Entro a emergencias con las manos en los bolsillos de la bata y la mirada fija al frente pensando en que todavía no me acostumbro al ruido de los monitores, voces, pasos, todo al mismo tiempo. Terminé una cirugía y el doctor Rhoades me mandó directo a cumplir con mi castigo.
—Siguiente —Digo sin mirar a la enfermera mientras reviso la tablet.
—Dolor en el pecho, signos estables...
Asiento apenas y levanto la vista cuando el paciente se acerca, un hombre de unos treinta y tantos, tiene una mano apoyada en el pecho seguro pensando que eso aliviara el dolor.
—¿Desde hace cuanto comenzó el dolor?
—Hace un rato... bueno ya hace unas horas en realidad.
Asiento mientras me acerco un poco más para poder inspeccionarlo.
—¿Es la primera vez?
—No... ya me pasó antes.
—¿Diagnóstico previo?
—Me dijeron que era estrés.
Apoyo dos dedos en su muñeca para tomar el pulso mientras lo observo, respiración un poco acelerada, nada alarmante pero tampoco completamente normal.
—Bien, vamos a hacerte unos estudios para descartar cualquier cosa —Respondo con calma.
No parece nada grave pero aún así debemos chequearlo... por el rabillo del ojo veo la mueca que hace con la boca y mi ceja se arquea. Suspiro, decido ignorar la mueca y me dirijo a la enfermera para indicar los exámenes pero él habla.
—Eh... ¿Se encuentra el doctor Rhoades?
Me detengo y mi boca queda abierta, la enfermera hace una cara de sorpresa y al ver mi reacción se disculpa con la cabeza y decide retirarse como si supiese que esto va a terminar mal.
—Sí —Respondo sin girarme del todo.
—Preferiría que me vea él.
Giro la cabeza apenas lo suficiente para mirarlo bien esta vez.
—Soy perfectamente capaz de atenderte —Sin querer respondo rápido con tono neutro—. No debes preocuparte.
—No es eso... es que él —Se pasa una mano por la nuca incómodo—. Ya me atendió antes y conoce mi caso.
Aprieto la mandíbula apenas.
—Tu historial está aquí —Levanto la tablet un poco—. No necesito nada más.
—Igual prefiero esperar.
Eso me hace girarme por completo.
—¿Esperar? —Repito incrédula—. Estás en emergencias, no es un restaurante donde eliges quién te atiende.
Por dentro hay una pequeña vocecita que me pide que me detenga pero mi enojo solo parece ir en aumento.
—No es eso... —Se apresura a decir—. Solo... que me voy a sentir más tranquilo si él puede venir.
Suelto el aire despacio.
—Bien —Respondo al final—. Si decides esperar lo harás pero si tu condición cambia voy a intervenir sin preguntarte.
—Está bien.
Me doy media vuelta sin agregar nada más y camino unos pasos alejándome de la camilla, siento la mirada de la enfermera sobre mí pero no digo nada tampoco pregunto dónde está Rhoades, no voy a buscarlo como si fuera...
Cruzo los brazos mientras observo el movimiento del área intentando enfocarme en cualquier otra cosa pero mi vista vuelve al paciente, sigue sentado pero ya no tiene la mano en el pecho.
Qué conveniente.
—¿Lo vas a dejar así? —Pregunta la enfermera en voz baja.
—Él decidió esperar.
No pasan ni dos minutos cuando lo veo aparecer, el doctor Rhoades entra al área con paso tranquilo como si todo el caos a su alrededor no fuese nada.
Se detiene frente al paciente.
—Ethan —Saluda y el hombre levanta la cabeza, su expresión cambia al instante.
—Doctor... —Lloriquea.
Rhoades revisa la tablet un segundo pero apenas la mira antes de volver a él.
—¿Otra vez la presión? —Ethan asiente.
—Sí... empezó hace unas horas.
—¿Mismo tipo de dolor?
—Sí... pero un poco más largo esta vez.
—Bien, vamos a hacer lo mismo que la última vez pero agregaremos un par de estudios más para estar seguros.
—Gracias.
Siento mi ojo izquierdo temblar, suelto el aire que estuve conteniendo molesta ¿Eso es todo? ¿Así de fácil? Fue lo mismo incluso menos explicación de la que yo le di y aún así... funciona. Nunca me he comparado con nadie, no en el plano laboral, siempre fui la mejor entre todos mis compañeros o colegas pero ahora mismo una pregunta ronda mi cabeza ¿Qué tiene él que no tenga yo?
Me aparto un poco más apoyándome contra la pared con los brazos cruzados mientras lo observo trabajar, la enfermera le pasa el equipo sin que tenga que pedir nada, Ethan se deja hacer sin cuestionar incluso su respiración parece más estable ahora.
Sigo mirando unos segundos más hasta que aparto la vista con fastidio, no voy a quedarme aquí analizando cómo alguien logra algo que yo no, doy media vuelta dispuesta a buscar algo útil que hacer cuando una voz aparece a mi lado.
—Si lo miras tanto van a pensar que te gusta —Cierro los ojos un segundo.
No necesito girarme para saber quién es.
—¿Cuántas veces vas a repetir la misma estupidez? —Pregunto mientras aparto su brazo de mis hombros sin mirarlo siquiera.
Jonah suelta una risa baja.
—Mírate... —Parlotea inclinándose un poco para ver en la misma dirección—. en verdad pareces un perro sin hogar —Pone un gesto pensativo—. Como cuando en una perrera eligen a otro perro y no a ti.
—Deja de compararme con un perro y... te voy a romper la mano si vuelves a tocarme.
—Anotado —Sonríe de costado—. Necesito que veas a un paciente.
—No voy a escuchar quejas...
—No, es aquella mujer —Frunzo el ceño mientras sigo la dirección de su dedo y encuentro a la mujer, está sentada en la camilla con una bebé en brazos, la envuelve con demasiado cuidado como si el más mínimo movimiento pudiera romperla.
—¿Y? —Pregunto sin entender el problema.
—Y no quiere que la atienda ningún hombre —Responde Jonah encogiéndose de hombros—. Ya rechazó a dos.
—¿Rechazó a dos?
—Uno de ellos casi llora —Bromea por lo que sé que esta exagerando.
Lo ignoro y vuelvo a mirar a la mujer, la bebé está inquieta, se mueve un poco y emite un sonido suave por la boca.
Editado: 30.03.2026