Terminamos en su oficina para poder hablar de forma más tranquila pero ninguno de los dos dice nada, él solo me observa esperando a que hable pero mi garganta está con un nudo tremendo que me impide iniciar la conversación, él parece notarlo y finalmente se endereza en su asiento.
—Tu abuelo me llamó hace meses —Suelta con calma dejándome helada.
—¿Qué? —Parpadeo repetidas veces sin procesar lo que me acaba de decir.
—Antes de que llegaras a Millstone...
Mi cerebro tarda unos segundos en acomodar la información.
—¿Hablaste con mi abuelo?
—Sí.
Lo sabía... por eso no luce sorprendido.
—Me pidió un favor.
No me gusta hacia dónde va esto.
—¿Qué favor?
—Que cuidara de ti.
El peso de esas palabras me cae encima de golpe.
—¿Qué?
—Sabía que vendrías aquí aunque no sé el motivo exacto —Continúa hablando—. Quería asegurarse de que alguien estuviera pendiente de ti.
—Eso es ridículo…
—Le dije que no.
La respuesta me toma por sorpresa.
—¿No?
—No soy una niñera —Responde simplemente y si la situación no fuera tensa creo que hasta hubiera reído—, pero le prometí otra cosa.
—¿Qué cosa?
—Que te trataría como a cualquier otro médico del hospital.
Claro, aunque él sabía quien era nunca recibi ningún trato especial ni siquiera siento que he compartido mucho tiempo con el doctor Rhoades debido a mi insistencia en no trabajar en el área de emergencias. Poco a poco siento mis orejas arder debido a la verguenza.
—¿Por eso nunca dijiste nada?
—No era necesario.
Cierro los ojos con fuerza, muchas veces me imagine una escena en donde lo ponía en su lugar. Hasta podrí decirse que me imagine sentada en un trono y él en frente mío arrodillándose y pidiendo perdón por tratarme de esa forma porque no sabía que era una Todson pero aquí estamos ahora, él sabiéndolo todo desde el principio sin importarle un comino.
—Sabías todo este tiempo quién era.
—Sí.
Me siento estúpida.
—Entonces… —Digo despacio— ¿También sabías que podía hablar con mi abuelo?
—Lo sospechaba.
No hay reproche en su voz eso es lo que más me sorprende, es tan calmado que no puedo creer que no me esté dando un golpe en la cabeza con la carpeta.
—¿Y no te preocupaba?
—Si querías usar tu apellido lo habrías hecho antes —No sé si eso es un cumplido o una observación—, pero llegó el día en donde lo hiciste...
Bajo la mirada porque no puedo negarlo.
—No sabía que el dinero saldría del fondo del hospital —Digo sin poder mirarlo a los ojos porque es la verdad.
Si sabía que esto iba a pasar jamas lo hubiese hecho, no soy tan insensible como para hacerlo.
—Lo sé.
Levanto la cabeza rápido.
—¿Lo sabes?
—Si lo hubieras sabido —Dice con total tranquilidad—, no habrías reaccionado así hace cinco minutos.
Me molesta que pueda leerme tan facilmente.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Sus cejas se fruncen apenas.
—Intenté hacerlo.
Me quedo quieta.
—La reunión que tuvimos —Continúa y siento ya la cara arder—. Cuando hablamos del equipo...
Las palabras me golpean como un recuerdo incómodo. Yo no lo deje hablar, esto hasta parece cómico si me lo preguntan porque al final la culpa que siento es justificada, sin darme cuenta estaba tratando de buscar una forma de culparlo a él por no decirme.
—Yo… —Aprieto los labios y respiro hondo pasando una mano por mi cara—. Genial, resulta que primero discuto contigo sin escuchar, luego pido instrumentos nuevos utilizando el presupuesto del hospital y para rematar supiste quien era yo desde el principio.
Él no responde, creo que me está dando tiempo para poder asimilar por mi misma la situación.
—Mi abuelo tampoco me dijo nada —Murmuro en voz baja.
—Probablemente porque sabía que reaccionarías así.
Estaba temiendo preguntar por el niño que necesitaba el medicamento pero no puedo posponerlo más.
—Ese niño…
—Está estable —El aire vuelve a mis pulmones—. Conseguí unas dosis por unos contactos pero aún así no son suficientes para el mes...
Asiento lentamente.
Él solucionó todo el embrollo que hice lo justo es que ahora yo pueda terminar de arreglar las cosas.
—Voy a arreglarlo.
Él me observa expectante, ¿También sabía que iba a proponer algo? Este hombre me da escalofríos.
—¿Cómo?
—Voy a usar mi dinero —Sueno decidida o eso es lo que quiero creer—. Repondre el gasto del equipo sin pedirle ayuda a mi abuelo.
Sus cejas se levantan apenas.
—Eso no es tan simple.
—Lo sé... pero fue un error mío así que debo de enmendarlo.
Él se levanta de su asiento y yo hago lo mismo. No sé muy bien que hará pero solo rodea su escritorio y se dirige hacia la salida.
—¿Doctor Rhoades?
—¿Mm? —Voltea un poco—. ¿Qué haces allí? Es hora de tu castigo.
Mi ceño se frunce y camino hasta colocarme a su lado.
—¿Castigo? Pero si dije que iba a pagar...
—Oh eso es tu responsabilidad —Levanta una mano y con la punta de su dedo índice me empuja suavemente la frente, obligándome a cerrar los ojos—. Tu castigo es ayudar en emergencias para hacer horas extras y reponer los gastos.
Trato de quejarme pero la mirada en sus ojos me dice que esto no es una sugerencia sino una orden por lo que asiento mientras suspiro.
Termino siguiendolo hacia el área de emergencias, de camino allí todo el mundo parece conocerlo. Lo saludan con sonrisas que son cálidas y lo observo de reojo. ¿Tan perfecto es para tener a todo el mundo así por él?
Bajo la cabeza mientras camino, aunque estoy a su lado nadie me saluda a mi lo cual es comprensible solo soy una cirujana no voy a conocer a toda está gente y tampoco es que pase mucho tiempo fuera del area de descanso...
Cuando por fin llegamos veo a todo el mundo yendo de un lado a otro.
—Doctor —Llama una enfermera acercándose con paso apurado—. Tenemos un paciente de obra con un vidrio incrustado en el brazo, está sangrando bastante.
Editado: 09.03.2026