Amor en otro mundo

Capitulo 1

Desperté en un cuarto lleno de seda y oro.

La luz del amanecer entraba suavemente por enormes ventanales cubiertos con cortinas bordadas en hilos dorados. El techo estaba decorado con pinturas celestiales y detalles que brillaban como si pequeñas estrellas hubieran quedado atrapadas en él.

No reconocía nada.

El colchón era demasiado suave. Las sábanas, demasiado finas. El aire olía a flores y a incienso.

Intenté moverme y una punzada recorrió mi cabeza.

—¿Dónde… estoy?

Mi voz no sonaba como la mía. Era más delicada, más elegante.

Con el corazón latiendo con fuerza, bajé de la cama. El suelo frío de mármol tocó mis pies descalzos. Frente a mí, un enorme espejo con marco dorado reflejaba una figura que no era yo.

Me acerqué lentamente.

Cabello largo,dorado como la luz del sol.Piel pálida y perfecta.

Ojos azules… profundos como el zafiro más puro.

Sentí que el aire me faltaba.

—No puede ser…

Llevé mis manos a mi rostro. La persona del espejo hizo lo mismo.

La reconocí al instante.

Rai.

La princesa trágica del libro que había leído una y otra vez. La princesa que era traicionada. La princesa que moría por orden del rey que jamás la amó.

Retrocedí, tropezando con el borde de la cama.

—Estoy… en su cuerpo.

El recuerdo del último capítulo vino a mi mente como un golpe. La nieve cayendo. La mirada fría del rey. La espada.

La puerta se abrió bruscamente.

—¡Señorita Rai!

Una joven sirvienta entró corriendo, con lágrimas en los ojos.

—¡Gracias a los cielos! ¡Despertó!

Me miró como si estuviera viendo un milagro.

—Se cayó por las escaleras del ala norte hace treinta días. Los médicos dijeron que quizá nunca despertaría

Treinta días…

En el libro, ese accidente marcaba el inicio del aislamiento de Rai. Después de eso, el rey comenzó a distanciarse aún más. La corte empezó a murmurar.

Era el punto donde todo empezaba a romperse.

—El rey dejó una orden estricta —continuó la sirvienta, inclinándose con respeto—. Si su alteza despertaba, debía informarle de inmediato. Él desea verla hoy mismo.

El rey.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Recordaba cada escena donde él aparecía. Alto, elegante, imponente. Su mirada siempre fría. Siempre distante.

El hombre que en el libro jamás mostró amor.

El hombre que… la condenó.

Pero algo dentro de mí se negó a temblar.

Si estoy aquí, no es casualidad.

No renací para repetir la tragedia.

Caminé de nuevo hacia el espejo.

Observé el reflejo de Rai. Ya no parecía frágil.

—No moriré así —murmuré con firmeza—. No aceptaré ese final.

La sirvienta me miró confundida.

Tal vez Rai antes habría ido temblando al encuentro del rey. Tal vez habría agachado la cabeza.

Pero yo no soy la Rai del libro.

Yo conozco cada traición antes de que ocurra.

Cada mentira antes de que sea dicha.

Si el rey quiere verme…

Entonces que se prepare.

Porque esta vez, la princesa no será una víctima.

Esta vez, la historia cambiará.

Y el destino… también puede sangrar.



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En el texto hay: amor enfermizo

Editado: 01.03.2026

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