No te enamores de él
Valmont estaba demasiado silencioso esa tarde.
O quizás era yo quien tenía la cabeza demasiado llena.
Las clases habían terminado hacía casi media hora, pero yo seguía caminando sola por los pasillos exteriores de la academia intentando ordenar mis pensamientos.
Aunque era imposible.
Porque todo últimamente terminaba llevándome al mismo lugar.
Adrian.
Su voz.
Sus miradas.
La manera extraña en que parecía decir cosas importantes sin realmente decirlas.
Y eso me molestaba más de lo que quería admitir.
Apreté con fuerza la correa de mi bolso mientras bajaba las escaleras del edificio antiguo.
Necesitaba despejarme.
Necesitaba dejar de pensar en alguien que claramente traía problemas pegados al cuerpo.
El viento frío movió ligeramente mi cabello mientras caminaba hacia el jardín trasero de Valmont. Casi nadie iba allí porque estaba apartado del resto de la academia. Solo había árboles enormes, bancos viejos y una pequeña fuente que ya no funcionaba.
Perfecto para estar sola.
O eso pensé.
—Sabía que te encontraría aquí.
Mi cuerpo se tensó apenas al escuchar la voz.
Giré lentamente.
Noah Velez estaba unos metros detrás de mí con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo oscuro.
Como siempre, parecía demasiado tranquilo.
Demasiado observador.
Había algo raro en Noah.
No daba miedo como Adrian.
Pero sí esa sensación de persona que sabe demasiado.
—¿Me estabas buscando?
Él se encogió apenas de hombros.
—Tal vez.
—¿Todos en esta academia tienen problemas para dejar espacio personal?
Eso provocó una pequeña sonrisa en él.
Y honestamente… fue raro verlo sonreír.
Porque Noah normalmente parecía cargar el peso del mundo encima.
Se acercó lentamente hasta quedar frente a mí.
—Necesito decirte algo.
Su tono hizo que dejara de bromear inmediatamente.
Serio.
Muy serio.
—Okay…
Noah observó alrededor asegurándose de que no hubiera nadie cerca antes de volver a mirarme.
—Aléjate de Adrian Leclerc.
Sentí un pequeño vacío incómodo en el estómago.
Otra vez.
Otra persona advirtiéndome sobre Adrian.
Ya estaba cansándome.
Crucé los brazos.
—¿Ustedes tienen un club secreto o algo así?
—No estoy bromeando, Alessia.
Y ahí estaba otra vez esa sensación rara.
Porque Noah parecía genuinamente preocupado.
No celoso.
No molesto.
Preocupado.
—No pasa nada entre Adrian y yo.
—Todavía.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Qué se supone que significa eso?
Noah suspiró cansado pasando una mano por su cabello oscuro.
—Significa que deberías tener cuidado antes de involucrarte demasiado.
—¿Por qué todo el mundo habla como si Adrian fuera un asesino serial?
—Porque romper personas también puede destruirlas.
La frase cayó entre nosotros como una piedra.
Silencio.
Por primera vez sentí un verdadero escalofrío.
Noah desvió la mirada unos segundos hacia la fuente vacía.
—Hay cosas en Valmont que no entiendes todavía.
—Entonces explícamelas.
Él volvió a mirarme.
Y juro que por un segundo pareció debatirse internamente entre hablar… o callarse.
—¿Has escuchado sobre HeartPlay?
Mi cuerpo se tensó automáticamente.
Otra vez ese nombre.
Otra vez esa maldita sensación.
—Sí.
Noah me observó cuidadosamente.
—¿Quién te habló de eso?
—Mensajes anónimos.
Eso claramente lo sorprendió.
Lo vi en sus ojos.
—¿Qué decían?
—Que tuviera cuidado. Que el juego ya empezó.
Noah maldijo por lo bajo.
Y eso hizo que mi ansiedad aumentara inmediatamente.
—Noah.
Él tardó unos segundos en responder.
—HeartPlay no es solo un rumor.
Sentí el corazón latiendo más rápido.
—¿Qué es exactamente?
Noah bajó un poco la voz.
