Me apoyo contra la mesa quirúrgica con los brazos cruzados mientras observo las caras frente a mí.
Asiento con la cabeza ante sus caras de sorpresa.
El anestesista tiene las cejas levantadas, una de las enfermeras mira de la pantalla al equipo nuevo y luego a mí como si estuviera intentando confirmar que no está viendo mal, incluso uno de los residentes pasa la mano por la carcasa brillante del monitor como si fuera a desaparecer si lo toca demasiado fuerte.
Sonrío.
Es un equipo de calidad, como llegue antes que ellos no me vieron chillando al ver todo este lujo.
—Bueno —Digo con calma como si fuera que no estoy rebosando de alegría—. Supongo que todos lo notaron.
El anestesista carraspea.
—Doctora… —Mira otra vez la pantalla—. ¿Esto es nuevo?
Levanto las manos como si presentara una obra de arte mientras cabeceo de forma energica.
—Pantallas nuevas, monitores nuevos, sistema actualizado —Doy un aplauso que los asusta—. A partir de ahora ya no vamos a usar esos aparatos pre-históricos.
Una de las enfermeras intercambia una mirada con el residente.
—¿Los cambiaron todos?
—Todos los de quirófano —Respondo orgullosa.
Cierro los ojos esperando un aplauso, algún comentario pero la falta de entusiasmo me hace abrir los ojos y la sorprendida soy yo al ver el gesto fruncido del anestesista.
—¿Cómo conseguiste esto?
Parpadeo, no esperaba esa pregunta.
—Contactos —Respondo con ligereza y le guiño un ojo.
La enfermera no parece convencida con mi respuesta y comienza a moverse de un lado a otro.
—Eso debió costar mucho.
—Bueno —Me encojo de hombros—. Ahora tenemos mejores herramientas, eso es lo importante ¿no?
El silencio que sigue es incómodo porque creo que los deje sin palabras.
—Sí… claro —El residente baja la mirada al monitor.
No suena feliz.
Frunzo apenas el ceño pero antes de que pueda preguntar algo más el paciente entra y todos vuelven automáticamente a su trabajo. El momento se disuelve como si nunca hubiese pasado y la cirugía comienza.
***
Cuando salgo de la sala de operaciones lo hago con una gran sonrisa ¡El equipo es una maravilla! Las imagenes son claras, los valores se ven mucho mejor y el equipo responde rápido... siento que acabo de comprar un nuevo telefono moderno.
Por primera vez desde que llegué a Millstone siento que hice algo realmente útil para este lugar. No solo operar y luego volver a casa, sino algo realmente bueno.
Camino por el pasillo hacia emergencias todavía con esa sensación cálida en el pecho.
Hasta que escucho voces.
—¿Ya revisaste la farmacia?
—Sí.
—¿Y la entrega de este mes?
—No llegó.
Mis pasos se frenan inconscientemente.
—¿Cómo que no llegó? —Pregunta otra voz.
—Nos avisaron que el pedido fue reducido —Dice una enfermera—. El presupuesto se usó para otra cosa.
El aire parece desaparecer. Me acerco más despacio, intentando no hacer ruido.
—No puede ser ¿Seguro no hubo un error? ese medicamento está en el plan del niño —Dice alguien más.
—Lo sé. En realidad son tres más.
—Entonces consigan una alternativa.
—No hay una igual.
Siento que algo frío me atraviesa el pecho.
—El doctor Rhoades preguntó lo mismo —Agrega la enfermera—. Estamos viendo qué hacer.
Mi corazón da un golpe fuerte y mi mente hace la conexión antes de que quiera hacerlo.
No.
No puede ser.
Me doy la vuelta antes de que alguien me vea y camino rápido por el pasillo, luego más rápido, luego prácticamente corriendo hasta encontrar un lugar vacío.
Mis manos ya están buscando mi teléfono y marco el número que me sé de memoria.
—Abuelo.
—Serena —Dice con calma—. ¿Cómo estás? ¿Ya tienes tu equipo nuevo?
—¿Cómo conseguiste el equipo? —Lo corto y solo escucho el silencio del otro lado.
—Pensé que estarías contenta —Responde finalmente.
—Lo estaba pero... ¿De dónde salió el dinero?
—Serena… —Suspira—. Del fondo del hospital de Millstone.
Siento que el piso desaparece debajo de mis pies porque no esperaba esto, mi abuelo tiene suficiente dinero para comprar estás maquinas ¿Por qué tocar el dinero de este hospital?
—¿Qué?
—Era un presupuesto destinado a mejoras del hospital —Continúa con tranquilidad—. Supuse que eso era exactamente lo que querías.
—¡Eso no es lo que pedí! —Mi voz sube antes de que pueda detenerla.
Algunas personas pasan por el pasillo pero ya no me importa.
—Serena…
—¡Tú eres el dueño del hospital! —Digo furiosa—. ¡Tienes dinero de sobra! ¡Podías donarlo!
—No es así como funcionan las administraciones. Además ¿En donde va todo ese dinero que es para reforma?
—¡Varias veces donaste en el Todson central, abuelo! —Lo interrumpo—. Aquí se manejan diferente...
—Este hospital debe aprender a usar sus propios recursos.
—¡No a costa de los pacientes!
Silencio otra vez.
—Estás reaccionando de forma exagerada.
—¿Exagerada? —Siento que acabo de percatarme del peso de las palabras del doctor Rhoades muy tarde.
—Esto es injusto —Digo con la voz temblando de rabia—. No voy a aceptar que los pacientes paguen decisiones administrativas.
—Serena...
Corto la llamada.
Respiro fuerte, intentando calmarme pero lo único que siento es una mezcla de culpa y enojo que no logro separar. Esto no es culpa de mi abuelo, es mia, fui yo quien penso que las cosas se donarian y no que se usaria los fondos del hospital.
Maldigo en voz baja.
—Mierda…
—Así que tú eres la nieta del dueño.
Cuando escucho esa voz detrás de mi todo mi cuerpo se congelo e incluso antes de girar lentamente sé quien es.
El doctor Rhoades está apoyado contra la pared del pasillo con los brazos cruzados. Mis labios comienzan a temblar anticipando el regaño pero él no parece ni sorprendido, ni molesto... pero tampoco se lo ve relajado.
Editado: 09.03.2026