Y en efecto, me enfermé al día siguiente pero no solo una gripe ligera.
Parecía que todo mi cuerpo cedió hasta el punto en el cual no podía ni levantarme de la cama, está no es la primera vez que me enfermo de esta forma. Cuando estoy con picos de estrés altos mi cuerpo lo soporta bien pero en el momentos en donde el estrés disminuye es donde mi cuerpo decide que es momento de entrar en modo descanso y termino en cama por unos días.
No es nada fuera del otro mundo para mi, pedí unos días de descanso y me los dieron sin problemas por lo que hoy me siento mucho mejor no al cien por ciento pero algo es algo.
Decido que ya estoy lo suficientemente bien como para volver.
No es una decisión inteligente pero tampoco es la primera vez que hago algo así así que no le doy demasiadas vueltas, me visto más lento de lo normal porque mi cuerpo todavía no responde del todo bien pero el simple hecho de poder mantenerme de pie sin sentir que me voy a desmayar ya me parece suficiente señal de que puedo ir a trabajar.
Error.
En el momento en el que pongo un pie dentro del hospital me doy cuenta de que subestimé completamente la situación, el ruido es demasiado, las luces fuertes y el movimiento constante hace que mi cabeza empiece a latir de una forma que no me gusta para nada pero ya estoy aquí así que no pienso dar media vuelta como si nada.
Camino por el pasillo intentando mantener una postura normal… aunque por dentro siento que mi cuerpo está volviendo de a poco a modo ahorro de energía.
—Mira quién decidió volver de entre los muertos.
Cierro los ojos un segundo.
—No estaba muerta.
Jonah me observa de pies a cabeza para luego arquear una ceja.
—¿Estás segura de que deberías estar aquí?
—Sí.
—No —Interviene Casey desde su lugar sin siquiera mirarme—. Está a nada de caerse y no pienso levantarla.
Le lanzo una mirada.
—Estoy perfectamente bien.
—Vas a desmayarte —Dice como si estuviera leyendo un informe.
—No voy a desmayarme —Por el amor de Dios que yo tambien soy doctora.
—Cinco minutos.
—No.
—Tres.
Jonah voltea en su dirección con ojos brillantes.
—Yo digo que aguanta siete —Se cruza de brazos como si estuviera apostando—. Siento que tratará de forzarse al maximo.
—Mm, apuesto a cuatro minutos como...
Resoplo y sigo caminando sin darles más atención porque si me quedo un segundo más voy a terminar discutiendo por algo completamente inútil.
No llevo ni dos minutos cuando el mareo vuelve.
Más fuerte.
Me detengo apenas apoyando una mano contra la pared intentando que no se note pero el mundo da un pequeño giro que definitivamente no debería estar pasando.
—¿Adhara?
La mención de mi nombre hace que levante un poco la cabeza y fuerce a mis ojos a abrirse, maldición, es el doctor Rhoades. Su ceño parece arrugado pero aun así la calma que irradia me irrita.
—Estoy bien —Respondo a secas—. Solo fue un mareo.
—Te vas a tu casa.
Me paro erguida en mi lugar observandolo, oh no, veo a dos doctores pero trato de fingir que me encuentro bien. Si me encontraba Johan o Casey hubiese dicho que me iba pero que sea él y que me lo diga hace que quiera llevarle la contraria.
—No —Digo molesta—. No puedes sacarme del área solo porque sí.
—Puedo —Responde sin cambiar el tono—. Y lo estoy haciendo además no lo hago "solo porque sí" estás a nada de desvanecerte.
No respondo pero tampoco le hago caso porque aunque quiero irme el mareo es tanto que si me suelto de la pared terminaré cayendo. Maldita sea, está mañana juraba que me sentia mejor.
—Serena —Se acerca un poco más y baja la voz apenas—. No es una discusión.
—Mire doctor no necesito que me cuides —Digo exhasperada. Odio cuando la gente quiere hacer del heroe y luego cuando pueda echarte en cara lo que hizo por ti—. Puedo empañármelas sola iré a mi escritorio a ordenar algunos casos y...
Antes de que caiga al suelo puedo sentir que me atrapa, su cuerpo está frío por lo cual antes de perder la conciencia deduzco que estoy con fiebre... eso es en lo ultimo que pienso antes de caer en la absoluta oscuridad.
***
Abro los ojos despacio como si mis párpados pesaran el doble de lo normal y por unos segundos no entiendo dónde estoy o porque todo se siente demasiado… tranquilo. No hay ruido de monitores ni pasos apurados o voces cruzándose en el pasillo solo algo capta mi atención.
Un olor.
Frunzo apenas el ceño mientras respiro más profundo. Me toma un par de segundos reconocerlo y cuando lo hago parpadeo un poco más consciente porque eso es algun tipo de sopa.
Giro la cabeza lentamente y el mareo sigue ahí pero mucho más leve que antes, como una resaca del día siguiente. Oh estoy en mi habitación.
¿Cómo…?
Mi mirada recorre el lugar y entonces veo sobre la mesa bolsas de supermercado. No solo una sino varias bolsas que no estaban antes de que saliera para el hospital.
Me incorporo apoyándome en los codos ignorando la ligera debilidad en los brazos y las observo mejor hay cosas que sobresalen, verduras, medicamentos, incluso lo que parece ser una caja de té.
Parpadeo.
Esto no tiene sentido.
El sonido de algo moviéndose en la cocina me hace girar la cabeza hacia la puerta entreabierta. El olor se intensifica un poco más y ahora puedo escuchar el leve choque de una cuchara contra una olla.
No.
No puede ser.
Me quedo completamente quieta y cerrando los ojos vuelvo a mi posición inicial.
—Si estás despierta puedes dejar de fingir que no lo estás.
Por supuesto que se dio cuenta, suelto el aire despacio antes de empujarme un poco más hasta quedar sentada, llevo una mano a mi frente esperando sentir calor y aunque sigue algo elevada ya no es como esta mañana.
—No estaba fingiendo —Respondo con la voz algo áspera.
—Ajá —Lo dice sin tono de burla pero igual me molesta.
Editado: 12.05.2026