Amor en Millstone.

Capitulo 5.

Es temprano por la mañana, los pasillos se encuentran vacíos y el sonido de esta vieja maquina de bebidas es lo único que resuena en el lugar. Estoy por quedarme dormida así que beber algo energético es una sabia decisión aunque también me pregunto si estas bebidas son renovadas... cuando estoy a punto de introducir el dinero escucho unos pasos detrás de mi acercarse por el pasillo.

Volteo un poco y al notar que es el doctor Rhoades giro inmediatamente de vuelta hacia la maquina. Está caminando rápido con el teléfono contra su oído. Mientras finjo concentración en la maquina presto atención a la conversación que mantiene.

—¿Cómo que vuelve hoy…? —Por su tono de voz parece confundido—. ¿Ya está de camino?

Sus pasos se detienen y cuando tengo la bebida en la mano volteo mientras bebo de ella.

—Entiendo… —Hace una pausa—. ¿En ambulancia?

Su tono no es brusco pero se lo escucha molesto. Su expresión corporal también me llama la atención, apoya un peso en su pierna como si le costara quedarse quieto.

—Está bien… avísenme cuando ingresen.

Corta la llamada y se queda mirando el teléfono unos segundos, aclaro mi garganta y nuestras miradas se cruzan.

—¿Todo en orden? —Pregunto más por reflejo que por verdadera intención de involucrarme.

Rhoades tarda un segundo en responder parece analizar que información está a punto de darme.

—Llegará una paciente en unos minutos —Responde finalmente—. De central...

Asiento despacio observando su rostro, por primera vez lo veo preocupado así que aunque estoy enojada aun por lo sucedido decido dejar eso de lado.

—¿Adulto mayor?

—Una niña.

Eso despierta un leve interés en mí.

—Entendido.

No dice nada más, con un asentimiento de camino sigue su camino y observo su espalda mientras se va. ¿Quién será esa niña para tenerlo así? Suspiro y termino mi bebida, no debería de interesarme porque no mencionó ninguna cirugía... capaz si me encuentro de humor le echaré un vistazo luego.

El pasillo vuelve a quedar en silencio apenas su figura desaparece tras la esquina.

Una niña...

Doy un último sorbo antes de dejar la lata en el cesto y estirar un poco los hombros, tratando de despabilarme y recuperar la energía pero el cansancio no se fue... aunque no me puedo negar a mi misma que esa llamada despertó mi curiosidad.

Camino sin prisa por el pasillo dejando que mis pasos me lleven sin una dirección demasiado clara.

No debería importarme.

Eso me repito.

Sin embargo, la imagen de su postura tensa, el teléfono apretado contra la oreja, la forma en que sostuvo el silencio antes de responderme… todo eso se me deja dando vueltas en la cabeza más de lo que debería.

Termino acercándome al área de ingreso casi por inercia.

Una enfermera organiza unas carpetas en el mostrador y me observa de reojo cuando me detengo a un costado apoyando apenas la espalda contra la pared.

—¿Esperan un ingreso? —Pregunto con tono casual.

—Sí —Responde sin levantar demasiado la vista—. Viene una ambulancia de Central.

No pasan más de diez minutos cuando el sonido de las ruedas metálicas rompiendo el silencio anuncia la llegada. Las puertas automáticas se abren y la camilla entra empujada por dos paramédicos. El movimiento es rápido pero controlado sin el caos típico del área de emergencias.

Sobre la camilla va una niña.

Es más pequeña de lo que imaginaba, envuelta en una manta que parece demasiado grande para su cuerpo. Tiene el cabello algo desordenado y la piel pálida pero no hay signos visibles de trauma.

Sus ojos son lo primero que me llaman la atención, parecen forzosamente abiertos.

Rhoades aparece casi de inmediato desde uno de los pasillos laterales. Su paso se acelera apenas al verla y se coloca junto a la camilla, escuchando el informe breve que le dan mientras avanzan hacia la sala de observación.

No interrumpe, no pregunta nada más pero su atención está completamente enfocada en ella.

La niña gira apenas la cabeza al reconocerlo.

—Hola, doctor mapache —Dice con una voz suave, demasiado controlada para alguien de su edad.

—Hola, Leia —Responde él bajando un poco el tono—. ¿Te duele algo?

Niega con la cabeza.

—Estoy bien.

Con los brazos cruzados observo el lenguaje corporal de la niña y un sentimiento pesado se instala en mi pecho. Está de todo menos bien.

Cuando la camilla se detiene y comienzan a acomodarla, Rhoades revisa rápidamente los monitores y las notas. Yo observo desde unos pasos atrás manteniendo una distancia prudente, escucho todo y y no hay algo alarmante a simple vista pero la mano en el pecho no pasa desapercibida para mi.

No parece notarme así que cuando Rhoades habla con una enfermera ella parpadea en repetidas ocasiones, como si intentara retener las lágrimas. No es un gesto exagerado, es pequeño pero suficiente para encender una alarma en mi cabeza.

¿Le duele algo?

Rhoades levanta la vista un segundo y nuestras miradas se cruzan. No digo nada porque no creo que sea necesario. Me limito a hacer una seña breve hacia la niña y llevo la mano al centro de mi propio pecho, marcando el gesto con claridad.

Sus ojos se abren apenas, lo justo para delatar que entendió mi mensaje.

Se gira de inmediato hacia la camilla, inclinándose un poco más cerca de Leia, hablándole en un tono que no alcanzo a escuchar. Yo, en cambio, decido que ya no tengo nada más que hacer allí. No es mi paciente no me llamaron y no voy a quedarme orbitando una escena que no me pertenece.

Me doy media vuelta y retomo el camino hacia mi consultorio.

Las luces blancas hacen que los pasillos parezcan más largos de lo que son y mis pasos resuenan tanto debido al eco del lugar... Agradezco el silencio después de tanto alboroto en emergencias pero por alguna razón se siente vacío.

Doblo una esquina y casi choco con dos figuras que avanzan a paso rápido, prácticamente corriendo.



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En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 25.01.2026

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