Amor en Millstone.

Capitulo 6.

Aunque no esté en el despacho de mi abuelo puedo escuchar el sonido de su reloj atraves de la llamada cosa que me pone de peor humor, ese reloj es un dolor de cabeza.

—No estoy pidiendo un favor —Digo mordiéndome las uñas mientras tengo en la otra mano el celular pegado a la oreja—. Estoy pidiendo material básico. Lo que hay en el quirófano de aquí debe de ser lo que se usaba en tu época.

—¿Hablaste de esto con el doctor Rhoades? —Pregunta al fin.

La pregunta me cae peor de lo que debería ¿Por qué debería de hablar sobre eso con él?

—No —Respondo con obviedad—. No es algo que deba negociar con él.

Mi abuelo suspira despacio y sé que eso significa que me estoy pasando de la raya de nuevo.

—Serena, no puedo mandar equipamiento nuevo solo porque tú lo quieres. Millstone no funciona así.

Cierro los ojos con fuerza, estoy cansada de escuchar que mi forma de trabajo no es como este viejo hospital, lo sé, me di cuenta de ello desde el momento uno. Lo que me molesta es que no es un capricho mio sino que un material que pueda manejar fácilmente es algo que agilizara el trabajo.

—Entonces Millstone va a seguir operando con herramientas que no están a la altura —Me golpeo mentalmente porque mi elección de palabras no es la adecuada—. Y cuando algo salga mal no será por falta de habilidad... —Y parece que mi cerebro y boca no piensan coordinar.

—No dramatices —Responde del otro lado—. Si quieres cambios tendrás que hablar con Rhoades y presentar un plan. No eres la única que toma decisiones aquí.

Eso es suficiente para dar por terminada la conversación.

Luego de esa llamada me adentro al Hospital, este me recibe con su olor a desinfectante habitual. Ni siquiera he empezado mi turno y la cabeza ya comienza a latirme con fuerza, solo han pasado unos días desde que trabajo aquí y la cantidad absurda de cosas que quieren que haga no deja de sorprenderme, ya no sé como explicarles que mi trabajo es en el quirofano no fuera de él.

Del doctor Rhoades no sé mucho, desde que la niña llegó ha estado ocupado con eso.

Mientras paso por la sala de emergencias veo que el caos ya es tremendo, mala idea haber entrado por aquí... entonces la veo.

Una mujer está sentada sola en una de las sillas de espera contra la pared inmóvil. No grita, ni tampoco pide ayuda solo mira fijamente al frente como si sus pensamientos fueran mucho más fuertes que todo el caos de la sala de emergencias.

Al verla pensarías que no es un caso de emergencias pero yo no solo veo eso, veo más allá. Su piel luce demasiado pálida así que me apresuro a caminar junto a ella, noto que aprieta las manos sobre el regazo y cuando bajo la mirada lo veo.

Sangre.

Gotea lentamente desde el borde del asiento y cae al suelo formando una mancha oscura.

—Enfermera —Llamo sin alzar la voz pero con firmeza no puede ser que otra vez nadie haya actuado en esta sala—. Aquí.

La mujer no reacciona cuando me pongo frente a ella.

—¿Me escuchas? —Pregunto observandola, sus ojos apenas parpadean parece estar en estado de shock... así que no espero una respuesta. Me agacho frente a ella para quedar a su altura y apoyo dos dedos con cuidado en su muñeca, el pulso está rápido e irregular.

—Mírame —Ordeno con voz calma—. Respira conmigo.

No sé si me escucha o si solo obedece por inercia pero su pecho sube y baja de forma desordenada. Echo un vistazo rápido alrededor buscando a la enfermera que llamé y no veo a nadie acercándose...

—Bien —Murmuro para mí misma—, entonces lo hacemos a mi manera.

Me pongo de pie y alzo la voz lo justo.

—Necesito una camilla aquí ahora —Ordeno y por fin la gente pone su atención sobre mi... mejor dicho el plantel del hospital—. Y un tensiómetro.

Una enfermera se acerca a paso rápido con el ceño fruncido como si recién ahora se diera cuenta de que la escena existe solo la ignoro y vuelvo a centrarme en la mujer.

—¿Dónde te duele? —Pregunto pero no respondeme—. Si no puedes hablar señalame con el dedo...

Sus dedos tiemblan cuando intenta mover la mano no llega a señalar nada y eso no me gusta en absoluto. La sangre sigue cayendo y ahora puedo ver que mancha la parte interna de sus piernas.

—No te muevas —Le digo mientras coloco mi mano en su hombro.

Cuando la camilla llega la ayudamos a recostarse con cuidado, el asiento queda empapado y eso me da una idea bastante clara de por dónde viene el problema. Me pongo los guantes mientras la enfermera intenta hablarme.

—Doctora ¿Quiere que llame a ginecología? —Usualmente asentiría ya que esto no me compete pero mientras ella va a hacer el comunicado está mujer va terminar desangrandose.

—Quiero signos vitales ya —Respondo y la observo unos segundos—. Después vemos a quién llamamos ahora no es el momento...

La mujer gime bajito cuando la acomodamos y por primera vez sus labios se separan.

—No... no estaba sangrando así antes —Susurra.

—¿Estás embarazada? —Sé la respuesta pero necesito su confirmación. Sus ojos se llenan de lágrimas y asiente apenas—. ¿Cuántas semanas? —Pregunto mientras reviso su abdomen.

—Diez... creo.

El pulso vuelve a acelerarse bajo mis dedos y no me gusta la forma en que evita mirarme.

—Necesito una ecografía urgente —Digo en voz alta—. Y preparen acceso venoso.

La enfermera duda un segundo.

—¿Avisamos al doctor Rhoades?

—Llámalo últimamente no lo veo mucho por aquí.

Me quedo junto a la camilla mientras la empujan hacia un lugar libre, el caos de la sala parece desaparecer cuando mi mente entra en modo urgencia.

—Presión —Ordeno sin apartar la vista de ella.

—Noventa sobre sesenta —Responde la enfermera.

Chasqueo la lengua con fastidio esto no está apuntando bien.

—Líquidos ya.

La mujer aprieta los ojos cuando la aguja entra en su brazo y su respiración se vuelve más rápida. Me inclino un poco hacia ella para que me vea.



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En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 25.01.2026

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