Hana Yoo
Hay días normales.
Hay días malos.
Y luego está el día en que todo el campus decide involucrarse en tu vida amorosa sin tu consentimiento.
Ese día fue hoy.
6:30 a.m.
Me desperté antes de que sonara la alarma.
Eso nunca pasa.
El silencio era sospechoso.
Demasiado tranquilo.
Como el inicio de un episodio final donde sabes que algo horrible (o maravilloso) está a punto de ocurrir.
Revisé mi celular.
27 notificaciones.
—No —susurré—.
No, no, no.
Grupo nuevo:
“Team Yoo–Kang”
—¿QUIÉN HIZO ESTO?
Mensaje de Yuri:
“Buenos días, protagonista.”
—Odio esa palabra.
“Hoy cierras arco narrativo.”
—VOY A BLOQUEARTE.
Me levanté, me miré al espejo y respiré profundo.
—Hoy no pasa nada —me dije—.
Nada.
Nada romántico.
Nada público.
Nada humillante.
El espejo no me creyó.
Campus
Había corazones.
No uno.
No dos.
DEMASIADOS.
—Esto debería ser ilegal —murmuré.
—Lo es —dijo Yuri—. Pero nadie se atreve a detener el amor.
—Voy a detenerlo yo.
—No puedes —sonrió—. Ya empezó el último episodio.
—NO SOMOS UN DRAMA.
—Tú sí —respondió.
Minho estaba apoyado en una pared, leyendo algo… al revés.
—¿Eso es tu cuaderno? —pregunté.
—Sí.
—Está al revés.
—Ah —lo giró—. Cierto.
Silencio incómodo.
—¿Estás bien? —le pregunté.
—Defíneme “bien”.
—No parecer que vas a confesarle algo a medio campus.
—Entonces no.
—Perfecto.
Dos segundos después:
—¿Tú estás bien? —preguntó él.
—Estoy considerando mudarme de país.
—Eso parece extremo.
—Este campus tiene globos —señalé—.
GLOBOS.
—Eso sí es grave.
Clase de economía
El profesor hablaba.
Nadie escuchaba.
Todos miraban…
A NOSOTROS.
—¿Por qué nos observan como si fuéramos una serie en emisión? —susurré.
—Porque estadísticamente —dijo Minho—, hoy esperan resolución.
—¿PUEDES DEJAR DE USAR LA PALABRA “ESTADÍSTICAMENTE”?
—No.
—Entonces voy a llorar.
—Anotado.
El profesor carraspeó.
—¿Señor Kang? ¿Podría responder?
Minho se levantó.
—Sí.
—¿Cuál es la respuesta?
—Depende.
—¿De qué?
—De si hablamos de economía… o de Hana Yoo.
SILENCIO.
Yo quise morir.
—Economía —dijo el profesor rápidamente.
—Entonces no sé —respondió Minho.
Risas.
—Siéntese —ordenó el profesor—.
Y resuelvan… lo que sea que tengan que resolver.
En el receso
—Ok —dijo Yuri—. Ya no puedo esperar.
—NO HAGAS NADA —le advertí.
—Demasiado tarde.
—¿QUÉ HICISTE?
—Nada grave —sonrió—. Solo hablé con el comité del festival.
—¿QUÉ COMITÉ?
—El que puso el escenario.
Me quedé helada.
—¿ESCENARIO?
—Relájate —repitió—.
Respira.
—VOY A DESMAYARME.
—Hana —dijo Minho—.
¿Por qué Yuri está tan feliz?
—Porque es mala persona.
—¿Hizo algo?
—Siempre.
—Eso no responde nada.
—Exacto.
Decidí esconderme en la biblioteca.
Error.
—Ahí estás —dijo Minho, apareciendo.
—¿Me seguiste?
—Técnicamente sí.
—Eso es inquietante.
—Solo un poco.
Me senté.
—No quiero hacerlo frente a todos —dije—.
No quiero globos.
No quiero gritos.
No quiero foros actualizados cada cinco minutos.
—Yo tampoco —respondió—.
Pero tampoco quiero que esto se quede a medias.
—Odio cuando tienes razón.
—Lo sé.
Silencio.
—Hana —dijo—.
Si no dices nada hoy, lo aceptaré.
Lo miré.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Y si huyo?
—Me preocuparé… pero te entenderé.
Eso fue peor.
—Eso no es justo.
—Nunca lo es.
Llegamos tarde.
Había GENTE.
MUCHA.
—Esto es ilegal —susurré.
—Demasiado tarde —dijo Yuri—.
Ya empezó.
Minho fue empujado al escenario.
—¡NO! —grité—. ¡DEVUÉLVANLO!
—Respira —me dijo Yuri—.
Confía.
—YO NO CONFÍO EN TI.
—Hola —dijo Minho al micrófono—.
Quiero dejar claro que me obligaron un poco.
Risas.
—No me gustan los escenarios.
Ni las multitudes.
Ni los sentimientos mal calculados.
Más risas.
—Pero hay alguien —me miró—
que arruinó mis planes…
y los hizo mejores.
Mi corazón colapsó.
—No sé prometer cosas grandiosas —continuó—.
Pero sé quedarme.
Y quiero quedarme con ella.
Silencio total.
—Hana Yoo —dijo—.
No te estoy pidiendo perfección.
Solo honestidad.
Subí temblando.
—Hola —dije—.
Esto es una pesadilla social.
Risas.
—No soy buena con finales —admití—.
Siempre huyo antes.
Miré a Minho.
—Pero contigo…
huir ya no se siente como opción.
Respiré profundo.
—Así que sí…
quiero intentarlo.
Aunque sea caótico.
Aunque todos miren.
El campus estalló.
—¿Puedo? —susurró.
—Si no lo haces, lo haré yo —respondí.
Risas.
El beso fue lento.
Inseguro.
Perfecto.
Gritos.
Aplausos.
Yuri llorando como si fuera su boda.
—Foro actualizado —gritó alguien.
—¡PROHÍBAN ESE FORO! —grité.
Minho me tomó la mano.
—¿Demasiado?
—Muchísimo —sonreí—.
Pero… quédate.
—Siempre.
Café.
Silencio.
Nuestras manos juntas.
—¿Te arrepientes? —preguntó.
—No —respondí—.
Aunque mañana probablemente niegue todo.
—Estaré aquí para recordártelo.
Sonreí.
Y por primera vez,
el caos valió la pena.