Amor en Pausa

Capítulo 14: Negación, rumores y situaciones ridículas

Hana Yoo

Hay una regla universal no escrita en la universidad: si dos personas se gustan y tratan de ocultarlo, el resto del campus lo sabrá antes que ellos mismos.

Y yo estaba a punto de comprobarlo.

Lunes – 7:40 a.m.

Llegué al campus tarde. Otra vez.
Con un pan dulce en la boca, el bolso mal cerrado y una lista mental de cosas que debía hacer y que definitivamente iba a olvidar.

—Respira, Hana —me dije—. Hoy solo es un día normal.

Mentí descaradamente.

Apenas puse un pie en el edificio principal, sentí miradas.
Demasiadas.

—¿Por qué me miran así? —le susurré a Yuri cuando la encontré en el pasillo.

Ella me miró... y sonrió.
Esa sonrisa peligrosa.

—Oh, nada —dijo—. Solo eres famosa ahora.

—¿Famosa por qué? ¿Derramé café sobre alguien más sin recordarlo?

—Peor.

Tragué saliva.

—¿QUÉ HICE?

—Tú no hiciste nada —respondió—. Ustedes hicieron algo.

—¿Quiénes son "ustedes"?

—Tú y Kang Minho.

El pan casi se me cae de la boca.

—¿¡QUÉ!?

Yuri sacó su teléfono y me mostró la pantalla.

Había un foro universitario.
Con un título que decía:

"¿Hana Yoo y Kang Minho están saliendo? (PRUEBAS)"

—Voy a desmayarme —murmuré.

—Todavía no —dijo Yuri—. Espera a ver las fotos.

Había tres fotos borrosas:

1. Minho caminando conmigo al anochecer.

2. Minho prestándome su chaqueta.

3. Minho... mirándome.

—¡Eso no es una prueba! —exclamé—. ¡Eso es caminar! ¡Mirar! ¡Respirar!

—Exacto —respondió Yuri—. Sospechosísimo.

En la clase de Economía Avanzada

Entré al aula intentando pasar desapercibida.

Fallé.

—¡Hana! —susurró alguien—. ¿Es cierto?

—¿Qué cosa?

—¿Sales con Minho?

—NO.

Demasiado fuerte.

Todos me miraron.

Justo en ese momento, él entró.

Kang Minho.
Impecable. Tranquilo.
Ajeno... hasta que vio mi cara.

Nuestros ojos se encontraron.

Silencio total.

—¿Por qué todos nos miran? —susurró al sentarse a mi lado.

—Porque somos celebridades —respondí con pánico.

—¿Qué?

Yuri, desde atrás, intervino:

—Felicitaciones por su relación secreta.

—¡NO ES SECRETA PORQUE NO EXISTE! —gritamos Minho y yo al mismo tiempo.

El profesor carraspeó.

—¿Algún problema en la fila Yoo–Kang?

—Ninguno —dijo Minho con calma—. Solo... mala comunicación colectiva.

Yo lo miré.

—¿Colectiva?

—Luego te explico.

Receso – Cafetería

Error número uno del día: aceptar ir a la cafetería con Minho.

Error número dos: sentarnos juntos.

Apenas nos sentamos, tres mesas cercanas se giraron hacia nosotros.

—¿Puedes dejar de mirar así? —le susurré.

—¿Así cómo?

—Como si fueras el protagonista de un drama romántico.

—No es mi culpa —respondió—. Tú tampoco ayudas cuando tropiezas conmigo cada dos pasos.

—¡Eso fue una sola vez!

—Y memorable.

La señora Go apareció con una sonrisa sospechosa.

—¿Lo de siempre para los dos? —preguntó.

—¿Para los dos? —dije.

—Sí, cariño. La pareja de moda.

Me atraganté con el aire.

—¡NO SOMOS PAREJA!

—Todavía —añadió ella guiñando un ojo y alejándose.

Yo me tapé la cara.

—Quiero desaparecer.

—Si desapareces —dijo Minho tranquilo—, confirmará los rumores.

—¿Por qué sabes tanto sobre esto?

—Observación estadística —respondió—. Entre más lo niegues, más creen que es verdad.

—¡ENTONCES AYÚDAME!

Me miró fijamente.

—¿Cómo?

—Di algo frío. Algo cortante. Algo... tú.

Suspiró.

—De acuerdo.

Se levantó de golpe.

—Yoo Hana —dijo en voz alta—. Quiero dejar claro que entre nosotros no hay absolutamente nada romántico.

El silencio fue brutal.

Yo asentí con fuerza.

—¡Exacto! Nada.

—Ella es desordenada, imprudente y derrama café —continuó.

—¡Oye!

—Y yo soy incapaz de lidiar con eso emocionalmente.

Me quedé quieta.

—¿Emocionalmente?

—Digo... logísticamente —corrigió rápido.

Las chicas de la mesa de al lado suspiraron.

—Ay, eso sonó peor —murmuró Yuri.

Tarde – Biblioteca

Decidimos ignorar al mundo y trabajar.

Mala decisión.

—¿Por qué se sientan tan juntos? —preguntó un chico al pasar.

—Porque la mesa es pequeña —dije.

—¿Por qué Minho te acomoda la silla?

—¡No la acomodé! —dijo él—. Solo... evité que se cayera.

—¿Por qué le traes agua?

—Porque se le olvidó —respondió Minho.

—¿Por qué se miran así?

—¿Así cómo? —preguntamos al mismo tiempo.

Silencio.

—Como si fueran a besarse —dijo la chica.

Yo me levanté de golpe.

—¡NOS VAMOS!

Salimos casi corriendo.

Exterior del campus – Atardecer

Nos detuvimos bajo un árbol.

Respiré profundo.

—Esto es un desastre.

—Coincido —dijo Minho—. Pero estadísticamente, los rumores mueren en 48 horas.

—¿Y si no?

—Entonces... —me miró— tendremos que dejar de fingir que no pasa nada.

Mi corazón dio un salto mortal.

—¿Pasa algo?

—No lo sé —admitió—. Pero el hecho de que estemos discutiendo esto lo vuelve sospechoso.

Me crucé de brazos.

—Yo solo quiero que dejen de hablar.

—Entonces hay una solución.

—¿Cuál?

—Actuar como si no nos importara.

—¿Cómo?

Se acercó un poco.

—Naturalidad extrema.

—Eso no existe.

—Claro que sí.

—Muéstrame.

Minho me miró... y me tomó de la mano.

—Ejemplo práctico.

—¡¿QUÉ HACES?!

—Naturalidad —susurró—. Respira.

Pasó un grupo de estudiantes.

—Míralos —dijo Minho—. Nos miran menos.

Tenía razón.

—Esto es ridículo.

—Un poco.

—¿Puedes soltarme ya?

—En cinco... cuatro...

—¡Minho!

—Tres...




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