Amor en Millstone.

Capítulo 17.

Mi celular llevaba una semana vibrando con el mismo nombre en la pantalla, por lo que decidi que era hora de cambiar mi numero de telefono. Cosa que sorprendentemente no duro nada, al día siguiente Nicolas ya tenia mi nuevo numero.

Llamadas perdidas, mensajes que no abría y audios que ni siquiera me molestaba en escuchar. Al principio pensé que eventualmente se cansaría pero claramente subestimé su capacidad de insistir.

—Doctora Wood —Levanto apenas la vista de la ficha que tengo en las manos. La enfermera parece un poco incómoda.

—¿Mmm?

—Hay alguien preguntando por usted —Mi estómago se hunde de inmediato. Cuando alguien llama por mi solo suelen decirme quien es pero por alguna razón no tengo un buen presentimiento.

—Dile que estoy ocupada —No era mentira, el hospital estaba movido el día de hoy. Tanto así que no tenía a Casey molestando como de costumbre.

—Ya le dije eso... —Murmura incomoda—, pero insiste en que te conoce.

Cierro los ojos un segundo.

—¿Dónde está?

—En recepción.

Suelto el aire lentamente dejando la carpeta sobre el escritorio. Espero estar equivocada pero en el fondo ya sé perfectamente lo que voy a encontrar... y efectivamente ahí está.

Él luce igual que siempre, impecable, tanto que su traje, reloj, cabello acomodado hacia atrás y esa postura recta parece fuera de escena. Parece una especie de actor deslumbrante dentro del hospital hasta hay pacientes quienes cuchichean mientras lo observan.

Cuando me ve, sus ojos cambian de inmediato.

Primero alivio, lentamente cuando sus ojos me analizan de arriba a abajo pasan a preocupación y a... esa maldita mirada.

—Serena... —Su voz baja apenas mientras se acerca.

—¿Qué haces aquí? —Pregunto seca.

—Te ves agotada —Sus ojos recorren mi rostro lentamente como si estuviera analizándome.

—Tal vez porque estoy trabajando —Digo encogiendome de hombros.

—Y claramente no estás descansando —Se acerca todavía más y antes de que pueda apartarme acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja—. Mira tus ojeras... además estás despeinada.

Retrocedo un paso automáticamente, ya vamos a comenzar con su preocupación extrema.

—No es un buen momento.

—Llevo una semana llamándote y no atiendes mis llamadas.

Arrugo el ceño, ¿No capto la indirecta?

—Porque no quiero hablar contigo.

Su expresión cambia apenas, como si le doliera escuchar eso.

—Serena, vine hasta aquí porque estaba preocupado.

—No necesitabas hacerlo... creí dejar en claro que lo nuestro terminó ese día.

Ignora por completo lo que le digo y frunce los labios.

—Mírate... este lugar te está consumiendo —Sus ojos recorren emergencias con desaprobación—. Serena este no es un lugar acorde para ti.

Por alguna razón esas palabras me molestaban, cuando llegue por primera vez tambien pensé lo mismo. Este lugar era de lejos algo para una cirujana de renombre como yo, pero entendía lo que mi abuelo hacía para protegerme por lo que no tuve de otra.

Con el pasar de los meses esa percepción fue cambiando de a poco, antes no soportaba emergencias y ahora se había vuelto algo más llevadero...

—Aunque no lo parezca creo que encajo mejor aquí que en Todson... —Esas palabras saliendo de mi boca me sorprendieron.

—Serena... —Suspira como si estuviera hablándole a una niña difícil—. Tú no deberías estar en emergencias ¡Eres cirujana!

—Me necesitan aquí, además trabajar aquí me está ayudando a...

—¿Trabajar? —Repite observando alrededor—. Serena, este hospital apenas se mantiene en pie.

Mi irritación sube de inmediato. Lo peor es que hace unos meses yo habría dicho exactamente lo mismo.

—No quiero discutir contigo, Nicolás.

—Entonces ven afuera conmigo cinco minutos.

—No —Ni hablar, eso solo extendería la pelea afuera.

—Serena... vamos por un café, o algo que esté pueblo pueda ofrecer.

—Estoy trabajando.

Intento pasar de largo pero sus dedos rodean mi muñeca deteniéndome.

—Solo quiero hablar.

—Y yo quiero que me sueltes.

Su expresión pierde un poco de suavidad.

—Deja de actuar como una niña y escucha un segundo.

—Suéltala —La voz aparece desde un costado.

Nicolás gira apenas la cabeza y yo también. Casey está apoyado contra la pared con las manos en los bolsillos. Su expresión sigue siendo tan vacía como siempre pero sus ojos están puestos directamente en la mano que sigue sujetando mi muñeca.

—Esto no te incumbe —Responde Nicolás con frialdad.

—Ajá —Casey ladea apenas la cabeza—. Igual suéltala.

Nicolás aprieta la mandíbula.

—Estoy hablando con mi pareja.

—Ex pareja —Corrijo inmediatamente.

—Serena.

—Te dije que me soltaras.

Sus dedos finalmente aflojan la presión pero no se aparta.

—No entiendo qué haces aquí —Su mirada vuelve a recorrerme—. Estás dejando que este lugar te convierta en algo que no eres.

—¿Y qué soy exactamente?

—Alguien brillante —Responde demasiado rápido—. No deberías estar rodeada de este caos.

—Es un hospital, no me imagino como sería la central si no hay caos —El tono de su voz parece humorístico, como diciéndolo con desdén. Que Casey esté hablando tanto me sorprende más del hecho de que mi ex esté haciendo una escena en el hospital.

Nicolás finalmente rompe esa máscara, esa expresión fría y arrogante, casi despectiva. Esa mirada no había sido un problema antes, a mi no me gustaba relacionarme con la gente y con esa actitud suya no es como que mucha gente se acercará así que jamas me importo hasta ahora que me pareció grosero.

—¿Te parece gracioso? —Pregunta Nicolás.

—Un poco, pero creo que ya es suficiente espectáculo. Hay gente que nos necesita por lo que...

—El doctor Casey tiene razón, el lugar está repleto —No me deja seguir.

—¿Doctor? —Nicolás lo observa de arriba abajo—. ¿Cuántos años tienes?



#1785 en Novela romántica
#505 en Otros
#230 en Humor

En el texto hay: hospital, doctor, romcom

Editado: 19.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.