Amor en Millstone.

Capitulo 12.

—No es buena idea retirarlo de esa forma —Hablo por milesima vez sin apartar la vista de la mano del paciente.

—No lo vamos a retirar —Responde el doctor Rhoades también por milesima vez—. Vamos a ablandar el adhesivo primero.

—Eso va a tomar demasiado tiempo.

Otro suspiro más que me pone de peor humor.

—Es lo más seguro.

Inclino apenas la cabeza porque parece que debo de volver a explicar la lógica detrás de mi solución.

—No necesariamente —Añado—. Si aplicamos presión controlada y retiramos en la misma dirección en la que se adhirió podemos sacarlo sin desgarrar la piel —Señalo con el dedo—, el adhesivo pierde fuerza si no lo forzamos...

Rhoades me mira por primera vez con atención.

—Eso funcionaría con un adhesivo no tan potente —Dice con calma—. No con uno industrial.

Se acerca un poco más al brazo del paciente.

—Este tipo de compuesto penetra la capa superficial de la piel —Continúa—. Si lo retiras así, no solo arrancas la superficie, también puedes generar una herida difícil de tratar después.

Aprieto la mandíbula porque tiene sentido pero odio no tener la razón.

El paciente levanta la otra mano.

—Eh… doctores…

Ninguno de los dos responde porque estamos en una especie de duelo de miradas.

—¿Voy a perder la mano?

—No —Responde él al instante.

—No —Repito un segundo después lo cual me hace cruzar mis brazos.

—De acuerdo… —Murmura pero vuelvo a ignorarlo.

—Bien, hazlo a tu manera—Cedo sin ganas—, pero si tarda demasiado voy a intervenir.

—No será necesario.

Suelto una risa seca mientras me aparto y él comienza a darle indicaciones a la enfermera. Es un odioso que se cree saberlo todo y eso me molesta.

—Necesito el solvente...

Las enfermeras no tardan en obedecerlo lo cual me hace girar los ojos, no hago nada porque no necesita de mi ayuda, solo me quedo allí observando como controla la situación sin problemas.

Funciona.

Eso es lo peor.

Doy media vuelta antes de que alguien note que sigo parada sin hacer nada y salgo del área con un nudo extraño en el pecho. Me detengo a unos metros lo suficiente para no estar en medio pero lo bastante cerca para verlo.

Me apoyo contra la pared con los brazos cruzados y fijo la vista en la escena.

Rhoades trabaja con calma, la enfermera le pasa el material sin que tenga que repetir nada y el paciente… el paciente ahora está más tranquilo.

Incluso sonríe.

Aprieto los labios, si él me trajo a emergencias se supone que es para que ayude no para quedarme observando como espectadora ¿En qué demonios está pensando?

Resoplo.

—Genial —Murmuro para mí misma—. Me trae hasta aquí para que vea cómo trabaja para eso me quedaba en casa.

—Si lo miras tanto van a pensar que te gusta —La voz aparece de la nada y un segundo después siento un peso sobre mis hombros.

El brazo del doctor Jonah.

Se apoya como si nada, completamente cómodo, inclinándose un poco hacia mí para mirar en la misma dirección.

—Ni muerta.

—Mírate —Dice con una media sonrisa—. Pareces un perrito abandonado mirando por la ventana.

Mi ceño se frunce de inmediato, sin decir nada aparto su brazo de un manotazo.

—No me toques.

—Uy —Murmura sin ofenderse en lo más mínimo—. Definitivamente es un perrito abandonado.

—¿Qué quieres? —Respondo sin ganas de seguirle el juego.

—Ayuda —Dice con total naturalidad—. Hay unos pacientes que se están quejando y nadie quiere lidiar con ellos.

—¿Y yo sí?

—Tú eres nueva —Se encoge de hombros—. No te odian todavía.

—Dame cinco minutos.

—No —Responde de inmediato—. Ahora... Antes de que empiecen a lanzar cosas.

—¿Y por qué no vas tú? —Suelto el aire con fastidio.

—Porque ya me conocen —Dice con una sonrisa que no promete nada bueno—. Y porque tengo fama de decir cosas que no ayudan.

—Es decir que solo empeoraras la situación.

—Exacto.

Lo observo un segundo dudando porque algo me dice que no me debo fiar de él, no es porque sea mala persona, las pocas veces que lo he visto siempre está con el doctor Casey así que no puedo juzgarlo pero su personalidad traviesa no es de fiar.

—Bien —Cedo al fin aun un poco indecisa pero no es como que tenga nada mejor que hacer—, pero si es una pérdida de tiempo, me voy.

—Claro, claro —Dice haciendo un gesto con la mano.

Empieza a caminar y lo sigo de mala gana. A unos pasos de distancia está el doctor Casey, apoyado contra una de las estaciones observando todo en silencio como si estuviera viendo una escena interesante de su video juego.

Cuando paso a su lado su mirada se posa en mí.

—No me gusta esperar —Dice sin más.

—Viniendo de alguien adicto a las pantallas es totalmente esperable —Le respondo y asiente confirmando mis palabras.

Jonah se gira mientras camina hacia atrás.

—¡Vamos, equipo! —Dice animado—. Tenemos pacientes molestos esperándonos, qué podría salir mal.

—Todo —Respondo sin pensar.

Él sonríe más.

—Exacto.

—Bien —murmuro para mí misma—. Veamos qué tan difícil puede ser esto.

Caminamos por el pasillo mientras Jonah no deja de avanzar, por alguna razón llamarlo por doctor me parece un chiste. Tal vez porque estos dos parecen más jovenes que yo y se nota que les gusta meterse en problemas.

—Te voy avisando —Dice Jonah sin dejar de avanzar—. No son pacientes complicados… son pacientes molestos.

—Eso no me tranquiliza.

—A mí sí —Murmura él—. Prefiero que griten a que se desmayen.

Casey camina a nuestro lado en silencio, como siempre, me pregunto de que hablan tanto estos dos cuando están juntos.

—¿Por qué están molestos?

—Sí... bueno... están molestos.

—Eso ya lo dijiste.

—Pero no sabes el nivel.

Dobla en una esquina y lo sigo ya un poco resignada, que no me proporcione información hace esto aún más misterioso.



#460 en Novela romántica
#93 en Otros
#55 en Humor

En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 30.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.