Amor en vacaciones, o Un chico rico busca trabajo

Capítulo 12.3. Grandes perspectivas

Capítulo 12.3. Grandes perspectivas

—Prometido —respondió seriamente Max y miró a Mary a los ojos. En ellos leyó apoyo, comprensión y se dio cuenta de que a esta chica estaba dispuesto a llevarla en brazos toda su vida.
—Pueden pasar a ver al paciente —dijo el médico al salir de la habitación—. Logramos estabilizar su estado. Ahora lo trasladarán a una planta y podrán visitarlo, porque ha recobrado el conocimiento y exige verlos.
—Gracias. ¿Cómo está? —preguntó Máxim, abrazando a Mary.
—Ya no es joven, el asma y el corazón... —respondió el doctor—. Pero intenten no alterarlo. Ahora solo necesita emociones positivas.
—De acuerdo —respondió Máxim.
Al cabo de un rato, Máxim y Mary entraron en la habitación vestidos con batas blancas de hospital.
—Por fin esos matasanos te han dejado pasar a verme —se incorporó el hombre en la cama—. Tengo tanto que decirte, nietecito...
—No se altere —pidió Max, sosteniendo a Mary de la mano—. Tiene que recuperar fuerzas.
—Pues mirándolos a ustedes recupero las fuerzas. Tan jóvenes, tan guapos. ¡Hacen una pareja maravillosa! —apoyó la candidatura de Mary el abuelo—. ¿Y Román? ¿Dónde está? ¿Qué le pasa? —se intranquilizó el hombre, y los aparatos empezaron a pitar con más fuerza, más rápido y de manera más agresiva.
—A mi papá le operaron del corazón. Mi mamá está a su lado. Lo atiende un buen cardiólogo —intentó calmarlo Máxim.
—Todo es por mi culpa —se recriminaba Vasily Maksimovich—. Si no hubiera sido tan ciego y tan estúpido, Román tendría menos problemas. Pero intentaré arreglarlo todo. Máxim, preséntame a tu prometida.
—Es la chica más maravillosa del mundo: María, mi Mary —respondió Max, sin contradecir las palabras de su abuelo sobre la «prometida». Máxim se llevó a los labios la mano de Mary, la cual no había soltado en ningún momento.
—¡Qué feliz soy! Justo ahora me recuerdan a tu padre y a tu madre. Tan enamorados... —respondió sonriendo Vasily Maksimovich—. Y yo soy Vasily Maksimovich. Nietecito, Mary es una verdadera belleza. Los Gorójov... esto, los Veliky sí que saben de belleza femenina. ¿Y dónde está el menor? ¿Dónde está Serge? Si hoy es el cumpleañero. Le he arruinado la fiesta al muchacho. Y otra vez por mi culpa.
—Serge está en casa —respondió Máxim.
—Acérquense más a mí —pidió Vasily Maksimovich.
Máxim dudó, pero Mary fue la primera en dar un paso al frente. Ella veía en los ojos del hombre arrepentimiento, tristeza y un profundo cansancio de la vida.
—Qué suerte has tenido con tu chica, Máxim. Ella es buena, tú eres bueno, tu madre es buena, tu padre fue muy listo al saber valorar en su día a Margarita... ¡y yo, un imbécil! Por alguna razón pensaba que el estatus y el dinero eran más importantes que los sentimientos. Román demostró que con un amor verdadero se puede levantar un negocio desde cero y vivir en pareja toda la vida, apoyándose mutuamente —dijo Vasily Maksimovich—. Me recrimino tanto, tanto... No me perdonaré haber malgastado mi vida por un rencor absurdo.
—Todavía se puede arreglar todo —dijo Mary, al ver que Max no se decidía a dar el paso hacia su abuelo.
Al final, Max dio un paso hacia la cama del abuelo. Mary le señaló con la cabeza dos sillas cercanas y Max las acercó a la cama.
—Lo arreglaré. ¡Por supuesto! Aún quiero llegar a ver a los biznietos —dijo el hombre con optimismo—. Nietecito, mejor cuéntame qué le hiciste a Dania para que se apartara de ti como si hubiera visto al demonio. Porque solo lo vi así de furioso cuando se enteró de que Máxim había presentado los documentos para ser candidato a diputado —soltó el hombre, a lo que Mary miró a Max con tanta elocuencia que el abuelo comprendió que se le había ido la lengua.
—Antes hacía boxeo. Así que las habilidades me vinieron bien —respondió Mary—. ¿Y quién tenemos aquí que sea el futuro diputado?
—Quien iba a presentar su candidatura era mi papá. Goro... Igor Andreievich quería usarlo como candidato técnico para que luego mi papá le cediera sus votos.
Pero cuando pusimos en marcha el nuevo proyecto, que dejó de lado las ideas de Igor Andreievich, y me enteré de que mi papá necesitaba la operación, tuve que aceptar —respondió Max, dirigiéndose más a Mary que a su abuelo—. Yo no soy una persona tan ambiciosa, pero el estatus de diputado puede ayudar a resolver ciertos asuntos. En la alcaldía hay un proyecto pendiente para edificar en el terreno del club de fútbol donde jugaba antes y donde entrena Serge. Ya hemos preparado los documentos para impugnar ese proyecto, hemos reunido fondos y convocado a voluntarios entre los futbolistas, los padres de los niños y todas las personas solidarias que ahora mismo están acondicionando y reparando el local del club de fútbol y el terreno colindante.
Hablaba Max mirando a los ojos a Mary, como justificándose por no habérselo contado antes. Mary comprendía ahora a qué asuntos urgentes de Max se refería Violetta.
—Estoy orgulloso de ti, nietecito, pero tu chica debería estar al tanto de tus acciones —avergonzó el abuelo a Max, aunque en el fondo no cabía en sí de orgullo por su nieto en ese momento. Puede que no fuera un Gorójov en el pasaporte, ¡pero sin duda era un Veliky! ¡Y para un Veliky, grandes perspectivas!




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