Amor en Millstone.

Capitulo 7.

Corro por el pasillo sin pensarlo tanto, mi corazonada me dice que debo ir a ver a Leia, no recuerdo en que momento decidí que está es la decisión mas lógica solo sentí mis pies moverse en su dirección, estuve diciendo en este corto tiempo que este Hospital es diminuto pero mientras corro rumbo a su habitación los pasillos parecen no tener fin.

Cuando por fin llego la veo tendida en la cama con los ojos abiertos y unas enfermeras a su alrededor que no parecen tener una palida idea de que hacer. Su pecho sube y baja de una forma que no me gusta para nada.

—Aparta —Aunque soy brusca al pedirlo las enfermeras lo hacen sin rechistar.

Me coloco a su lado observando el monitor y confirmo lo que ya sospechaba. El ritmo no es bueno y la saturación tampoco.

—Mírame —Ella no lo hace, tiene la vista fija en el techo por lo que apoyo mi mano sobre su brazo dándole un apretón—. Estoy acá.

No sé si me escucha del todo pero asiente apenas y me observa, eso ya es suficiente para mi. Ordeno oxígeno, indico la medicación y ajusto la máscara yo misma porque no tengo paciencia para esperar.

—Respira conmigo —Hago la respiración con ella aunque le esté costando—. Despacio.

Observo el monitor y los numeros lentamente están volviendo a su lugar... no del todo pero si avisando que la situación está controlada hasta que el doctor Rhoades venga a verla.

Estiro el cuello por la tensión del momento y me quito los guantes, llegue justo a tiempo...

—Doctora —Dice una voz agitada y volteo al ver a una enfermera en la puerta—. El doctor Rhoades la busca con urgencia.

Frunzo el ceño.

—¿Qué pasó?

La enfermera duda un segundo y mi cuerpo se congela.

—La paciente embarazada —Se detiene unos segundos—. Se complico, sospechan que es ectópico.

No sé explicar qué pasa en mi cuerpo cuando lo escucho... No es dolor tampoco miedo es como si algo se me cayera encima de golpe y me aplastara el pecho.

El sonido del monitor de Leia sigue marcando su ritmo, escucho los murmullos de la gente en el pasillo, el mundo continúa mientras yo me quedo quieta.

Siento que el piso se inclina apenas y una mano me sujeta el brazo.

—¿Doctora? —Una de las enfermeras me observa con un gesto preocupado y trato de poner los pies en la tierra.

Giro la cabeza hacia la camilla, Leia está estable, se la ve asustada pero respira mejor... ¿Me abre equivocado al venir aqui primero? Niego con la cabeza y miro a las enfermeras encargadas.

—No la dejen sola.

Salgo de la habitación sin mirar atrás y mis pies comienzan a correr ahora en la dirección contraria.

Mi mente es un nido revuelto en estos momentos, lo sospeche, muy en el fondo lo sospeche desde el principio por eso pedí la ecografía... y aún así me fui.

Cuando llego al área del quirófano mis pies quedan estancados en el suelo, veo la espalda del doctor Rhoades quien está dando indicaciones mientras se coloca los guantes.

Me va a matar... no le avise a donde fui... por mi culpa esto pudo haber empeorado.

Mi respiración comienza a fallar de nuevo pero un enfermero que entra choca conmigo llamando la atención de todos. El doctor Rhoades me ve y solo hace una seña para que me acerque y lo hago sin llevarle la contraria.

—Se rompió —Siento ganas de vomitar—. La estamos llevando a quirófano.

—¿Dónde está? —Pregunto con la voz temblorosa.

—Adentro —Responde con calma aunque la situación no es para nada tranquila—. Está inestable.

Me pongo la bata con manos que no logran dejar de temblar del todo. Nadie me pregunta nada, a donde fui, que estaba haciendo... y eso es peor para mi.

Cuando estoy lista me acerco a la puerta y Rhoades se gira hacia mí colocándose en mi frente y bajo la mirada esperando su regaño.

—¿Estás bien para entrar? —Pregunta en voz baja logrando que levante mi vista confundida.

—Sí.

—Te necesito del lado izquierdo —No dice nada más y camina, yo lo sigo confundida pero trato de enfocarme.

La escena no es la mejor, para nada, la sangre es demasiada y no hace falta que nadie me diga que que se trata de un embarazo ectopico... Este no es tiempo para regaños así que asisto al doctor Rhoades y trabajo en silencio, controlamos la hemorragia, la estabilizamos, hacemos todo lo que podemos y la paciente sobrevive...

Cuando todo termina me quedo quieta unos segundos de más, observando un campo quirúrgico que parece una escena del crimen... Me quito los guantes y doy un paso atrás mareada, el cansancio me cae de golpe pero me obligo a aguantarlo.

—Buen trabajo —Es la primera vez que lo dice pero no respondo. Sé que no es sincero, esto no debía de pasar.

Salgo del quirófano y camino sin rumbo hasta encontrar un pasillo vacío. Apoyo la espalda contra la pared y cierro los ojos. Las piernas me tiemblan ahora que no tengo que sostener nada y me deslizo lentamente, me encojo en mi lugar y las lágrimas comienzan a caer por un largo rato hasta que escucho pasos acercarse.

—Leia está estable —Es la voz del doctor Rhoades—. Preguntó por ti quiere darte las gracias por salvarla.

No puedo mirarlo porque oculto mi rostro con mis manos debido a que mi llanto no para ni parece querer hacerlo.

—Yo lo pensé... —Digo entre sollozos—. Si hubiese actuado antes...

—Yo tambien lo pensé —Responde y su voz se escucha mucho más cercana por lo que supongo que está en cuclillas frente a mi—. Serena...

—Debí quedarme... es mi culpa.

—Serena...

—Lo siento, oh dios... cuando ella despierte...

Siento primero sus manos en mi barbilla, la levanta con delicadeza obligándome a mirarlo. Su rostro parece mucho más expresivo que siempre, mis labios tiemblan esperando que me diga "Debiste quedarte" "Fue tu responsabilidad" pero lo que hace no es eso, sino que me estira hacia él para abrazarme.

Me quedo quieta con los ojos bien abiertos porque ni en un millón de años me hubiese imaginado que el doctor Rhoades estaría consolandome en una situación donde metí la pata.



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En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 08.02.2026

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