"Amor entre cenizas y plata"

El destello del destino

El rey levantó la mano derecha. A su señal, una fila de arqueros dio un paso al frente, tensando las cuerdas de sus ballestas. Las puntas de plata apuntaban directamente al corazón de Harry. El príncipe de las sombras se mantuvo firme, apretando la empuñadura de su espada, dispuesto a recibir los impactos con tal de proteger la retirada de la princesa.

—Es tu última oportunidad, Hermayoni —sentenció el rey, con una voz fría que resonó en el abismo—. Da un paso al frente o mira cómo muere.

Hermayoni miró la espalda de Harry, marcada por la tensión y el dolor de su herida abierta. Miró las flechas listas para disparar. En ese instante de desesperación absoluta, algo se rompió dentro de ella. Un calor abrasador, una energía que jamás había sentido, comenzó a ascender desde su pecho hasta la punta de sus dedos.

(Pensamiento de Hermayoni: "Siempre me dijeron que la Luz existía para destruir a las Sombras. Pero mi magia no nació para odiar. Si tengo este poder... ¡es para proteger lo que amo!").

—¡No voy a dejar que le hagas daño! —gritó Hermayoni.

Antes de que el rey pudiera dar la orden de disparar, Hermayoni se plantó al lado de Harry y extendió ambas manos hacia el ejército de la Luz. Un estallido de magia pura y cegadora brotó de su cuerpo. No era la luz dorada y opresiva del rey, sino un destello blanco, brillante como una estrella pura, que iluminó la noche invernal por completo.

El fulgor fue tan intenso que los caballos de la guardia real se encabritaron, perdiendo el control. Los soldados y el propio rey tuvieron que cubrirse los ojos con los brazos, completamente cegados por la magnitud del poder de la princesa. Las flechas se dispararon a ciegas, perdiéndose en el vacío del acantilado.

Harry abrió los ojos de par en par, maravillado y protegido por la misma luz que dejaba indefensos a sus enemigos.

—¡Harry, ahora! —exclamó Hermayoni, exhausta tras liberar tanta energía.

El príncipe no lo pensó dos veces. Guardó su espada, tomó a Hermayoni en sus brazos y subió de un salto al corcel negro. El animal, acostumbrado a las condiciones más extremas, cruzó el puente de piedra a toda velocidad, adentrándose en los senderos ocultos de las montañas del norte justo cuando el destello mágico comenzaba a desvanecerse.

Para cuando el rey recuperó la vista, el puente estaba completamente vacío. Solo quedaba el rastro de las herraduras en la nieve y el eco de una huida exitosa. Suspiró con una mezcla de furia y derrota, sabiendo que su hija había cruzado la frontera hacia tierras donde su corona ya no tenía poder.

Al adentrarse en el corazón de las montañas, la tormenta se calmó, dejando paso a un cielo despejado y estrellado. Harry detuvo al caballo frente a una pequeña cabaña abandonada, oculta entre los pinos congelados. Bajó a Hermayoni con extrema delicadeza. Ella estaba débil, pero viva y libre.

Harry la miró fijamente, con los ojos brillando por una emoción contenida. Se inclinó y, por primera vez, la besó. Fue un beso suave, lento y profundo, que selló el inicio de su nueva vida juntos, lejos del peligro y de la guerra.

—Lo logramos, Hermayoni —susurró Harry contra sus labios, abrazándola con fuerza contra su pecho—. Ahora estamos a salvo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.