Amor en Pausa

Capítulo 15: Confesiones a medias, celos completos y cero dignidad

Hana Yoo

Si algo he aprendido de los k-dramas (y de mi propia vida, lamentablemente) es esto:
cuando todo parece extrañamente tranquilo, es porque el desastre viene en camino… con música dramática incluida.

Martes – 8:15 a.m.

El campus estaba demasiado normal.

Nadie me susurraba al pasar.
Nadie me pedía “confirmación”.
Nadie gritaba “¡es ella!” como si fuera una celebridad caída en desgracia.

—Esto no me gusta —murmuré.

—Eso se llama paz —dijo Yuri—. Disfrútala mientras dure.

Error.
Grave error.

Apenas entramos al edificio principal, vimos el cartel.

Un cartel enorme, hecho a mano, pegado justo en el tablero de anuncios:

“CONFESIONES ANÓNIMAS – Festival del Amor Universitario”
Escribe lo que nunca te atreviste a decir

—Oh no —susurré.

—OH SÍ —gritó Yuri—. ESTO ES ORO.

—Ni se te ocurra.

—Hana —dijo, tomándome de los hombros—. Este tipo de eventos existen para acelerar el drama romántico.

—Pues yo quiero frenar.

—Llegaste tarde.

Entré al aula y ahí estaba él.

Kang Minho.
Serio. Concentrado.
Completamente ignorante del peligro que se cernía sobre nosotros.

Se sentó a mi lado.

—Buenos días —dijo.

—Buenos días —respondí—. Tenemos un problema.

—¿Académico o emocional?

—Ambos.

—Perfecto —asintió—. Mi especialidad.

—Hay un muro de confesiones.

Parpadeó.

—¿Un qué?

—Un lugar donde la gente escribe lo que siente.

—Eso suena innecesario.

—Exacto —dije—. Y peligroso.

Yuri apareció detrás.

—Chicos, ¿ya escribieron?

—NO —respondimos al mismo tiempo.

—Todavía —añadió ella—. Pero lo harán.

Minho frunció el ceño.

—No participo en actividades impulsivas.

—Tú existes —le dije—. Eso ya es impulsivo.

Me ignoró.

Estaba comprando algo en la cafetería cuando escuché:

—Dicen que Minho va a confesar hoy.

Casi me caigo.

—¿Qué?

—Sí —dijo una chica—. Que tiene a alguien importante.

Me giré lentamente.

—¿Quién dijo eso?

—Él mismo… más o menos.

—¿CÓMO QUE “MÁS O MENOS”?

—Le preguntaron si le gustaba alguien y dijo:
“Es complicado, pero no es negociable.”

El vaso tembló en mi mano.

—Eso… eso no significa nada.

—Claro que sí —intervino Yuri—. Significa .

—NO.

—Sí.

—NO.

—Sí.

—Voy a morir.

Jardín central

Minho estaba sentado en una banca, revisando su celular.

Respiré hondo y me acerqué.

—Tenemos que hablar.

—Eso suena serio —dijo—. ¿Morimos hoy?

—¿QUÉ DIJISTE?

—¿Perdón?

—Andan diciendo que vas a confesar algo en el muro.

Él parpadeó.

—¿Confesar qué?

—¡ESO QUIERO SABER YO!

—Hana —dijo con calma—. Yo no he escrito nada.

—¿Todavía?

—¿Todavía?

—¡NO ME COPIES!

Suspiró.

—Solo dije… algo general.

—¿Qué cosa general?

—Que hay alguien importante.

Mi corazón se volvió una licuadora.

—¿Quién?

—¿Por qué preguntas? —respondió.

—POR CURIOSIDAD CIENTÍFICA.

—Mientes fatal —repitió.

—¡TÚ TAMBIÉN!

Nos quedamos mirándonos.

—¿Te molesta? —preguntó él.

—No —respondí demasiado rápido—. ¿Por qué me molestaría?

—Exacto —asintió—. Entonces no hay problema.

Se levantó.

—¿A dónde vas?

—A clase.

—¿Eso fue todo?

—Por ahora.

LO ODIÉ.

—Ok —dijo Yuri esa tarde—. Plan B.

—¿Cuál es el plan A?

—Que confiesen solos.

—¿Y el B?

—Forzarlos un poquito.

—Yuri…

—Relájate.

Nunca debí decir eso.

Evento – Muro de confesiones

El lugar estaba LLENO.

Papeles por todos lados.
Gente leyendo, riendo, gritando, llorando.

—No mires —me dijo Yuri.

—Estoy mirando.

—NO MIRES.

—ESTOY MIRANDO.

Y entonces lo vi.

Un papel.

Letra ordenada.
Demasiado ordenada.

“No soy bueno diciendo lo que siento.
Pero hay alguien que desordena mi mundo de la mejor manera.
Y no quiero que se vaya.”

Mi cerebro colapsó.

—Ese… —susurré—. Ese es él.

—Ajá —sonrió Yuri—. ¿Vas a huir o a enfrentarlo?

—Voy a desmayarme.

Minho apareció detrás de nosotras.

—¿Qué hacen aquí?

Me giré lentamente.

—Nada.

—Nada sospechoso —añadió Yuri.

—Hana —dijo Minho—. ¿Leíste algo raro?

—NO —grité—. ¿TÚ?

—…Tal vez.

Silencio.

—¿Es tuyo? —pregunté, señalando el papel.

Él lo leyó.

Se quedó quieto.

—Sí.

El mundo dejó de girar.

—Ah —dije—. Qué… interesante.

—Hana…

—No pasa nada —dije rápido—. Es solo una confesión anónima.

—No es anónima para ti —respondió.

—¿Y qué se supone que haga?

—Decirme lo que piensas.

Me quedé callada.

La comedia interna gritaba.
El drama externo también.

—Pienso —dije al fin— que eres un cobarde.

—Probable.

—Que confiesas en papeles pero no en persona.

—Cierto.

—Y que aun así… —tragué saliva— no quiero que te vayas.

Su expresión cambió.

—Hana…

—Pero tampoco quiero seguir adivinando.

Nos miramos.

El ruido alrededor desapareció.

—No te estoy pidiendo una respuesta perfecta —continué—. Solo una honesta.

Minho respiró profundo.

—Entonces escucha bien —dijo—. No sé hacerlo bien. Me da miedo equivocarme. Pero lo que siento por ti… no es una duda.

Mi corazón explotó.

—¿Eso fue una confesión?

—Fue un intento —sonrió nervioso—. Dame puntos por esfuerzo.

Reí.
Literalmente reí.

—Eres increíblemente malo para esto.

—Lo sé.

—Pero… —me acerqué un poco— eres mejor de lo que crees.

Silencio.

—¿Eso significa…? —preguntó.

—Significa —sonreí— que no te has quedado sin oportunidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.