Amor en Millstone.

Capítulo 3.

Mi abuelo debía estar de broma...

Cuando me dijo que tenía el lugar perfecto para mi me imagine que iba a ser un área residencial... no un apartamento pequeño en donde todo estaba en un mismo espacio. Observo el lugar con la boca abierta, la cocina es pequeña y no posee comedor solo una barra de desayuno con dos sillas. Tampoco hay una sala espaciosa solo un sofá y al frente está la cama.

Esto no puede ser real, veo el armario diminuto y mis maletas seleccionadas, toda mi ropa no va a entrar allí... Lo primero que hago es marcar a mi abuelo y con el celular en la oreja abro la puerta del baño y al ver la ducha casi pegada al retrete me atajo del marco de la puerta.

El numero al que está llamando no se encuentra...

Maldición.

Con una mano en la frente comienzo a caer en cuenta de la realidad en la que me encuentro y esto no me gusta nada.

Arrastro una de las maletas hasta la cama y la abro con más brusquedad de la necesaria. Vestidos perfectamente doblados, zapatos caros, blusas que jamás usaría en un lugar como este.

Todo luce fuera de lugar… al igual que yo.

Saco varias prendas y las coloco sobre la cama, intentando calcular mentalmente qué podría entrar en ese armario ridículo.

—Esto es temporal —Me repito en voz baja—. Lo haces por tu abuelo así que solo aguanta Serena.

Intento colgar algunos vestidos pero apenas caben unos cuantos antes de que el tubo del armario amenace con ceder. Cierro la puerta con frustración y me dejo caer en el borde de la cama observando el apartamento una vez más.

Empiezo a sentir como la nuca me pica, el aire aquí tal vez es más limpio que la ciudad pero estás cuatro paredes se sienten asfixiantes.

Me quito los zapatos y masajeo mis pies adoloridos, el cansancio comienza a instalarse de golpe, como si recién ahora mi cuerpo pudiese permitirse estar en un estado que no sea de alerta. Camino hacia la pequeña ventana y corro la cortina, lo que veo es campo y un par de casas a lo lejos.

—Ah —Murmuro forzando una sonrisa—. Perfecto para perder la cordura.

Mi celular comienza a vibrar y al ver que se trata de mi abuelo contesto de inmediato.

—¿Este es tu concepto de “lugar perfecto”? —Contesto sin saludo previo.

Su risa se escucha clara al otro lado de la línea.

—Sabía que ibas a reaccionar así.

—Es un monoambiente, abuelo.

—Es cómodo, está cerca del hospital y es tranquilo —Responde con calma—. Además, es solo por un tiempo.

Muerdo mi labio tratando de no hacer un berrinche ya no soy una niña y en parte debo ser lo suficientemente madura, yo fui quien dijo que iba a dar de su parte y alejarse del caos de mi familia aprovechando la situación.

—Serena —Su tono se suaviza—. Necesitabas esto.

Cierro los ojos un instante.

—Necesitaba descanso —Corrijo rascando mi nuca—. No sentirme castigada.

—No lo tomes como un castigo si no como una oportunidad de aprendizaje —No digo nada más porque sé que saldré perdiendo—. Descansa por hoy ya mañana será tu primer día en el Hospital —Si tan solo supiera—, así que debes reponer energía. Además el doctor Elijah es muy bueno y será quien esté a cargo de ti.

Mi mandíbula se tensa al escuchar ese nombre.

—¿El será mi tutor?

—El mismo —Contesta y mis uñas rasgan aún más mi piel—. Confío en él.

Lo que me faltaba...

—Buenas noches, abuelo —Digo antes de cortar.

Dejo el celular a un lado y me recuesto de espaldas sobre la cama, mirando el techo blanco. El cansancio vuelve a caer sobre mí mucho más pesado ahora que no se escucha el trafico de la ciudad.

Cierro los ojos respirando hondo.

—Solo tengo que aguantar —Susurro—. Un año… o menos.

Pero en el fondo muy en el fondo algo me dice que este lugar va a exigirme mucho más de lo que estoy dispuesta a dar.

***

El hospital se ve distinto de día porque parece más vivo, gente entrando y saliendo, voces, chillidos, risas... un caos

Exactamente lo que detesto.

—Tú debes ser la nueva doctora —Dice una voz femenina antes de que pueda seguir evaluando el lugar.

Me giro y me encuentro con una mujer de cabello castaño recogido, expresión amable y una sonrisa que me molesta por alguna razón.

—Serena Wood —Respondo siendo directa—. Cirujana.

—Maddy —Extiende la mano—. Jefa de enfermeras.

La estrecho con firmeza, evaluándola de pies a cabeza, no parece intimidada tampoco excesivamente curiosa.

—Bienvenida a Millstone —Continúa y revisa algunas hojas—. Antes de que empieces quiero dejar algo claro —Cruzo los brazos preparándome mentalmente—. Aquí todos ayudamos —Dice sin perder la sonrisa—. No importa si eres cirujana, médico clínico o residente. Si hay una emergencia, colaboramos no se como sea en la central pero este es un hospital de emergencias.

Mi mandíbula se tensa al igual que todo mi cuerpo.

—Soy cirujana —Respondo y mi nuca comienza a picar—. No trato con pacientes fuera del quirófano. Si hay una cirugía, me llama.

La sonrisa de Maddy no desaparece pero algo en sus ojos cambia.

—Aquí no funciona así, doctora.

—Aquí no es Todson central —Agrego con frialdad—. Lo sé pero tampoco voy a hacer trabajo que no me corresponde.

—Veremos cuánto dura esa postura —Canturrea y eso me desconcierta—. Acompáñame, te mostraré el área médica.

Mientras caminamos, noto cómo varias personas nos observan con curiosidad capaz y se preguntan que hace una mujer con un cuello de tortuga con este calor... pero es la única forma que puedo ocultar los rasguños.

—Tu consultorio está en el ala este —Explica y gira para observarme—. Compartido.

—¿Compartido? —Me detengo—. ¿Cómo que compartido?

—Con otros médicos —Contesta como si fuera lo más normal del mundo—. No solemos usarlo mucho, la verdad debido al caos.

Yo necesito mi propio espacio, no recuerdo cuando fue la ultima vez que compartí un consultorio tal vez en época de residente. Apenas al entrar observo a uno de los doctores tirado en uno de los sofás jugando un juego en el celular.



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En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 05.01.2026

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