos hablar sobre una fiesta de la noche anterior.

Sonreía apenas.

Pero había algo extraño en esa sonrisa.

Algo vacío.

Alessia desvió la mirada enseguida.

No le interesaban los chicos así.

Demasiado perfectos.

Demasiado seguros de sí mismos.

Demasiado peligrosos.

Mientras tanto, Adrian apenas prestaba atención a quienes lo rodeaban.

Hasta que vio fugazmente a una chica cerca de la ventana.

Cabello oscuro.

Mirada distante.

Audífonos colgando del cuello.

No parecía impresionada.

Y eso llamó ligeramente su atención.

Solo un segundo.

Porque enseguida alguien volvió a hablarle.

—¿Irás esta noche?

—Depende.

—Valeria estará allí.

Eso borró cualquier rastro de interés de su expresión.

—Entonces probablemente no.

Los chicos rieron.

Adrian siguió caminando sin volver a mirar hacia la ventana.

Y Alessia tampoco volvió a mirarlo.

Todavía no.

Las clases empezaron peor de lo que Alessia esperaba.

No por dificultad.

Sino porque Valmont parecía funcionar con reglas invisibles que todos conocían menos ella.

Grupos cerrados.

Personas populares.

Familias importantes.

Y una cantidad absurda de apariencias.

En el almuerzo, Alessia apenas tocaba su comida mientras Camille hablaba emocionada sobre algunos estudiantes.

—Ese de allá es Noah Vélez. Misterioso, silencioso y probablemente emocionalmente inestable. Mi tipo favorito de hombre.

Noah Velez levantó la vista apenas un segundo desde la otra mesa.

Y curiosamente… miró directo a Alessia.

Ella apartó la mirada enseguida.

—No lo mires tanto —dijo Camille divertida—. O creerá que quieres casarte.

—No lo estaba mirando.

—Claro.

Camille siguió hablando mientras Alessia observaba discretamente el enorme comedor.

Entonces notó algo raro.

En una mesa específica todos parecían actuar diferente.

Más tensos.

Más atentos.

Como si estuvieran esperando algo.

Y en el centro de esa mesa estaba Adrian.

Relajado.

Seguro.

Intimidante sin intentarlo.

Uno de los chicos dejó varias cartas negras sobre la mesa.

Nadie más alrededor parecía notarlo.

Pero Alessia sí.

Y algo en aquello le dio mala espina.

—¿Qué es eso? —preguntó.

Camille bajó un poco la voz.

—No sé mucho… pero dicen que algunos estudiantes hacen apuestas raras.

—¿Apuestas?

—Romances. Retos. Cosas de ricos aburridos.

Alessia frunció ligeramente el ceño.

Asco.

La sola idea le parecía ridícula.

Jugar con personas como entretenimiento.

Aunque honestamente… no le sorprendía.

Los ricos siempre encontraban maneras nuevas de destruirse entre ellos.

Más tarde, mientras salía de clases, Alessia caminó sola por uno de los pasillos exteriores.

El cielo estaba gris otra vez.

Parecía que la lluvia jamás abandonaba aquella ciudad.

Sacó el teléfono para revisar mensajes.

Nada importante.

Hasta que una notificación diferente apareció.




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