Amor en Millstone.

Capitulo 9.

Acostumbrarme al ritmo del hospital no es difícil pero si aburrido, no tengo mucho que hacer cuando no estoy con cirugías y ya nadie pregunta por mi en emergencias. Debería de estar contenta con salirme con la mía pero estar encerrada en las cuatro paredes sin hacer nada solo trabaja mi mente y eso es más agotador que una cirugía larga.

La mañana comienza tranquila, decido por lo menos leer algo del libro que había comprado en mi día libre ya que por fin hoy decidi traerlo al trabajo para matar el tiempo. Al pasar un rato me llaman para una cirugía la cual no es complicada pero el monitor tarda más de lo normal en estabilizar la lectura la luz sobre el campo quirurgico se pierde unos segundos, esos pequeños fallos ya logran empeorar mi humor.

Aún con esos fallos la cirugía es un exito pero si he llegado a mi limite, los instrumentos no me responden con la fluidez necesaria, ahora la maquinaria que parece ya no dar más... luego de liberarme decido que ya es hora de hablar con el doctor Rhoades sobre esto. Mi abuelo me dijo que necesito hablarlo con él primero así que eso haré porque no lo estoy haciendo solo por comodidad...

La frase que leí del libro me viene a la cabeza "Un líder no fortalece el castillo mientras el pueblo se desangra… pero tampoco deja que el castillo se caiga."

La protagonista hablaba de un reino que se caía a pedazos mientras sus líderes decidían qué reparar primero y decía algo como que un castillo fuerte no sirve si quienes viven dentro no pueden sostenerlo, pero tampoco sirve salvar a todos si el techo se derrumba sobre sus cabezas.

Concordaba bastante con la situación, no es que le esté ganando cariño al hospital, para nada pero si es verdad que la gente que viene espera la mejor atención y tener un buen equipo era más que necesario.

Camino directo a mi oficina (sala de descanso) sin darme tiempo para cambiar de opinión. No estoy molesta, al menos no todavía creo que la descripción más exacta sería de que estoy convencida. Abro la computadora, reviso las solicitudes anteriores y confirmo lo que ya sabía, hay equipos con más años de los que deberían tener en uso constante.

Respiro hondo y envío un mensaje solicitando una reunión breve con el doctor Rhoades.

La respuesta llega más rápido de lo que esperaba. “Ahora.”

Camino hacia su oficina con una carpeta bajo el brazo y una sensación extraña en el estómago que no logro identificar. No es miedo, tampoco ansiedad es algo más parecido a anticipación. Toco la puerta y escucho su voz indicándome que pase.

Está sentado detrás de su escritorio revisando unos documentos. No levanta la vista de inmediato y eso me da un segundo extra para ordenar mis palabras. Cuando finalmente me mira su expresión es neutral pero no dejo que eso me haga titubear.

—¿Qué necesitas?

—Quiero hablar sobre el equipo del área quirúrgica —Digo apoyando la carpeta frente a él—. Algunos monitores y parte del instrumental están desactualizados.

Abre la carpeta sin apurarse, revisa las hojas una por una mientras yo aprieto mis uñas en las palmas de mi mano esperando una respuesta.

—Funcionan.

—Funcionan —Su observación es tan absurda que lo repito—, pero con margen limitado. Hoy el monitor tardó en estabilizar la lectura y la luz principal falló unos segundos. No es crítico pero aumenta el riesgo y el tiempo de respuesta.

Levanta la vista y ya por su mirada puedo notar que esto es algo que ya ha pasado antes.

—La paciente salió bien.

—Sí pero no sabemos si algún día se puede llegar a complicar.

El silencio que sigue no es incómodo es denso.

—¿Qué propones? —Pregunta fijando toda su atención en mi y logro aclararme la garganta.

—Una actualización progresiva —Sabía que para él sería una locura un cambio abrupto así que pense en una solución mucho más civilizada—. Priorizar lo esencial y reemplazarlo por equipos más modernos —Sonrío ante la idea—. Mejoraría la eficiencia y reduciría complicaciones.

Cierra la carpeta y la desliza ligeramente hacia mí.

—No es prioridad.

La respuesta es tan directa que por un momento pienso que escuché mal.

—¿Perdón? ¿No es prioridad mejorar el área quirúrgica?

Hasta ahí llego su atención plena en mi persona.

—No en este momento.

—¿Entonces cuándo?

—Cuando el presupuesto lo permita.

Aprieto la mandíbula sin darme cuenta.

—Siempre habrá algo más urgente si lo vemos así.

—Porque siempre lo hay —Responde sin alterar el tono.

Lo observo intentando encontrar alguna señal de que esto es una prueba o una discusión abierta pero no parece ser ninguna de las dos. Odio, detesto y me genera malestar lo tranquilo que está, si yo comenzara a gritar aquí él quedaría como el bueno de la historia.

—El equipo viejo nos obliga a compensar errores que no deberíamos tener —Insisto sin tratar de elevar la voz—. Ya se que parece que lo estoy pidiendo por mi pero no es así solo pido estándares...

—Los estándares cuestan.

—También cuestan las complicaciones.

—Nuestros médicos deben poder adaptarse a lo que tienen.

Ahí está.

—¿Adaptarnos? —Repito sintiendo cómo el calor me sube por el cuello—. ¿Ese es el plan? ¿Conformarnos?

—No es conformismo doctora Wood —Suelta un suspiro—. Es la realidad de un hospital rural.

—La realidad también puede mejorar.

—No siempre al ritmo que quieres.

Su voz sigue siendo calmada y eso me irrita más de lo que debería. No levanta la voz, no me descalifica, simplemente sostiene su postura de doctor perfecto.

—Si esperamos a que todo sea perfecto nunca vamos a avanzar.

—Mira entiendo tu punto pero en este momento estamos priorizando...

—¿Y la calidad no es prioridad?

—Lo es —Responde de inmediato—. Lo que quiero que comprendas es que no es la única prioridad de este hospital si tan solo fueras a emergencias o otras áreas...



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En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 09.03.2026

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