—Es un juego que hacen algunos estudiantes de Valmont. Apuestas usando personas reales.
Rabia inmediata.
Asco.
—Eso es enfermizo.
—Sí.
—¿Y Adrian participa?
Silencio.
Y esa fue suficiente respuesta.
Aparté la mirada intentando procesarlo.
Una parte de mí ya sospechaba algo así.
Pero escucharlo en voz alta era distinto.
Mucho peor.
—¿Qué clase de apuestas?
Noah dudó otra vez.
—Hacer que alguien se enamore.
Sentí náuseas.
—¿Estás hablando en serio?
—Completamente.
—¿Y después qué? ¿Les dan dinero? ¿Trofeos? ¿Aplausos por ser emocionalmente inestables?
Noah soltó una pequeña risa amarga.
—Algo así.
Pasé una mano por mi rostro intentando calmarme.
Todo eso sonaba ridículo.
Cruel.
Infantil.
Pero al mismo tiempo… demasiado real.
Demasiadas cosas empezaban a encajar.
Las miradas.
Los secretos.
Las cartas negras.
Adrian.
Levanté nuevamente la mirada hacia Noah.
—¿Por qué me cuentas esto?
Su expresión cambió apenas.
Más suave.
Más triste.
—Porque no quiero que te conviertas en otra víctima.
Otra.
La palabra quedó resonando en mi cabeza.
Otra.
Como si ya hubiera pasado antes.
Como si alguien más hubiera salido destruido por ese juego.
Y técnicamente… así había sido.
Mi hermana.
Elena.
Sentí el pecho tensarse de inmediato al pensar en ella.
En su sonrisa.
En cómo Valmont la había consumido poco a poco.
En cómo terminó rota.
Y en cómo yo había llegado allí justamente por eso.
Por venganza.
Por respuestas.
Por Valeria.
Noah me observó cuidadosamente.
—¿Estás bien?
Sí.
No.
No tenía idea.
—¿Por qué me ayudas?
Por primera vez desde que lo conocía, Noah pareció incómodo.
Realmente incómodo.
Desvió la mirada apenas antes de responder.
—Porque sé lo que Adrian puede hacerle a las personas cuando deja de sentirlas reales.
La frase dolió más de lo que debería.
Y odié eso.
Porque parte de mí quería defender a Adrian.
Lo cual era estúpido.
Ridículamente estúpido.
Apenas lo conocía.
—Él no parece…
Me detuve antes de terminar la frase.
No parece malo.
Eso iba a decir.
Y honestamente me dio rabia siquiera pensarlo.
Noah notó mi duda inmediatamente.
—Ese es el problema con Adrian —dijo en voz baja—. Nunca parece peligroso al principio.
Silencio.
El viento frío volvió a mover las hojas alrededor nuestro.
Y por primera vez desde que llegué a Valmont… sentí miedo de verdad.
Porque si Noah estaba diciendo la verdad…
entonces yo ya estaba entrando exactamente donde no debía.
Más tarde esa noche, no pude dejar de pensar en la conversación.
Ni siquiera escuchaba realmente a Camille mientras hablaba emocionada sobre una fiesta del viernes.
Todo daba vueltas dentro de mi cabeza.
HeartPlay.
Apuestas.
Víctimas.
Adrian.
Me sentía furiosa.
Y peor todavía…
confundida.
Porque ahora cada recuerdo con él parecía distinto.
Las miradas largas.
La manera en que aparecía de repente.
Sus preguntas extrañas.
¿Todo había sido parte del juego?
¿Yo también?
Mi teléfono vibró sobre la cama.
Sentí el corazón tensarse antes incluso de verlo.
Número desconocido.
Otra vez.
Tomé aire y abrí el mensaje.
"Noah habla demasiado."
El frío recorrió todo mi cuerpo.
Rápidamente miré alrededor de la habitación como si alguien pudiera estar observándome.
Otro mensaje llegó enseguida.
"Pero tiene razón en algo."
Y después el último.
"No te enamores de Adrian Leclerc."
Sentí un escalofrío inmediato.
Porque por primera vez…
la idea ya no parecía imposible.
Editado: 31.05.2026